EL ELEGIDO, de Thomas Mann.
23 Jan 2008, por javi :: Literatura: Comentarios de libros, ¬> Narrativa en otros idiomas, ¬> Novela histórica 20 Comentarios | 2,993 views
Todas las campanas están sonando en Roma, todas sin excepción; retumban con alegría desde San Pedro o Letrán hasta San Pablo Extramuros, desde las más pequeñas capillas hasta las basílicas más grandiosas. Todas. Todos los romanos están en las calles, todos sin excepción; desde el espigado monaguillo al orondo sacerdote, desde el más insignificante acólito hasta el prelado más importante. Cabe, pues, hacerse aquella pregunta: ¿por quién doblan las campanas? Y si no se adelantara el autor, tras aquélla surgiría otra: si todos, todos sin excepción, están en las calles en ceremoniosa algarabía, ¿quién dobla las campanas?
El “Espíritu de la Narración”. Es Él quien insufla fuerzas, quien tañe las campanas, quien hace resonar los campanarios. Con esto Thomas Mann, aparte de hacer de la propia narración un acto poético de primer orden, nos prepara el ánimo y nos advierte: aquí mando yo, parece decirnos. Este acto de fe deja abierta la puerta a torrentes de poesía, a paradigmas de comportamiento, a actos insólitos…, sin que la trama pierda ningún interés ni credibilidad. Pero este acto de confianza extrema, como se comprobará en el texto, es además una hipérbole que favorece todo el barroquismo que uno se encuentra cuando afronte la maravillosa lectura de este libro.
Y resulta ser exagerado ese credo porque los casi milagrosos actos que leeremos pueden ser explicados o comprendidos sin mucho esfuerzo, pese a lo increíble de alguno de ellos. Y cuando resultan del todo inconcebibles, se achacan al “Espíritu de la Narración”, a su poesía barroca suavizada por el estilo perfecto de Thomas Mann.
En efecto, es tal la maestría del “Espíritu” con la que va cerrando incertidumbres, dudas y acciones, que los acontecimientos se suceden como las Parcas tejen nuestros hilos: a su antojo pero con un objetivo claro y marcado, sin margen de error; ¡cómo adelanta sucesos!, cómo nos lleva, cómo nos prepara…
Ya vimos la manera con la que Umberto Eco en “El nombre de la rosa” se escudaba en el narrador, en un testigo de los hechos que contaba un episodio de su juventud siendo ya viejo, lo que le daba al escritor cierta libertad. En “El elegido” el narrador es un monje que conoce a casi todos los personajes pero que sabe de los sucesos lo que le han contado terceros. Otra posibilidad, pues, de comprender lo inverosímil gracias al ideario del religioso: él no hace Historia, sino que da fe mítica.
El juego moral resulta muy poco convencional, lleno de ironía, pues los actos amorales se adueñan de los sentimientos del propio narrador, resultando ser una aguda y divertida lucha entre lo común y aceptado y los desbordantes sentimientos primarios.
Y dejo a un lado estas cosas porque, aun estando presente el “Espíritu de la Narración” en todo momento, todavía no he referido nada acerca de la trama del libro. Y tiene su aquel:
La novela, ambientada en la cortés Europa del siglo X, expone la historia del Papa Gregorio V, o, con mayor propiedad, la vida de Gregorius y su incestuoso origen. Incesto que, por diversos avatares, él repetirá. Thomas Mann se basa en una epopeya medieval de un poeta alemán, la cual fue recogida por otro autor anónimo francés que compuso la “Vie de Saint-Grégoìre”, allá por el año 1190, para crear una figura gigantesca, la del protagonista, al que le rodearán aventuras y acontecimientos que se hacen imprescindibles de leer.
¿Quién toca las campanas? No son los campaneros. Han corrido a la calle como todo el mundo al oír el sonido atronador. Convenceos: los campanarios están vacíos. Flojas cuelgan las cuerdas y sin embargo las campanas vibran, los badajos golpean. ¿Habrá que decir que nadie las toca? No, sólo una cabeza agramatical, sin lógica, sería capaz de afirmarlo. “Tocan las campanas”, es decir, alguien las toca, por vacíos que estén los campanarios. ¿Quién toca pues las campanas de Roma? El espíritu de la narración.

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23 January 2008 a las 9:43 pm
No tenía costancia de este libro, pero tiene una pinta bárbara. De este autor me he leído “Muerte en Venecia” y me gustó mucho, la verdad. No sé por qué no seguí con él y conseguí más títulos de él, como es mi costumbre. El artículo es muy bueno, Javi. Buen apunte el de el espíritu de la narración.
