07 Jul

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CINCO MIRADAS SOBRE LA NOVELA HISTÓRICA. Carlos García Gual, Antonio Penadés, Javier Negrete, Gisbert Haefs y Pedro Godoy

 “La novela histórica no puede ser histórica; la novela histórica lleva, congénito, el inevitable fracaso, porque no puede cumplir los fines que se propone (…) La novela histórica no vale como historia.”
Amado Alonso, Ensayo sobre la novela histórica.

Cinco miradas sobre la novela histórica: título inquietante donde los haya, pues acabo de echar cinco miradas sobre la novela histórica que tengo ahora mismo sobre la mesa (no mencionaré que se trata de El ejército perdido de Massimo Manfredi para no desviar la atención), cinco vistazos de reojo, cinco ojeadas rápidas cual si se tratara de un conjuro mágico, y no ha sucedido nada especial. No, miento, sí ha sucedido: ¡la novela acaba de convertirse en La vida privada de Helena de Troya de John Erskine! Jamás habría sospechado que el libro de Evohé contuviera, ya en su mismo título, tal poder mágico; qué no contendrá entonces en su interior. Pero alejémonos sensatamente de tales reflexiones e investigaciones propias de mentes arrebatadas, y acerquémonos como se debe a esta obra cuya autoría e interés coinciden en la misma cualidad: la de estar compartida, la una  por cinco señores, el otro por muchos más.

Manojo de artículos es este libro, y nunca mejor dicho lo de “manojo”, pues el término viene de “mano” y de “ojo”, y la primera tiene cinco dedos y los segundos van siempre a pares, como a pares van las manos de los cinco autores –salvo manquedad no constatada por este humilde reseñador–, como articulados son sus diez dedos, como artículos son los cinco escritos que contiene el libro, como diez son los ojos que observan a la novela histórica desde su interior, como los ojos del manojo de artículos. Y siendo manojo y no compendio, salta a la vista que la mano izquierda no ha sabido lo que ha hecho la derecha, pues basta ojear las cinco miradas y hojear las cinco ojeadas para percibir la heterogeneidad y heterodoxia de los temas, la diversidad de profundidades de abordamiento y la variedad de enfoques. Sólo un punto en común enlaza y encuaderna el conjunto, el único necesario: la novela histórica.

Cierra el libro quien abre su portada, Carlos García Gual , traductor, crítico literario ensayista , estudioso de las letras de ahora y de las de antes y, ante todo, mallorquín universal, como lo fue, aunque sólo de adopción, Robert Graves, y como lo es, por cábalas de un ente llamado ATP, Rafael Nadal. Los dos artículos que componen su mirada, las dos ojeadas a la novela histórica que para nuestros ojos recupera este ensayo, respiran erudición, pero una erudición ágil, de (imagino) difícil composición pero de (afirmo) fácil digestión. Especialmente placentero resulta El manuscrito reencontrado , en el cual se le revela al lector que ese argumento, tan manido por bestsellers con prisa por serlo y por películas con más prisa por vaciar bolsillos de incautos que los propios bestsellers, ese argumento del viejo libro que encierra alguna interesante historia del pasado y que es descubierto por alguien que tiene a bien contárnosla,  ya era, como quien dice, una vieja idea cuando nació, tan vieja como viejo es el manuscrito que reencuentra el afortunado de turno. Brillante y lúcido en ambos artículos, la mirada de Gual es una propuesta al lector para que eche un vistazo panorámico, a vista de pájaro, a la novela histórica tal y como ésta se deja ver en la Historia de la Literatura.

Troya, Alejandro y Gisbert Haefs . La ciudad más novelesca de la Antigüedad, el personaje histórico más emblemático de la Antigüedad y un autor de novela histórica que ha escrito sobre ambos tópicos (y cuyo Aníbal es considerada por muchos como una de las mejores novelas históricas jamás escritas). No es poco riesgo, desde luego, y lo es menos atreverse a desvelar bambalinas de esas novelas. Pero el estilo de Haefs como articulista es desenfadado y cercano, tanto que su mirada se gana la confianza del lector al primer vistazo de éste (“ Ya que estamos aquí, entre nosotros, les voy a hacer una confidencia: al principio, Alejandro no me interesaba mucho ”). Revelando el “cómo se hizo” de su magna Alejandro y exponiendo una plausible reconstrucción del mundo troyano, tan plausible como para sobre esa misma reconstrucción haber construido su Troya, la mirada de Haefs sirve de complemento a la de García Gual, pues si éste recogía patrones que se pueden observar en las novelas históricas, aquél muestra cómo él ha edificado las suyas (al menos dos de ellas), es decir: en Gual tenemos un a posteriori de la novela histórica; en Haefs, un a priori . En medio, nosotros frente a las novelas históricas.

