EL PERFUME: o el poder de una nariz, por Patrick Süskind.
27 Jul 2007, por angelcaído :: Literatura: "los 50 libros elegidos por LR", :: Literatura: Comentarios de libros, ¬> Narrativa en otros idiomas 9 Comentarios | 3,902 views
¿Cuánto poder cabe en una nariz? Depende de la imaginación del autor. En este caso, la de Patrick Süskind en El Perfume nos permite asistir a los asombrosos hechos que rodean la existencia de Jean Baptiste Grenouille, un “monstruo” capaz de percibir a través del olfato los detalles más íntimos de su entorno. Armado con este sentido desarrollado hasta lo diabólico, el protagonista se dará a la creación del perfume sublime: el surgido de la destilación de los cuerpos de las señoritas más hermosas, las que más deseo despiertan. Ninguna objeción moral será capaz de interponerse en el deseo obsesivo de Jean Baptiste. ¿El resultado? Un texto vertiginoso en el que se recrea maravillosamente el París del s XVIII, y donde los matices, las descripciones casi pictóricas de los olores y la turbia psicología del personaje principal no nos darán ni un solo respiro.
¿Qué pasaría si…? Es una pregunta ante la cual surge una ingente cantidad de historias. Pues bien, algo así debió plantearse el alemán Patrick Süskind cuando se dijo: ¿qué pasaría si alguien tuviera una capacidad olfativa que excediera lo humanamente imaginable? Y el resultado fue la creación de un personaje, Jean Baptiste Grenouille, que de forma inmediata pasó a formar parte de los “galácticos” de la literatura.
La narración se desarrolla en la Francia del siglo XVIII, antes de que en 1789 estallara una revolución que inundó el mundo con una ola de romanticismo, sangre y cuerpecitos que perdieron la cabeza (ya fuera por los conceptos aprendidos de los ilustrados, ya fuera por la guillotina). Es una Francia tremendamente rural incluso en su capital, París, que se nos dibuja como un pueblo a lo grande, con sus mercados soltando efluvios de frutas y verduras no siempre ajenas a la putrefacción, con sus aguas fecales y sus catetitos supersticiosos.
Cierto día un monje se encuentra en las puertas de su monasterio a un bebé. Lo recoge, lo abraza, lo protege, no le da de mamar por impedimento fisiológico, y se da cuenta de que el pequeño… no despide ningún olor. Es habitual que la rosada carne de los infantes mane olor a vida, pero el pequeño Jean Baptiste (Juan Bautista, así lo bautizan, toma ya) no huele ni bien ni mal, sino todo lo contrario: no huele a nada. Aquí ya sospechamos los lectores que el niño se las trae, que menudo perla que saldrá. Y en efecto, el crío crece y se convierte en un señor callado, que aparentemente no sabe relacionarse con los demás y quien el resto de la gente le importa un oloroso pepino.
Bien por avatares del destino, bien porque al autor le conviene para su trama, Jean Baptiste acaba siendo empleado por un perfumista, y esta circunstancia le permite aprender los secretos del arte del destilado. No nos referimos a la santa ginebra sino al modo en que, gracias al alcohol y a la evaporación, se es capaz de atrapar un determinado olor en un frasco. Imaginad lo que da de sí el bueno del protagonista, con esa prodigiosa nariz, en el taller de un perfumista: es más eficaz que Emilio Botín jugando al Monopoly. Y de repente, un buen día, alumbra la siguiente idea: ¿por qué no crear un perfume sublime, el más bello de todos? Si lo consiguiera, unas simples gotas de ese concentrado lo convertirían en un ser irresistible, todopoderoso. Para qué esperar, se dice, y se echa al monte.
Una a una, Jean Baptiste va asesinando a las más hermosas y apetecibles señoritas, a aquéllas que despiertan la admiración y el deseo de los demás. Nuestro perfumista no irá mutilándolas y conformando con ellas a la mujer ideal: él no busca algo físico, sino que gota a gota, como un alquimista medieval, se dará a la tarea de confeccionar el Perfume, así, en mayúsculas, que lo pueda convertir en irresistible. Intuimos que a Jean Baptiste hacerse hermoso ante los demás es algo que le trae sin cuidado: probablemente sólo quiere esa ansiada fragancia para su disfrute personal.
Finalmente, lo consigue. Pero las consecuencias que esto tendrá y la manera tan contundente en que se produce el desenlace de la novela es algo que no desvelaremos. Sólo os diremos, curiosísimos lectores, que no quedaréis defraudados, es imposible. Como muestra de la cuidada prosa de Süskind (atención a la soltura describiendo olores), os hemos transcrito un par de pasajes. Más no, que sería plagio. Snifff, snifff… ¿no oléis ya? Qué maravilla de Perfume.
” En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales…Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios…Y, como es natural, el hedor alcanzaba las máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronerie, o sea, en el Cimetière de Innocents.