23 January 2008 a las 10:58 pm
Anda, Javi, que primero me picaste con Herman Hesse y ahora lo vas a hacer con Thomas Mann. Dichoso tiempo que me impide dar más de mí, arghgs.
28 January 2008 a las 10:05 pm
Bueno, una cura de literatura tras haberme leído el siguiente artículo de engendros que matan bichos, en donde siempre triunfa el bien y en el que seres extraordinarios crean mundos a su antojo. Este, este es el camino y no otro, almas de Dios. Dejaos guiar por un espiritu de la narración sabio y prudente como es Thomas Mann.
4 February 2008 a las 8:43 pm
Je, je, pues justo vengo yo de ese hilo, big…
Es verdad, qué gran acierto el concepto del espíritu de la narración. Y cómo me ha gustado la sensación que ha provocado en mí el final de tu artículo, Javi: mira que habíamos hablado ya del tema, que sabía que existía en el texto de Mann. Pero resulta que, de alguna forma, esa combinación justa de previos a la reseña, y luego la disposición y resolución de la misma, han hecho que, al acabarla, tuviera una sensación muy vívida de lo que podría ser el espíritu de la narración, pero no ya sólo en esta obra de Mann, sino en la literatura en general.
Bueno, en fin, que es un poco difícil de explicar. Digamos que he sentido algo que, en teoría, ya sabía, y ha sido, como digo, muy curioso.
Gracias por propiciarlo con tu texto, Javi.
Y, “El elegido”, pues habrá que leerlo, habrá que leerlo…
8 February 2008 a las 1:35 pm
jejeje no conseguireis saberlo hasta trepar LA MONTAÑA MÁGICA jejeje
8 February 2008 a las 3:07 pm
No sé por qué me da, Mary Bells, que hay más de eso en este libro que en “La montaña mágica”. Por lo menos, aquí se muestra al completo, aunque allá se haga más profundo. A fin de cuentas, eso es poesía (y otras cosas, claro).
14 February 2008 a las 1:02 am
Apology javi, entiende que no bromeaba cuando comenté lo muy identificada que me sentía con el Pedro ese de uno de los relatos; me retiré de la lectura -salvo excepciones a cuenta-gotas- hace por lo menos uff..+ de 20 años..!!
18 April 2008 a las 1:22 pm
[...] Las historias de autor basadas en hallazgos de manuscritos son apasionantes. Ya hemos dado alguna vuelta que otra al tema en estas páginas, como por ejemplo al tratar de Umberto Eco y su “Nombre de la rosa”. O Cervantes con su “Quijote”. La obra así se independiza del autor y adquiere una dimensión distinta. Algo parecido a lo que usó Thomas Mann con su “espíritu de la narración”, algo que de alguna manera ofrece al escritor libertad. Así en esta obra nos encontramos con una simple introducción de un soldado francés que tras el Sitio de Zaragoza encuentra unos cuadernillos con lo que parece, y luego se demostrará, una buena historia, un entretenido relato de bandidos, muertos vivientes, gitanos y princesas moriscas, de soldados, marqueses y duques, de curas y judíos. [...]
30 April 2008 a las 12:55 pm
[...] El autor, húngaro nacido en Kaschau (hoy Kosice, Eslovaquia) en 1900, rebosa similitudes con Stefan Zweig, no sólo en su biografía sino en su obra. Obra que también trae remembranzas de Joseph Roth, o incluso de Thomas Mann. Bien situado económicamente, su padre, abogado, le facilitó la posibilidad de viajar por Europa, donde residió en diversas ciudades, primero como estudiante -mal estudiante- haciendo una vida bohemia y más tarde redondeando sus ingresos con artículos periodísticos y colaboraciones literarias diversas. Cuando la dictadura de Horthy en Hungría, residió en París unos años, tomando una posición crítica, antifascista, y enviando artículos a su país, que le hizo crearse un público favorable a su retorno, estableciéndose en Budapest, donde ya empezó a escribir y publicar novelas, con gran éxito. [...]
30 April 2008 a las 2:42 pm
Diablos, Javi, se me había pasado este maravilloso ejercicio de apreciación literaria. Qué estupenda escritura, y vaya manera de tentar(me).
Entiendo que por estilo y temática esta novela debe ir más en la pista de ‘La muerte en Venecia’ que de ‘La montaña mágica’, aunque en ambos casos, claro, vibra un similar impulso ético y también poético. Como sea, no dudo en añadir ‘El elegido’ a mi lista.
