SUMMERHILL, A.S. Neill.
18 Nov 2008, por Zen :: Ensayos y estudios 74 Comentarios | 12,075 visitas
¿Cuál es la correcta educación para un niño, para nuestro propio hijo? ¿Sabemos, o sabremos, realmente educar a un niño? ¿Qué persigue la educación o que debe perseguir? Muchas críticas se escuchan a diario sobre la educación de los niños y la juventud, sobre sus comportamientos, y muchos son los cambios visibles que se aprecian en los modos de enseñanza propia de cada generación, la de nuestros abuelos, aquellos que pudieron estudiar, la de nuestros padres, la nuestra y la actual. Más que evolución casi podemos hablar de involución, o tal vez no; a lo mejor, simplemente, tenemos lo que generamos, permitimos y aceptamos. ¿Y qué tiene que ver este libro con estas cuestiones? Su título es el nombre de una escuela real; diferente, pero real. Un punto de vista del que se pueden sacar aspectos para comprender algún que otro porqué de la situación actual y alguna que otra respuesta a las preguntas formuladas.
En 1921 Alexander Sutherland Neill, profesor escocés, fundó una escuela de nombre “Summerhill” en Inglaterra. En este libro, publicado en 1964, él mismo nos cuenta el funcionamiento y características de la misma y sus conclusiones sobre cuarenta años de experiencia en lo referente a las conductas infantiles y adolescentes. Pero “Summerhill” no es una escuela común. Es necesario explicar brevemente sus bases para luego poder desarrollarlas. Empecemos pues:
- “Summerhill” es un colegio que persigue la autorregulación de los niños. Las clases son voluntarias.
- Se basa en dos pilares: la libertad y la toma de decisiones de forma asamblearia. No existen obligaciones, salvo las fijadas por todos los miembros de la escuela reunidos en asamblea, y solo se aprecian limitaciones derivadas de la propiedad de cada uno. En las Asambleas el voto de un niño de 3 años vale lo mismo que el de un profesor.
- Su fundador persigue únicamente que los niños sean felices y aprendan a su ritmo. El amor y la aprobación son las necesidades principales de los niños, en contraposición con el odio, que se muestra a través de los castigos, y la represión, que se muestra a través de las prohibiciones.
Más o menos esos podrían ser los pilares fundamentales. Comencemos pues a analizar el libro, el cual recomiendo desde ya mismo.
Es importante ver el choque que supone una escuela con estos principios en la primera mitad del siglo XX donde dentro de la educación legal era admitido, y ampliamente apoyado, el castigo físico como forma de controlar comportamientos indebidos o contrarios a la disciplina impuesta. Hoy, sin duda, se rechazan estos métodos de castigo, y aunque existan opiniones que las rememoren, son las menos.
A.S. Neill demuestra ser un estudioso de la psicología infantil y un buen observador. Creo que obvia, sencillamente por desconocimiento en esa época, la posible importancia o no de condicionamientos genéticos para las conductas de lo que él denomina “niño problema” y considero igualmente que está algo condicionado por Freud al apreciar en muchas ocasiones relación entre las represiones y asuntos sexuales. Pero sus planteamientos resultan claros y coherentes. En su análisis trata de explicar todo los comportamientos que generan odio y represiones en los niños y que invariablemente saldrán a la luz en algún momento de una u otra forma y siempre ocasionados por los padres. En el libro se tratan temas como el robo, masturbación, el divorcio, los celos, censura, criminalidad, sexo, desnudez, limpieza, ruido, salud, aseo, responsabilidad, espiritu de destrucción, miedo, inferioridad, poder y autoridad, religión y moral (Neill rechaza cualquier tipo de injerencia sobre las decisiones de los niños ya sea religiosa, ya sea moralista)…
Con ello no quiere decir que los padres sean siempre malos. Todo padre y/o toda madre busca, en principio, siempre lo mejor para su hijo, pero lo hace desde su experiencia vivida y por ello desde el enfoque equivocado. Todos los padres consideran que ellos saben que es lo mejor para sus hijos y por ello limitan su libertad y sus posibilidades propias para el aprendizaje. Pero si nos damos cuenta, la forma de educar de nuestros bisabuelos a nuestros abuelos, no fue la misma que la de nuestros abuelos a nuestros padres, y así sucesivamente (por regla general). Limitamos, pues, las facultades innatas de los niños desde que nacen, a veces por comodidad, otras por miedo e inseguridad, otras por frustraciones… pero siempre como consecuencia de los estados emocionales de los padres, impidiendo una vida plena y satisfactoria que libere al niño de represiones y traumas generados por el odio y la frustración de los adultos. Busca hacer ver la necesidad de la comprensión de la naturaleza infantil para formar un sujeto sano mentalmente.