Y también en medio, en las páginas centrales, en la mitad del trayecto, aparece el origen de todo. Antonio Penadés lo pone a la vista del lector a través de su mirada, la mirada de un gran conocedor de la Grecia Antigua (dónde si no podría estar el origen). Heródoto, padre de la historia al decir de Cicerón, es para Penadés padre también (o al menos precursor) de la novela histórica; esa doble paternidad eleva al de Halicarnaso por encima de las miradas de los simples mortales y le coloca en el olimpo de la inmortalidad. Por otro lado, el autor de El hombre de Esparta reflexiona también acerca de los apriorismos de una novela histórica, las condiciones que debe (o debería) cumplir un texto para llamarse “novela” y, sobre todo, para apellidarse “histórica”.

Y, como pasa con Haefs, también con Javier Negrete seguimos desvelando misterios, seguimos descubriendo bastidores de algunas de sus novelas; concretamente de cómo construye él los escenarios bélicos, cómo narra batallas, cómo presenta el bando de los “buenos” y el de los “malos”. Su mirada ilustra, instruye, desvela por qué en las batallas narradas en Salamina o en Alejandro y las Águilas de Roma hay personajes puestos aquí y allá, por qué la acción se cuenta desde este o aquel punto de vista, por qué es más útil para el escritor y más atractivo para el lector mirar las batallas desde una perspectiva o desde otra. Y sucede tras leer su artículo, tras ver su mirada, algo parecido a lo que sucede tras ver la de Haefs: que se siente la necesidad de releer esas novelas, o al menos esos capítulos cuyos entresijos nos han sido descubiertos; y quizá también siente uno que le acaban de explicar un truco de prestidigitación, de modo que parte de la magia, de la mística que uno sintió cuando leyó por primera vez esas novelas, se pierde, del mismo modo que los mitos pierden terreno ante el avance inexorable de la razón.

Y cerrando la portada y abriendo el libro, hallamos cavilando sobre novelas históricas al atribulado lector que es Pedro Godoy, con un texto tan preocupante como reconfortante, y tan rebosante de datos como ausente de banalidades. La mirada de Godoy no se casa con nadie y ese celibato le permite decir sin ataduras y a las claras lo que muchos piensan (pensamos) en silencio. Es sin duda el texto más cercano al lector de cuantos componen este manojo de miradas: primero, evidentemente, por el título que lo anuncia; y segundo, porque los otros cuatro están escritos  “desde el ruedo” (aunque en sus artículos García Gual y Penadés también se dejan ver en el papel de lector), mientras que el de Godoy lo está “desde la grada”, una grada en la que nos sentamos todos los lectores de novelas históricas. El texto de Godoy, fresco, desenfadado, finamente irónico, no busca (ni tiene por qué) hacer amigos en el bando de los toreros ni en el de los aficionados a los toros; la suya es una mirada limpia, honesta, que, como dije, desasosiega y reconforta a la vez. Lo primero porque el panorama que retrata es francamente desolador, tanto más cuanto que su estilo no es tremendista sino más bien realista; y lo segundo porque consuela saber, a los que estamos cerca de sus planteamientos, que nuestro padecimiento es compartido y que no estamos solos. Porque, en efecto, no podemos por menos que estar de acuerdo con una de sus afirmaciones fundamentales, “ la novela es novela y la historia, historia ”; y siendo esto así, conviene estar alerta ante cualquier intento de valorar una novela histórica en función de su mayor o menor rigor histórico, en lugar de su estilo, su narrativa, etc. Por ello, si rechazamos novelas del tipo que expone Godoy en los primeros párrafos de su artículo, llenas a rebosar de misterios místicos, enigmas universales, órdenes secretas, sectas de templarios custodios del Sagrado Cáliz, hermandades de nazis por un mundo mejor, etc., no será por su mayor o menor aproximación o fidelidad a la Historia sino porque su argumento o su prosa o cualquier otro aspecto estrictamente literario nos parezca trillado, vacuo, inane, en fin: carente de interés para nosotros. Asunto diferente sería si pensáramos que los autores de tales novelas históricas pretenden hacer creer a sus lectores que sus libros “novelan la Historia”, pretensión esta tan vana que bastaría con replicarles lo ya dicho anteriormente por Pedro Godoy: que una novela es, por más que se pretenda otra cosa, una novela, y la Historia, Historia.

No puedo evitar hacer alusión al hecho de que esta mirada godoyesca sobre el género de la novela histórica choca (¿y por qué no?) con la de Antonio Penadés, quien aboga por la idea de que el escritor de novela histórica está obligado al máximo rigor histórico amén de a una calidad literaria en su obra. Sería entonces preciso modificar la sentencia de Pedro Godoy de esta manera: “la novela es novela, la historia es historia, y la novela histórica es las dos cosas juntas”. Sin dejar de reconocer cierto grado de razón en el argumento de Penadés (porque: rigor histórico sí, pero ¿a qué altura habría que poner el listón, y quién subiría a ponerlo? ¿Aceptaríamos la mención de armas de fuego en las guerras del Peloponeso? No, claro, pero  ¿y espadas de bronce? ¿Y la existencia de Megalópolis? ¿Y letras sigma en los escudos de los espartanos? ¿Y lambdas? Difícil cuestión sin duda), este humilde reseñador prefiere decantarse por la sevillana mirada del señor Godoy, quien con humor y contenida vehemencia reclama que el género de la novela histórica sea sometido a catarsis y emerja de las profundidades sin más lastre que lo atenace que el que se pueda cargar sobre cualquier otra obra literaria.

