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12 Comments »Ariodante
LA HERENCIA DE ESZTER, Sándor Márai
Sándor Márai (Kassa, actual Eslovaquia, 1900-San Diego, California 1989) nacido como Sandor Grosschmid en el seno de una familia burguesa de la minoría húngara eslovaca, bajo el nombre de Estudiante en Alemania en sus años juveniles, posteriormente expatriado en Francia y Alemania, donde trabajó como periodista, debido a la dictadura de Horthy en Hungría, posteriormente volvió a su país, aunque el clima creado por la invasión soviética y la instauración del régimen comunista en 1948 le hicieron abandonarlo definitivamente, a lo que se estuvo resistiendo mucho tiempo, y que le produjo una melancolía crónica. Emigrado desde entonces en los Estados Unidos, allí vivió hasta que, enfermo y fallecida su esposa, puso fin a sus días en San Diego en 1989.
Es ésta una novela corta, en la línea de El último encuentro, pero despojada de tanto detalle como en la otra puede llegar a abrumar. También aquí se trata del reencuentro de dos personas, en este caso hombre y mujer, Lajos y Eszter, cuya antigua ligazón amorosa se rompió tras el casamiento de Lajos con Vilma, la hermana de Eszter. Permítaseme citar la descripción que J.M. Lassalle hace en su reseña, del estilo y los personajes del mundo de Márai:
«Un discurso melancólico y refinado, provisto de un esteticismo contenido que sirve a una voz elegante que se articula a través de personajes que parecen vivir atrapados por su pasado (…) Descritos por Márai como seres arrinconados, sumergidos en un parálisis emotiva que los hace vivir suspendidos en medio de un paréntesis que se eterniza en el ayer, sus personajes permanecen en los márgenes de una realidad que no desean asumir, hasta el punto de sobrevivir en medio de santuarios personales desde los que eluden cualquier contacto con un mundo que perciben hostil hasta que éste, precisamente, acaba entrando de manera brutal en ellos.»
(Texto completo aquí.)
Prácticamente no hay acción; Eszter, ya muy vieja, recuerda los hechos: el aviso y la llegada de Lajos, después de veinte años sin contacto, a la vieja casa con jardín donde Eszter vive su soltería, ya empezando a ajarse, acompañada de una anciana, Nunu, y visitada cada domingo por su hermano Laci, y sus entrañables amigos Tibor y Endre, hábito que sumado al resto conforma la vida de esta mujer, adaptada a una pobreza y escasez sin deseos ni ambiciones, salvo una profunda, muy profunda y pequeñísima esperanza latente en el fondo de su corazón.
Tras el anuncio del retorno de Lajos, Eszter rememora con cierta inquietud su pasado, el pasado de su familia y el de este hombre, su amado, al que describe como un torbellino, un seductor que a todos atrae para su propio beneficio, un vampiro que absorbe la sangre y las riquezas de cada uno, y que consigue que, pese a reconocer su mal comportamiento y lo irracional de la decisión, parientes y amigos, hombres y mujeres se le rindan y le ofrezcan sus pertenencias, incluso sus vidas. Y no es que sea malvado, porque no lo es, es un personaje que vive al día, hoy aquí y mañana allí, arrastrando a su familia o apartándola cuando le molesta, llevando y trayendo a sus hijos según le conviene, usando a unos y a otros para que le saquen de sus apuros; pero a todos trata con simpatía, con alegría, a todos hace creer que son los mejores del mundo, que los ama, que los necesita, y sus mentiras compulsivas son inevitablemente creídas, aunque todos saben que no es verdad y que su mundo es una ficción.
Es tan real, hemos visto esto tantas veces en las propias familias, y en amigos a los que, desde fuera les aconsejamos que abandonen esa relación, y vemos como caen y caen en ella… por amor. Hay personas que por su manera de ser atraen a los demás, a pesar de saber de su iniquidad y todos le sonríen, le ofrecen lo que tienen y… le dejan marchar.
Incluso podría tomarse como una parábola social, de aquellos líderes carismáticos de los que todos saben que, como buenos políticos, mienten, pero a todos sonríen y sin embargo los ahogan (fuertes impuestos, medidas económicas catastróficas, decisiones arbitrarias, relaciones internacionales disparatadas…) y a pesar de todo, sus fieles seguidores, con la sonrisa en los labios, le siguen apoyando y manteniendo con su dinero, autoengañándose, convenciéndose de que no es malo, de que en realidad las cosas han venido así.