El modelo planteado resulta muy interesante y todo un acto de absoluta valentía, pero complejo de aplicar, a mi modo de ver, en una sociedad como la actual donde sería necesaria la aceptación y aplicación del modelo tanto en la escuela como en el hogar (aunque esta necesidad de actuación conjunta también lo menciona Neill en el libro). Lo que resulta curioso es ver que criticamos y juzgamos aquello que forjamos y promovemos los adultos, con lo que la incoherencia, quizás por falta de comprensión, es evidente.
Me resulta un ejemplo admirable de naturalización de las cosas para los niños con la base que menciona, en no pocas ocasiones, del amor y la aprobación.
El libro comienza con un prólogo de Erich Fromm que no tiene desperdicio. Destacar una explicación clara sobre cómo la educación siempre ha buscado generar individuos que hagan lo que se espera de ellos y cómo la evolución de conciencia de los sujetos a supuesto que la dominación efectiva cambie sus modos pasando de una autoridad evidente, donde todos saben cual es y temen, a una autoridad anónima, donde se hace pensar al sujeto que es una pieza importante en el engranaje de la sociedad, que es tenido en cuenta y donde piensa que no está sometido a ningún yugo, pero que realmente es esclavo de una manipulación muy sutil que mantiene su actitud borreguil.
Hoy en día sigue abierta la escuela dirigida ahora por la hija de A.S. Neill, Zoe Neill, pero creo que es un libro que se debe leer para poder entender que puede estar fallando en la actualidad, para hacer examen de conciencia y porque creo que tiene argumentos que deberían ser tenidos en cuenta. Y lo dice un socrático amante de la autodisciplina, pero claro, eso es lo que yo creo positivo en mi devenir; ¿debo hacer pensar igual a mi hijo o simplemente dejarle ser, estando yo siempre ahí, para que decida libremente como debe ser su devenir, o a fin de cuentas, su felicidad?

(22 votes, average: 4.27 out of 5)












18 November 2008 a las 5:35 pm
¡Cielos, Zen! Menudo tema para discusión acabas de abrir..Deberías llamarte Pandora, ¡ja ja ja! Has destapado la caja de los truenos…Ahora no tengo tiempo de contestarte, pero más adelante lo haré, no te preocupes,porque,como es natural, discrepo cordialmente de unas cuantas cosas. ¿Cómo te las arreglas para encontrar utopías? Supongo que tienes una especie de olfato natural para ello. Luego te toca El arte de Amar de Fromm…supongo que lo tienes en la lista. O el Walden Dos, de Skinner.
18 November 2008 a las 10:37 pm
Es un buen artículo Zen, sin lugar a dudas y que invita al debate pero sinceramente no a la reflexión.
Estoy en desacuerdo con la manera de enfocar la educación de los niños de esta persona, que no dudo en su capacidad pero….
Creo que los niños necesitan disciplina, deben de aprender que no todo vale y que tienen un tutor por encima de ellos que les guíe y les enseñe los errores y las virtudes que cometan bajo su decisión libre. Un niño de 3 años no puede tener el mismo voto que un profesor, eso es una aberración ¿ En que papel queda entonces la figura del profesor?. ¿Tiene un niño de 3 años la misma capacidad de decisión que un profesor con distinto grado de experiencia de la vida y por la educación recibida?
