ÉTICA PRÁCTICA, Peter Singer

ÉTICA PRÁCTICA, Peter SingerRondaba el año 2001. Ya veía el final del oscuro túnel en que se había convertido la carrera de Derecho que cursaba entonces en la Universidad Autónoma de Madrid. Teniendo ya claro, desde hacía un par de años, que el ideal de justicia no pasaba por ahí y que ser abogado era una cosa distinta a lo que aprendes en teoría, que resulta tan bonito como inútil y falso en la práctica, empezaron a interesarme mucho las asignaturas relacionadas con la filosofía, de las que se obtenían buenas respuestas sobre el sentido jurídico y de justicia en el hombre. Una de esas asignaturas y su profesor me llevaron a profundas reflexiones y leer este libro que me fue recomendado.

La asignatura en cuestión llevaba el nombre de «Ética y derechos humanos» y, por supuesto, era optativa (enseñar a pensar siempre está en un segundo, tercer o cuarto plano). La impartía entonces el profesor Don Francisco J. Laporta. En una de esas clases se estaba discutiendo si el derecho a la vida resultaba inalienable o no. La mayoría de las respuestas –bueno, todas las que se plantearon-, fueron afirmativas en este sentido: la persona, el individuo, no puede disponer de su propia vida y de este modo estaba justificado que la Constitución en su apartado de derechos fundamentales recogiese el «derecho a la vida» únicamente, porque de lo contrario, si pudiese disponer, faltaría su contrario, es decir, que la Constitución garantizase como derecho fundamental un «derecho a la muerte». Esto planteaba, como podéis imaginar, ciertos planteamientos éticos que chocaban con la tradición arraigada de que solo Dios debe disponer de la vida, que el suicidio suponía no alcanzar el cielo… Tengamos en cuenta que hubo cierta época en la que el suicidio fue considerado delito, así que aquel que procedía a auto-liquidarse más le valía no fallar.

El «derecho a la muerte» constituye uno de los mayores debates éticos de la actualidad en la vertiente relacionada con la enfermedad. Así pues, la eutanasia, en cualquiera de sus variantes, no acaba de ser ampliamente aceptada. Mucho menos el hecho de querer acabar con la vida voluntariamente sin existir enfermedad de por medio. No se acaba de concebir que alguien no quiera vivir o quiera dejar de existir en esta vida y si esa es su decisión se considera que responde a un problema psicológico. Ciertamente en la mayoría de los casos así es. Lo que resulta curioso es que el individuo no pueda decidir sobre su propia vida pero que haya individuos que sí pueden decidir por la del prójimo. Es necesario comprender que no hay vida sin muerte, qué vendrá después, si la mera descomposición y vuelta a formar parte del todo, si la reencarnación bajo otra apariencia… De momento no se conoce y cada uno es libre de creer y tener fe en lo que desee. Por tanto el problema surge porque vemos la muerte como algo negativo cuando el enfoque más preciso sería verlo como algo «natural». Sin duda alguna el suicidio responde a un egoísmo elevado, pero es necesario haber tenido una depresión fuerte para saber realmente que lo que se siente es tan horrible que no se ve otra alternativa y es cuando se hace necesaria la ayuda externa, ¿pero esta debe ser impuesta? Dejemos esta reflexión aquí.PETER SINGER

Como iba diciendo, un día le comenté a Don Francisco mi opinión sobre la alienabilidad del derecho a la vida y me dijo: «Léase Ética Práctica de Peter Singer». Dicho y hecho.

He de decir que es el libro más cercano a la objetividad (sin dejar de ser subjetivo) que he leído en mi vida. Es un libro complejo sobre ética aplicada que trata muchas de las temáticas relativas a la misma que hoy día más trascienden, como es el caso de la eutanasia o el aborto. Pero también temas que requieren cierta toma de conciencia como igualdad, la discriminación, lo correcto o no de matar, la desobediencia civil, la obligación o no de ayudar a los demás (a nivel individual o de países), el trato a los refugiados, a los animales, al medio ambiente…

Algunos capítulos son espesos y otros se leen con cierta fluidez, pero no olvidemos que cualquier texto que conlleve reflexión puede llegar a agotarnos tras un tiempo relativamente largo, salvo que la temática en cuestión nos apasione.