Volviendo a Márai, en esta breve narración, contada con su prosa siempre elegante, nos parece que arranque un pedazo de nuestras vidas. Incluso consigue que nos sintamos atraídos también por Lajos, hasta el punto de perdonarle todo y comprenderle.
Ariodante
Godella, noviembre 2009



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Entrada
del
Tuesday, November 24th, 2009 at 12:35 pm en


Bueno, veo que sigues enganchada al Sr. Marai, sana costumbre, sin duda.
En la línea de lo que te comenté en la reseña de “El último encuentro”, rogaría me indicases si esta novela habita en el mundo de la bruma o combina hechos con reflexiones.
Gracias por la reseña y un saludo.
November 25th, 2009 at 10:20 amMe encanta Márai. Me leí ‘Los rebeldes’ y me pareció una obra maestra del realismo. Tiene una manera de definir a los personajes, lo que están viviendo, y los espacios en sí que acompaña al lector de la mano a esa época, y a ese lugar.
November 25th, 2009 at 10:31 amCombina hechos con reflexiones, por supuesto. No hay demasiada bruma aqui. Hay nostalgia, hay una cierta amargura, y algunos hechos. Acción, no.
November 25th, 2009 at 1:33 pmNo conocia la novela y contiene una historia muy interesante.Gracias Ariodante por el articulo. Un saludo.
November 25th, 2009 at 6:41 pmVaya, tengo la novela desde hace meses y no me había decidido a leerla (también es que hay muchos otros libros pendientes). Adelantaré su turno, que lo que poco que he leído de Márai me ha parecido estupendo.
Muy buena reseña, Ariodante.
November 26th, 2009 at 2:11 pmSe lee en un pispas, Rodri; es muy corta.
November 28th, 2009 at 10:25 amQué seria se ha vuelto la reseñadora ultimamente…
November 30th, 2009 at 5:40 pmUyuyuy…ya verás cuando leas mi próxima reseña, Derfel.
November 30th, 2009 at 5:52 pmArio!!! Qué ya puedo opinar y comentar!!! Seguro que pensabas que me había olvidado, eh? Pues no.
December 7th, 2009 at 11:52 amNo sé si me gustaría Márai, pero tengo una pregunta que hacerte: ¿Cuándo te gusta un autor te lees toda su obra?
Abrazos.
Ey! Bienvenido, Zen, ¡¡ya te echaba en falta!!
Yo tampoco sé si te gustaría Márai. Creo que es un autor para más adelante (una manera de llamarte joven, jajajaja). Yo me reconozco en muchas cosas de las que habla, pero probablemente no me hubiera reconocido veinte años antes.Digo probablemente, no necesariamente.
Y sí, Zen, cuando me gusta un autor, insisto en seguir leyéndole. ¿A ti cuando te gusta un plato no quieres repetir? Pues eso. Me pasó cuando descubrí a Alvaro Mutis, que me leí prácticamente (y de una seguida)toda su obra en prosa.Con Mújica Laínez, con Philip Roth (estoy en ello), con Saul Bellow (idem)y por supuesto, con mi amadísimo Joseph Conrad.
También cuando un autor no me gusta a la primera, y tooodo el mundo dice que es buenísimo, le suelo dar una segunda oportunidad, como me ha pasado con Orhan Pamuk, que le daré otra lectura, por si es que me pilló en mal momento. Y con Murakami, otro que tal. Estoy preparándome para reseñarle en cuanto me lea otra de las suyas.
December 7th, 2009 at 3:32 pmA ver ahora qué se le ocurre a Derfel…
Eso pienso yo. Tal vez no sea el momento.
December 11th, 2009 at 10:41 amLo bueno de esa “manía” tuya de acabar con toda la obra y comentárnosla es que siempre puedes dar con alguno que llame nuestra atención. Yo te lo agradezco.
Bueno, no es una “manía”; es, digamoslo así, un hábito que he adoptado, para luchar contra mi tendencia natural hacia la dejadez y la molicie, por una parte, y por otra, una lucha contra el olvido, que si dejo pasar unos días te aseguro que no me acuerdo de naaada. Le pasa a muchos, no es por la edad (al menos, no sólo por la edad). Lo hago por mí misma, para ejercitar mi mente y estar lo más ágil posible, además disfruto haciéndolo; y si os sirve para algo a otros ¿qué más se puede pedir?
December 11th, 2009 at 12:40 pm