Me parece un método erróneo de educación, sin lugar a dudas. Por lo poco que se de educar a alguien, en este caso a mi hija, he llegado a la conclusión que a los niños tienes que ponerle límites, si no….. te comen.
18 November 2008 a las 11:50 pm
Sito, creo que te precipitas. Yo lo estoy leyendo y me parece muy, pero que muy interesante.Hablas de límites y este tipo de educación hace una distinción muy clara entre libertad y libertinaje. Obviamente, el método es anacrónico y antisocial, y como tal, poco dado a ponerse en práctica, pero no por el método en sí (que a lo mejor también, para algo me lo quiero terminar; de momento le veo las pegas que ha señalado Zen: partir de supuestos que no tengo claros, como la bondad de todos los niños por igual, por ejemplo), no por el método en sí, como decía, sino por culpa de una sociedad en donde prima más el éxito que la honra, la integración que la felicidad. Entonces, sólo nos queda la disciplina e inculcar a nuestros hijos unos valores en los que creamos (la última frase de Zen en el artículo es colosal: “Y lo dice un socrático amante de la autodisciplina, pero claro, eso es lo que yo creo positivo en mi devenir”), pero casi como mal menor. Ya digo, lo tengo que terminar, así que no soy tan valiente (y tengo dos nenes, no uno) como para decir que “me parece un método erróneo de educación, sin lugar a dudas”.
En cuanto a lo que dices de si tiene un niño la misma capacidad de decisión que un adulto, te pregunto: ¿y tiene la misma capacidad un imbécil que un tipo inteligente? No, claro que no. Pero… ¿los mismos derechos?
19 November 2008 a las 10:17 am
Vaya, acababa de hacer un completo análisis del tema y se me acaba de borrar todo, maldición! Por lo pronto, y como no tengo tiempo de repetirlo, estoy de acuerdo con Sito y discrepo de Javi y claro, de algunas cosas de Zen. Luego os explico mis puntos de vista más tranquilamente. Ahora no puedo… Asi que, esperad a que lo haga para lanzaros contra mi, ja ja ja…
19 November 2008 a las 12:37 pm
Vaya, Zen, has dado en el clavo. Este libro formó parte de mi vida en un momento crucial, en un momento de decisiones importantes como cualquier adolescente. Tengo que decir que este libro no es fácil de comentar y desde luego te considero un valiente por haberlo hecho de una forma tan “imparcial”.
No entiendo qué hay de malo en enseñar, precisamente a un niño, a tomar decisiones. El hecho de que mi voto en asamblea valga lo mismo que el de un niño es, sin duda, una forma de aprendizage no desde la teoría sino desde la práctica. ¿Qué mejor forma? Desde luego, toda toma de decisiones trae consigo una consecuencia. En ningún momento se habla en el libro de la eliminación de la norma, como al parecer ha entendido Sito, si no de las normas adoptadas por una mayoría, donde un niño vale igual que otro. ¿Eso no son límites, ya que tanto nos gustan? Quizá no es el que hemos conocido desde siempre, pero por eso ¿es peor?
Tampoco entiendo qué hay de malo en enseñar a un niño lo que es la libertad, como base de la felicidad, ¿acaso no es lo que queremos todos ya sea para nuestros hijos o para nuestro hermanos o padres? Yo, a este planteamiento, no lo llamaría utopía, yo creo que causa miedo todo aquello que no sea considerado un límite al uso, una norma impuesta por un ente superior, del que la mayoría no participamos porque es mucho más cómodo.
Creo, Zen, que es un artículo estupendo. Me has devuelto a mi adolescencia; aquella época en la que pensaba que todo podía ser diferente y en la que, al parecer, me quedé.
Saludos a todos.
19 November 2008 a las 12:56 pm
“El hecho de que mi voto en asamblea valga lo mismo que el de un niño es, sin duda, una forma de aprendizage no desde la teoría sino desde la práctica.”
No puedo estar más de acuerdo, salvo por esa “g”. Si lo que queremos es responsabilizar a los niños de sus actos, ¿qué mejor ejemplo?