Saludos.
30 April 2008 a las 4:47 pm
Efectivamente, Rodrigo, a mi juicio guarda más relación con “Muerte en Venecia”. Considerando a ésta superior, no deja de atraerme más “El elegido”, quizá por la lejanía y quizá porque ese estilo poético se adecua más a otros tiempos, no al prosaico siglo anterior. Además, tiene más sentido del humor.
1 May 2008 a las 11:12 am
Pues yo de Th. Mann solo he conseguido leer Muerte en Venecia. Lo intenté con La montaña Magica, y con Doctor Faustus y nada, con los alemanes no hay manera -que diría Boris Vian-, en fin, pero creo qe lo puedo intentar con El elegido. A Hesse, en cambio, lo leí en mis años mozos, ya desafortunadamente muy lejanos y no me acuerdo de nada, sólo de que me gustaron El Lobo estepario, Demian, Lecturas para Minutos, El balneario…
Y si ices, Javi, que tiene más sentido del humor, cosa que aprecio enormemente en un escritor, pues más a mi favor.A ver si en la feria del libro…
1 May 2008 a las 11:49 am
Sí, sí. Opta por un mucho de cinismo en una crítica a la doble moral. Es curioso comprobar en el tono de un monje todo esto. Un ejemplo, para que el pobre cronista pueda narrar algo tan alejado a su erótica por Dios como es la carnalidad surgida entre madre e hijo, no duda en culpar al “espíritu de la narración” y a trucos retóricos como “no quiero entrar en este tema pero…”, “pasaré por alto tal, y tal y Pascual…”, etc… De verdad, resulta muy humorístico la mayoría de las veces. O como cuando “el elegido” aparece para salvar a una ciudad (se hace antes que religioso caballero) y un tercero cuenta sus gestas a un cuarto, no pudiendo evitar narrarlo a modo de romance, exagerando pues en la rima, por lo que suponemos que también en los actos, ante la atónita “mirada” del monje, narrador absoluto, que se “hace cruces” por la vana asonancia que se ve obligado a escribir.
Y Herman Hesse… A mí me gusta muchísimo; la literatura alemana, en general, me agrada. Hay por aquí un par de reseñas de Herman Hesse, por cierto, “Gertrudis” y “Narciso y Goldmuno“.
5 September 2008 a las 1:34 am
Desde el año 94 leí un fragmento similar de esta obra. Desde entonces la he buscado en librerías y bibliotecas de Colombia pero no existe. Se me ocurrió preguntarle una vez a un sacerdote sobre la posibilidad de conseguirlo y me comento que desconocía completamente de la existencia de esta obra, aunque invitaba a los compañeros de curso a leer La Montaña Mágica. Es una pena no contar con obras com esta que ayudan a romper tantos mitos en nuestra cultura heredados del viejo mundo.
2 April 2009 a las 12:48 am
buena, alguien me podria decir donde podria conseguir este libro??? “el elegido”
23 March 2010 a las 9:36 am
Ayer empecé a leer “El elegido” en la biblioteca por casualidad, por leer algo mientras esperaba por mi hijo. Ya no pude dejarlo, me lo llevé para casa y ahora estoy en el trabajo somnolienta por su culpa (y sin trabajar como es obvio). Me ha enganchado totalmente y leyendo vuestros comentarios ya estoy deseando terminarlo y leer otros de los que habeis hablado. Después de una temporada despistada de la lectura creo que me voy a volver a enganchar.
23 March 2010 a las 12:12 pm
Pues eso siempre es en buena hora, Maricarmen. Y bienvenida.
23 March 2010 a las 5:27 pm
Definitivamente esta obra no existe en las librerías de Colombia.
24 March 2010 a las 1:31 pm
Para Alirio
Comprueba si figura con el título sin traducir, porque me ha llamado la atención en una bibliografía del autor (en internet) no figura tampoco.
La conclusión que yo saqué al ver en esa bibliografía algún título sin traducir y no encontrar éste, es que es uno de ellos.
Mi falta de conocimiento de idiomas me impide darte ningún otro dato. Sorry (hasta ahí llego)
24 March 2010 a las 3:33 pm
Maricarmen, tu mensaje los entendí completamente. Definitivamente estamos hablando de la misma obra “El Elegido” de Thomas Mann. Indague con el nombre “El Espíritu de la Narración” pero ese es otro asunto. Pienso que es una obra con la que se pueden hacer talleres literarios en una Biblioteca Popular ubicada en una zona habitada por familias pobres al suroccidente de Barranquilla.