(…)
Escenario de este desenfreno -no podía ser otro- era su imperio interior, donde había enterrado desde su nacimiento los contornos de todos los olores olfateados durante su vida. Para animarse conjuraba primero los más antiguos y remotos: el vaho húmedo y hostil del dormitorio de madame Gaillard; el olor seco y correoso de sus manos; el aliento avinagrado del padre Terrier; el sudor histérico, cálido y maternal del ama Bussier; el hedor a cadáveres del Cirnetiére des Innocents; el tufo de asesina de su madre. Y se revolcaba en la repugnancia y el odio y sus cabellos se erizaban de un horror voluptuoso. Muchas veces, cuando este aperitivo de abominaciones no le bastaba para empezar, daba un pequeño paseo olfatorio por la tenería de Grimal y se regalaba con el hedor de las pieles sanguinolentas y de los tintes y abonos o imaginaba el caldo de seiscientos mil parisienses en el sofocante calor de la canícula. Entonces, de repente, este era el sentido del ejercicio, el odio brotaba en él con violencia de orgasmo, estallando como una tormenta contra aquellos olores que habían osado ofender su ilustre nariz. Caía sobre ellos como granizo sobre un campo de trigo los pulverizaba como un furioso huracán y los ahogaba bajo un diluvio purificador de agua destilada. Tan justa era su cólera y tan grande su venganza. Ah, qué momento sublime! Grenouille, el hombrecillo, temblaba de excitación, su cuerpo se tensaba y abombaba en un bienestar voluptuoso, de modo que durante un momento tocaba con la coronilla el techo de la gruta, para luego bajar lentamente hasta yacer liberado y apaciguado en lo más hondo. Era demasiado agradable, este acto violento de exterminación de todos los olores repugnantes, era realmente demasiado agradable, casi su número favorito entre todos los representados en el escenario de su gran teatro interior, porque comunicaba la maravillosa sensación de agotamiento placentero que sigue a todo acto verdaderamente grande y heroico. “


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28 July 2007 a las 11:38 am
Un libro donde las descripciones de los olores están hechas de una manera fantástica. Llegamos a oler lo que el protagonista, Jean-Baptiste Grenouille, huele. Una historia muy bien contada. No he visto la película pero el libro es muy recomendable. El aspecto psicológico de la novela también es muy interesante.
En resumen, gran libro y por supuesto gran artículo.
31 July 2007 a las 3:13 pm
Antes de leer el libro habría que advertir de los efectos secundarios que tiene sobre el lector, porque es uno de los pocos que realmente tiene poder sobre aquél que indaga en sus páginas. Es el Necronomicón de los olores. No conozco a nadie que lo halla leído y que después no se halla tirado una temporada aspirándolo todo a su alrededor. Te entrarán ganas de saber a qué hueles tú, tu gato, los muebles, los árboles, el coche, el papel, la pantalla del televisor, las barras metálicas del metro …
27 November 2007 a las 5:00 pm
ES UN EXCELENTE LIBRO SE LOS RECOMIENDO DIRIA QUE ES UNO DE LOS MEJORES QUE HE LEIDO
27 November 2007 a las 5:09 pm
Uy, se me había escapado este artículo. Gracias, Sara, por recordármelo, y bienvenida. La verdad es que es un gran libro; no sé si el mejor de los que he leído, pero sí uno de los mejores.
27 November 2007 a las 5:55 pm
Este es uno de esos libros en los que una no puede dejar de admirar casi constantemente lo bien escrito (y traducido, deduzco) que está, de disfrutar con fruición del placer puro y duro de ir desgranando páginas; y, encima, contando la historia que cuenta. Muy recomendable.
Y, obviamente, felicidades por tu reseña, Angelcaído.
29 December 2007 a las 12:35 pm
Pues a mí me produjo unas sensaciones encontradas y diametralmente opuestas, seguro que fue por eso por lo que tanto me gustó.
Me produjo un asco inmenso en muchas de sus páginas, un asco inenarrable que al parecer sí que se puede narrar, y de qué manera, y a la vez un deleite que me enganchaba a sus páginas. La psicopatía del protagonista también me provocaba a la vez rechazo y empatía.
Creo que en el haber del autor está el hacer de este libro una narración tan mimética y al mismo tiempo tan fantástica.
Un libro recomendable para casi todos.
31 December 2007 a las 2:06 pm
Para estas Navidades mi profesora de lengua castellana de segundo de la E.S.O, me ha mandado leer este libro. Al leerlo a mi personalmente no me gusta. De momento no me lo he leido entero pero ya estoy acabando. A mi me resulta el libro muy pesado, porque yo creo que para mi edad no es recomendable este tipo de libro.
31 December 2007 a las 4:47 pm
¿Qué edad tienes, Melody? La verdad, se me hace raro que os manden estos libros a una temprana edad. ¡Con la cantidad de lectura indicada que hay! Y no es que me parezca de lectura difícil (la narración es rápida y asequible), pero la temática es algo escabrosa y toca ciertos hilos que para disfrutarlos deben de ser maduros.
2 January 2008 a las 11:37 am
Estoy de acuerdo contigo Aliquid. La lectura es rápida y engancha, se visualiza muy bien la historia pero se requiere un cierto grado de madurez para poder apreciar lo que realmente puede ofrecer este libro. No se cual puede ser la intención de tu profesora Melody, quizás apreciar la forma tan buena de descripción que utiliza Suskind, pero yo no creo que sea recomendable para esas edades.
Alicia, mis sensaciones fueron prácticamente iguales.