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9 Responses para “CINCO MIRADAS SOBRE LA NOVELA HISTÓRICA. Carlos García Gual, Antonio Penadés, Javier Negrete, Gisbert Haefs y Pedro Godoy”

  1. Logopita Says:

    Qué grandísimo artículo. El libro, desde luego, no se merece menos. Desde la agudeza de García Gual hasta el entusiamo de Antonio Penadés, pasando por el buen hacer de Haefs y la técnica y el entretenimiento de Javier Negrete. Pero hay algo especial, algo único, un dardo certero y fresco con el que he disfrutado como hacía tiempo: el texto de Pedro Godoy. Mis felicitaciones para todos, pero una muy especial para Sevilla.

  2. Ariodante Says:

    Vaya, acababa de hacer un grandioso comentario a tu magnífica reseña y no sé a qué maldita tecla he dado que me ha desaparecido de la pantalla, maldición. A ver si consigo acordarme.
    Cavi: ¡escribes divinamente! Me gusta como lo haces, en resumen.Hacía tiempo que no habia leido una reseña tan bellamente escrita, jolín. Enhorabuena.

  3. Ariodante Says:

    Y dicho esto, sigo…es por si se me perdía otra vez. En cuanto al libro, que no he leído, por lo qu edices y por lo que les he leído a otros, soy de la opinión de que una novela ha de ser ante todo novela, ha de poner toda su atención en la narración que nos cuenta. Lógicamente, una novela histórica ha de estar bien documentada. Pero la parte técnica, al servicio de la artística, en mi opinión; y no debe notarse, no debe sobresalir por encima, porque si sobresale, se rompe la baraja y tenemos un ensayo o simplemente, un peñazo. Capici?
    O sea que, si, no podemos decir que los griegos usaban ametralladoras, eso es de cajón, pero si no me nombran todas las armas que usaban o todas las piezas de su vestuario, yo no lo voy a echar en falta. Echaré en falta un buen argumento, una buena estructura, una armonía, emoción o qué se yo…pero no un listado de reyes o una genealogía que no viene a cuento. Esa es mi opinión.

  4. juanrio Says:

    Tras leer la reseña, Cavilius, no me cabe la menor duda de que tu podrías haber escrito una sexta mirada. Estoy muy de acuerdo con lo que apunta Ariodante, cuando un escritor de novela histórica intenta deslumbrarme con sus grandes conocimientos lo único que consigue es que me busque un buen ensayo y deje de leerle. Enhorabuena a Evohé por la publicación de éste libro y a ti por tu afortunada reseña.

  5. Zen Says:

    Vaya reseñita, Cavilius. Un magnífico libro y una extraordinaria reseña. El debate sobre qué considerar novela histórica y qué no estuvo francamente interesante el día de la presentación en Madrid. Creo que es importante saber diferenciar entre ensayo y novela, y creo que muchos lectores leen las novelas históricas buscando el rigor de un ensayo cuando en cierta medida, como novela, deberían permitirse ciertas licencias (que por ello es novela), que no despropósitos. Todo ello aderezado con calidad literaria. Pero que te voy a decir si eres un genial escritor de Novela Histórica, en mayúsculas, en lo que es un claro ejemplo de Novela e Historia, con calidad literaria, argumento, armonía,…

  6. cavilius Says:

    Se agradecen los comentarios, pero opinemos sobre el libro en cuestión. Y yo opino que es un libro que enseña y entretiene (como decía la canción del libro gordo de Petete) y que sin duda interesará a todos los lectores de novela histórica.

    Y por cierto, no dejéis de echar un vistazo (o cinco miradas, ya puestos) a la reseña de Hislibris:

    http://www.hislibris.com/?p=922

    Saludos.

  7. La2Revelación, reseñas, articulos y opinión » Blog Archive » SALAMINA, Javier Negrete Says:

    [...] a su obra a través del ensayo que escribió para el libro Cinco miradas sobre la Novela Histórica y conociendo, por tanto, de antemano su gusto, trabajo y estudio por contar bien las batallas, no [...]

  8. La2Revelación, reseñas, articulos y opinión » Blog Archive » LA GRAN AVENTURA DE LOS GRIEGOS, Javier Negrete Says:

    [...] En la editorial de la casa, en Ediciones Evohé, también ha participado en el libro de ensayos Cinco miradas sobre la novela histórica junto con otros autores. Trayectoria tiene de sobra. Y un gran [...]

  9. CINCO MIRADAS SOBRE LA NOVELA HISTÓRICA – Carlos García Gual, Antonio Penadés, Javier Negrete, Gisbert Haefs y Pedro Godoy » Novela histórica » Libros de Historia, libros con Historia – Hislibris Says:

    [...] largo como bueno. Ni lo dudes, visita la reseña de Cinco miradas sobre la novela histórica en L2R y lo podrás [...]

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