19 November 2008 a las 1:01 pm
gracias, Javi, pero yo creía, por lo que he visto en otras reseñas y en el foro, que esos comentarios los hacía un tal Stikud,¿no serás tú disfrazado?
19 November 2008 a las 1:11 pm
Je, je, je… Te veo ya repuesta, ¿eh? Algo te tenía que decir, algo te tenía que decir.
Besicos.
19 November 2008 a las 1:14 pm
Gran elección Zen. En general muy de acuerdo contigo y con lavinnia. Sito, creo que el artículo invita, efectivamente, al debate pero también a la reflexión… otra cosa es que queramos lanzarnos a ella tanto de modo individual como grupal.
Sito, comentas que los niños necesitan disciplina y alguien que les guíe y les enseñe sus errores y aciertos… estoy en parte de acuerdo contigo, en eso se basa el aprendizaje. La cuestión es: ¿quién impone esa disciplina? ¿quién decide que actos y pensamientos son erróneos o acertados? En esta y otras escuelas (aunque creo que más en otras que en esta de Summerhill) se sustituye la figura todopoderosa/opresora del clásico maestro por la del maestro+colectivo de estudiantes y su asamblea como educadores.
Ariodante, esperamos tus comentarios, pero en este caso, en el que hablamos de escuelas con una “población” pequeña de individuos, creo que no se puede negar la idoneidad de la organización asamblearia.
Javi, bastante de acuerdo contigo, excepto en que creo que no es un metodo antisocial, como señalas, sino todo lo contrario. El metodo de funcionamiento es bastante social desde el momento en que, según su importancia, en las asambleas participan alumnos, maestros, padres y, en general, todos los implicados en la vida de la escuela.
En fin, esta es mi aportación para comenzar el debate y, si es posible, la reflexión.
19 November 2008 a las 1:21 pm
GE, GE, GE
19 November 2008 a las 1:22 pm
Sí, Malandro. Tienes mucha razón. No quise decir eso y me expresé fatal. Sí lo considero, per se, social, de hecho lo considero de lo más social que he visto. Solo hablaba bajo la denominación de la sociedad actual que nos rodea.
19 November 2008 a las 1:26 pm
Hola, Lavinnia, soy “el tal Stikud”. Cuando hago esos comentarios, lo hago con afecto y de forma constructiva (o directamente en broma). No me cabe duda de que sabes que aprendizaje es con jota, así que no insistiré en ello.
“El tal Stikud” da la casualidad de que es profesor de secundaria y, naturalmente, tiene su opinión sobre la educación. Cuando tenga tiempo, intentaré exponerla aquí. De todas formas, baste decir que al que tiene que convivir con chicos todos los días e intentar enseñarles (y os puedo asegurar que los quiero y suelen quererme)le cuesta asimilar ciertas cosas que parece sugerir ese libro. En cualquier caso, no puedo criticar un texto que no he leído. Si Delirios se pasa por aquí seguro que también aporta cosas interesante. Nos vemos.
19 November 2008 a las 1:41 pm
Perdona, Stikud, no era mi intención ofenderta; si lo he hecho te pido disculpas. Ya sé que tu aportación es constructiva. Espero tu comentario. Un saludo
19 November 2008 a las 2:16 pm
Que no, mujer, que no me ofendo; no te preocupes. Olvida el asunto.
El tema de la educación en la escuela es complejo. Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre ella, y me parece muy bien, pero no todos tienen suficientes elementos de juicio para justificar su punto de vista. Yo, pese a ser profesor y ver el panorama todos los días, no pretendo saber más que nadie; sin embargo, hay una cosa muy clara: para aprender hace falta un esfuerzo por parte del alumno y para poder enseñarle hace falta un mínimo de disciplina y autoridad. Que lo ideal sería que el alumno entendiera dónde está y lo que debe hacer sin necesidad de ningún tipo de reconvención y que descubriera sus límites por sí mismo, eso pocos lo dudan. El problema es que los chicos, en general, cada vez tienen la vida más cómoda, el dinero más fácil y son más bombardeados por basura televisiva que les vende el triunfo sin sacrificio. Si a esto añadimos unas leyes de educación orientadas a los votos de los padres más que a la enseñanza de los hijos, tenemos la realidad del aula que tenemos: desmotivación, falta de respeto, trabajo mínimo, desinterés…
Y yo soy de los que se quejan poco. Me llevo bien con la mayoría de mis alumnos. Todavía no tengo depresiones ni he tenido que coger la baja.