Fue la lectura de este libro la que originó que disminuyese el consumo de carnes y pescados al mínimo imprescindible. Leí el libro desde un punto de vista crítico defendiendo el consumo cárrnico, pues entonces era cien por cien carnívoro. Todos mis argumentos fueron cayendo uno a uno y la coherencia hacía inevitable el paso. Un amigo vegetariano me comentó que este fue también uno de los libros que le impulsó a tomar la decisión. En mi caso no lo erradiqué del todo, es decir que no me volví vegetariano, porque estudié la opción en profundidad y fue la única alternativa posible, tras algunos sucesos físicos, que hacían compatible la ética, el respeto a los animales y el consumo para subsistencia, y es que como se refleja en el libro no tendría sentido que los esquimales se hiciesen vegetarianos; el consumo de carne animal se vuelve entonces una cuestión de supervivencia fuera de toda duda ética, pero ¿tiene occidente otras alternativas a las granjas de cría intensiva, a la pesca masiva? Surgirán entonces otras preguntas como ¿qué harían entonces las personas que se dedican a ello? Ciertamente no lo sé. Pero sí tengo claro que el grado de sensibilidad y respeto de una persona se puede medir en función de cómo se comporta con los animales y que por supuesto no comparto el hecho de que todas las especies estén a nuestra entera disposición.

Aclarar antes de terminar que este comentario no pretende hacer apología de nada, cada uno es libre de pensar y reflexionar lo que quiera, es tan solo una experiencia vivida.

Así pues, no me queda más que agradecer a este profesor su recomendación y deciros que es un libro que merece la pena ser leído y, sobre todo, reflexionado. Pero eso ya… es otra historia.

 

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10 Comentarios en “ÉTICA PRÁCTICA, Peter Singer”

  1. Capitan Nombrete Says:

    El libro se titula “Ética Práctica”, pero al final de la lectura de esta reseña me he quedado con que de lo que trata es de una justificación para dejar de comer carne. O el título es poco orientativo o la reseña se fue por las ramas.


  2. Capitan Nombrete Says:

    O yo tengo una capacidad de comprensión lectora pésima.


  3. stikud Says:

    No creo que el articulista se haya ido por las ramas ni sólo hable de carne, señor. Con todos los respetos, yo creo que la reseña habla también de otras cosas. En cualquier caso siempre a sus órdenes, mi capitán; es tan solo la opinión de un mísero y prescindible soldado raso.


  4. Javi Says:

    En todo caso, será lo que le haya parecido bien al reseñador. No obstante, a mí me ha parecido leer más cosas.


  5. Zen Says:

    Buenasss. A ver, me explicaré: aunque lo cierto es que cada persona se suele quedar con lo que le interesa, le afecta, le conmueve,… al leer algo, lo cierto, es que hablar de este libro es tarea larga pues sus temáticas, mencionadas en el comentario, no son cuestión baladí en el aspecto ético. Así que si me hubiese extendido en cada uno de sus asuntos nadie hubiese llegado a la mitad del comentario, simplemente decidí mencionar las temáticas y comentar que me llevó al libro y una de las consecuencias que tuvo su lectura, entre otras muchas. Así que al Capitan le digo que podría ser bueno una relectura, pues en asuntos éticos nunca viene de más, y que su comprensión lectora no resulta pésima pero sí poco reflexiva pues se queda con la primera impresión.
    Gracias a todos por vuestros comentarios.


  6. Malandro Says:

    En primer lugar subrayar que, efectivamente, el articulista no sólo rata el tema de los derechos animales, también se centra de modo muy específico en el suicidio, y da una perspectiva verdadermante humana e interesante.

    Zen, no es necesario justificar de ningún modo que aún comas muy poca carne, cada circunstancia es diferente y el mero hecho de ser consciente y haber reflexionado, entre otras muchas cuestiones, de los derechos de los animales y haber pasado a la acción ya se merece todo el respeto del mundo y mi aplauso.

    Es muy difícil ser cien por cien coherente, pero vale la pena intentar serlo al máximo posible. Cada acción, llevada a cabo cada día de nuestras vidas, implica cuestiones éticas que muchas veces ni notamos, y no digo ya que reflexionamos sobre ellas.

    A este respecto aprovecho este artículo para recomendaros la lectura de “Los ojos del hermano eterno” de Stefan Zweig, en este libro el autor reflexiona sobre la coherencia, la acción y sus consecuencias.

    Os gustará a todos, pero seguro que a tí especialmente Zen.


  7. Javi Says:

    Nopuedo por menos que suscribirme a la recomendación de Malandro. Ese fue el primer libro que leí de Stefan Zweig, hombre brillante donde los haya y con un humanismo y humanidad realmente reseñables. Creo que en alguna otra ocasión hemos comentado su obra.


  8. Zen Says:

    Gracias, Malandro, por tu comentario. Estoy de acuerdo y decirte que tu recomendación no ha caído en saco roto. Ya tengo pedido el libro. Pero bueno, que a ver si te animas con alguna reseña, eh?


  9. Malandro Says:

    Zen, no puedo prometer nada, pero tomo el guante.


  10. Javi Says:

    Ey, estupendo, Malandro. Será un placer leerte.


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