LA CAMPAÑA AFGANA, Steven Pressfield.
17 Mar 2008, por Le Baron :: Literatura: Comentarios de libros, ¬> Novela histórica 6 Comentarios | 2,946 visitas
De Alejandro Magno casi cualquier persona sabe unas cuantas cosas. Que realmente existió lo sabe –en parte ¿gracias? a Hollywood- muchísima gente. Que fue hijo de Filipo II, es algo que se sabe, pero menos. Los lugares que conquistó pueden ser más o menos –según a quien preguntemos- conocidos. Pero deslumbrados por las grandes batallas contra el persa o por la marcha a la India, nos solemos olvidar de otras de sus campañas quizás por ser menos atractivas. Hoy vamos a ocuparnos de una de ellas. Lo haremos de la mano de Matías –un soldado macedonio con bastantes pájaros en la cabeza- y de Steven Pressfield, autor del libro que hoy comentamos. Pónganse la mochila y un calzado resistente, que nos vamos de viaje. A Afganistán. Sí, otra vez Afganistán.
Veamos qué tenemos entre manos. La campaña Afgana es la historia de un soldado macedonio -ese Matías al que antes citamos- y de varios compañeros suyos durante la larga campaña que Alejando sostuvo en Afganistán. El argumento es muy simple: Matías es el menor de tres hermanos y, puesto que los dos mayores ya están combatiendo en Asia, a nuestro protagonista no se le ocurre nada mejor que unirse a ellos. Así pues se alista en el ejército, deja Macedonia junto a un grupo de reemplazos y marcha a Persia. Hasta aquí todo bien. Pero nuestro muchacho no tardará en descubrir que la guerra no es exactamente como él la había imaginado. Y mucho menos la clase de guerra en la que va a tener que participar. Atrás quedaron las grandes batallas y las heroicas cargas de caballería. Ahora estamos en Afganistán, compañero, subiendo empinadas montañas –montones de ellas- y bajando a profundos valles. No busques épicos combates, compañero: nos espera un enemigo escurridizo y cruel, tanto con nosotros como consigo mismo, compañero. Y un clima envidiable: días calurosos, noches heladoras y un invierno frío como la muerte. “Es una campaña fácil, muchachos”; eso nos dijeron. Por eso llevamos tres años aquí metidos, compañero, sin saber cómo y cuando vamos a acabar con esos afganos. A ser posible antes de que ellos acaben con nosotros, eso sí, pero me temo que eso nadie puede garantizarlo, compañero. No aquí. Aquí, ni los mismos Dioses. Que no se sabe muy bien –por cierto- de qué lado están.
Y nuestro Matías sigue el ciclo vital que a todo ser vivo le corresponde: nace buscando ser soldado, madura intentando llegar a ser un buen soldado, y se pudre cuando por fin consigue ser todo un soldado. También conoce gente, claro, y llegan algunos amigos nuevos, y se van quedando otros por el camino. Incluso conoce mujer. Y llega el fin de la historia: al final Alejandro vence y los afganos se someten. Esto lo sabrá cualquiera que sepa la historia de sus campañas, así que no hemos desvelado nada nuevo y podemos tener la conciencia tranquila. Porque básicamente este es el argumento de la novela: la historia de un novato que llega a la guerra y descubre dos o tres cosas: lo que esta es de verdad, lo que un ser humano le puede hacer a otro, y que casi todo el mundo tiene un buen motivo para hacer lo que hace, por bárbaro que nos parezca. Y fin.
Ahora vamos con la obra en sí. Lo primero que haré es decir qué no es La campaña Afgana. No es una novela histórica. Sí, vale que está ambientada hace tropecientos mil años. Vale que salen personajes y sucesos históricos. Pero estos no son más que herramientas y encuadres que fijan la historia y le dan un desarrollo. No se retrata –más allá de algunas tácticas militares y tres o cuatro cosas más- un periodo histórico, ni se analiza o se detalla este más allá de lo imprescindible. No. Estamos ante una novela de guerra. Sí, de acuerdo, ambientada en el siglo IV adC. Pero esto es lo de menos. Salvo por las armas y las tácticas, la novela la podríamos situar en la era victoriana y la hubiera podido firmar Rudyard Kipling, y no hubiera cambiado sustancialmente. Lo importante en esta obra, su verdadero espíritu, no está tanto en el cuando si no en el qué, en cómo cambia el personaje de Matías, en su ¿evolución? desde recluta con pájaros en la cabeza y una romántica y novelesca concepción de lo que es la guerra, hasta que por fin alcanza la meta que se había marcado: ser un aguerrido soldado. Con todo lo que espiritualmente ello implica. No hay, de todas formas, una clara intención moral en la novela. Como dijo no recuerdo ahora quién “si una historia de guerra parece moral, no la creáis”. No hacen falta moralinas. Basta con detallar, con describir lo que sucede. Sin excesivo dramatismo, pero sin ahorrarnos detalles, esto es lo que hace Pressfield. Y lo que descubre Matías: lo que un hombre es capaz de hacerle a otro en las adecuadas circunstancias. Lo descubre primero con asombro, luego con resignación, y finalmente con asombrosa naturalidad: en cuanto es él mismo el que le está haciendo esas cosas a otros seres humanos.
Tenemos, en definitiva, una interesante historia de guerra. A quien le guste este género, le gustará. A quien no, no demasiado, pues no va mucho más allá de lo que ya he dicho. Ofrece, no obstante, si se bucea lo suficiente y se está de humor, un par de interesantes temas sobre los que reflexionar, pues mal que bien son eternos y subyacen bajo todos nosotros más o menos aletargados. Pero no se los señalaremos. Que los descubra si quiere el lector que esté dispuesto a acompañar a Matías en su largo camino durante La campaña Afgana.

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17 March 2008 a las 5:49 pm
Me encanta Alejandro Magno y, dado que (me confieso) me gustan más las novelas de guerra que las puramente históricas, puede que me gustara el libro.
Saludos, Le Baron.
19 March 2008 a las 11:22 pm
Me gusta, me gusta mucho el enfoque que has dado al artículo después y antes, a tu lectura. Eso de no andar con prejuicios a la hora de enfrentarte a ella es de agradecer, de verdad. Me ha encantado la comparación con Rudyard Kipling y el hecho de desmarcarla del género histórico. Y me ha enganchado la manera que has tenido de contarlo. A mí no me gusta mucho Pressfield, pero casi me convences de volverlo a leer tras sus “Puertas de fuego” (no me entusiasmo, desde luego) y sus “Vientos de Guerra” (la digerí algo más que la anterior).
24 March 2008 a las 8:14 pm
Qué poquito te prodigas, Le_baron, con lo que me gustan tus artículos.
El libro no lo voy a leer por que no me gusta el género, por lo que se agradece que lo aclares en el artículo.
¡Venga, anímate más a menudo! ¡Que no me lees na!
24 March 2008 a las 8:16 pm
Por leer entiendase escribir, jeje… a saber lo que lees…de cantidad no de calidad, que no osaría yo meterme en eso.
24 March 2008 a las 8:16 pm
en la calidad (aclaro)
30 August 2010 a las 9:23 am
No he podido con él. Con lo que me gustó “Puertas de Fuego” he de decir que tengo la sensación que no es el mismo escritor (o el mismo traductor). La narración me parece pésima y los términos no te meten en la historia en la que se supone que está enfocada. Decepción absoluta.