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5 Comments »angelcaído
Soneto XXV (Cien sonetos de amor): las palabras son un barro con el que hacer arte, por Pablo Neruda
Para muchos, el mejor poeta de todos los tiempos. Para otros, el poeta de las mujeres, o del pueblo, o el único que tuvo arrestos para hacerle una oda a la manzana. Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido como Pablo Neruda, es un señor paciente que se encierra en el taller de alfarería de las palabras y al rato nos sale con una obra de arte entre sus manos.
Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,
todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.
Si el lenguaje fuera una materia prima, una primigenia esencia con la que experimentar, mancharse, probar, jugar y a ver qué nos sale, Pablo Neruda encarnaría al oficial mayor del taller, al maestro, al que mejor aprendió su profesión. Comparado con su escritura, el resto de mortales parecemos hablar una lengua previa a la civilización, tosca, torpe, balbuceante, de edades anteriores al manejo del fuego.
¿Quién no ha sentido un repentino arrebato de amor, o una ira incontenible, o quién no se ha visto acorralado por la nostalgia hasta el punto de entrever —físicamente, sí— el objeto de la añoranza? Todos, responderéis; todos, cierto. Pero, ¿cuántos sabríamos expresar ese calidoscopio de sensaciones de forma que un ser fuera de nosotros consiguiera comprendernos más allá de toda duda? Pocos, afirmaréis; pocos, cierto. Y Neruda lo hace.
Antes de amarte, amor, nada era mío , comienza el Soneto XXV de Cien Sonetos de Amor . Y ahí está ya todo. El amor entendido como posesión, o la posesión como instinto que se despierta cuando se ama, o amor y posesión como elementos antagónicos que se anulan entre sí pero que acuden inoportunamente a una misma cita. Si antes sentía que todo le era inalienablemente ajeno , ahora el mundo ha cambiado ante la milagrosa aparición del objeto, persona, mujer u hombre amado. Neruda podría haber pasado directamente, tras ese verso inicial, a afirmar este hecho: “antes de ti, nada; ahora, todo”. Sin embargo, el poeta se detiene en esa emoción que le produce el contraste entre lo que ahora ocurre —un presente feliz— y el extraño pasado en que el universo le mostraba tercamente su indiferencia. Las preguntas insistían en la arena, dice, y nos lo imaginamos frente al Pacífico, mirando desde una playa chilena a los ejércitos de granos de arena que, sin embargo, no responden el vacío que siente el escritor. El mundo era del aire que esperaba , sostiene, y como bien dice el dicho: el que espera desespera, y resurge en esa frase toda una adolescencia de esperas, de llamados a la impaciente paciencia que a esa edad las hormonas nos otorgan.
Neruda lo está diciendo todo en unos cuantos versos, en un soneto. Y no lo hace a través de complicados teoremas abstractos ni de mistéricos conceptos, sino mediante elementos inmediatos, muy humanos, conocidísimos: “un túnel, la calle, el aire, las cosas…”. Es por esta razón que hablamos del alfarero, del que trabaja con las palabras como si éstas fuesen arcilla. Emplea palabras cotidianas, sin embargo, ¿cómo lo hace, que en sus manos cobran una nueva dimensión y se nos aparecen mejores, más altas, con una hondura que no habríamos sospechado nunca?
Finalmente, el milagro ocurre, al acabar el poema, al empezar el amor:
…hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.
Y Neruda nos sonríe, se lava las manos en la fuente y se sienta bonachón a compartir con nosotros el pan recién salido del horno. Él es de los pocos que, en un solo poema, parecen haber publicado toda una Obra Completa. Entremos en su taller, manchémonos con sus palabras, inventemos las nuestras también.



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Entrada
del
Monday, July 16th, 2007 at 12:49 pm en


[...] Justine o los infortunios de la virtud: la moral de los dos rombos, por el Marqués de Sade.1 [...]
December 10th, 2007 at 6:27 pm[...] En estas páginas se ha hablado mucho de poesía: de Catulo, de Anacreonte, de Gil de Biedma, de Machado una y otra vez, de Aleixandre, de Miguel Hernández, de Calderón, de Pessoa, de tópicos y de Horacio, del tiempo, de León Felipe, de, ejem, Bécquer, de Ducasse, José Hierro, Baudelaire, Kavafis y Neruda, de Lorca acá y allá… Hoy quiero añadir a la lista a Luis Alberto de Cuenca. [...]
October 16th, 2008 at 4:43 pmestuvo muy buenisimo, especialmente la ultima parte…………..
December 24th, 2008 at 11:03 pmesta muy hermoso, me encanto…
December 24th, 2008 at 11:04 pm[...] las fotos?, me dirán, como le espetaban a Neruda. No hay fotos, joder, que esto no es un reportaje del Hola. Lo que hay es una torre de hierro que a [...]
January 13th, 2010 at 12:29 pm