Todavía.
19 November 2008 a las 2:17 pm
Stikud, a mí lo de “un tal Stikud” me había sonado de lo más cariñoso. Está fuera de toda duda esa labor constructiva. Me encantaría, en otro orden de cosas y como padre, que te explayaras en lo de la asimilación de conceptos por parte del crío. ¿En qué punto falla, qué cosas, nuevas o en conflicto con la educación paterna y social…?
“Ofenderta”. Lavinnia, estás “fina” hoy.
19 November 2008 a las 2:32 pm
pues sí que…
19 November 2008 a las 5:02 pm
Pues no se Javi, no es cuestión de precipitación sino de opinión personal al igual que la tuya.
En primer lugar no digo ni un solo pero al artículo de Zen, ya dije que me parecía muy bueno, pongo pegas al contexto que nos ofrece su artículo, que es muy diferente, ¿no?
Por otra parte, la última frase del artículo me parece igual de buena que el resto, no hace falta matizar tanto, ¡creo yo!, y ya dije que tenemos un gran problema algunos que participamos en este foro: Nos quedamos más con la palabra que con el contexto.
Aclarado esto, creo que te equivocas con tus reflexiones, y como bien dices en tu intervención y basándote en la sociedad actual: “Entonces, sólo nos queda la disciplina e inculcar a nuestros hijos unos valores en los que creamos”, claro Javi, claro, eso es, tu mismo contestas o afirmas mis reflexiones. Es curioso, de verdad Javi que tienes dos nenes, ¿de verdad crees que ellos pueden elegir y ser libres en todo momento?, sinceramente, y que has sido un reflejo para mí en la educación de mi hija en muchos aspectos, no he visto reflejado en ningún momento los postulados que nos trae Zen en la educación de esos nenes.
Si yo dejase a mi hija decidir, hoy no dormiría, hoy no comería lo que debe de comer, hoy no me dejaría trabajar, hoy no se comportaría en la visitas……en definitiva, los niños son egoístas y bien lo sabes y por eso mismo ellos deben de saber quien es su tutor o educador y quien por edad y educación están por encima de ellos.
Hoy, por esta sociedad que vivimos, perdiendo valores contínuamente, estamos viendo como los profesores han perdido ese papel de educador, esa autoridad y probablemente sea porque divagamos mucho sobre tonterías y no sobre realidades. Hoy en día, a los padres los chicos los llaman “viejos” y a los ancianos ni si quiera le dejamos un sitio en el autobús, Antes, a los padres se les llamaba de usted y a los abuelos o al desconocido. Hoy que damos demasiada libertad o pretendemos no traumatizar a los niños, bueno……que me voy con mís reflexiones. JJejjeje, al final el artículo me ha hecho reflexionar.
19 November 2008 a las 5:16 pm
Claro, opinamos igual en cuanto al contexto, Sito, pero eso no lo señalaste en tu primer mensaje. No dijiste: “por el contexto, creo que este tipo de educación es incorrecto”. No sé si me explico, porque es un matiz importante. En cuanto a que el niño es egoista de por sí, quizá tengas razón, ya digo antes que no estoy tan seguro de ello. El caso es que según lo que he podido avanzar en el libro, ese no es el problema. El egoísmo, quizá, es una etapa de la vida de un niño, del cual se va desprendiendo con el tiempo y de manera natural. De todas formas, contiene otras muchas reflexiones interesantísimas, pero para ser debatidas desde un punto de partida abierto y con amplitud de miras, no partiendo de la negación absoluta, pues entonces, efectivamente, puede haber debate pero no reflexión. En cuanto tenga tiempo, Sito, coloco aquí citas del libro, a ver qué te parecen.
19 November 2008 a las 6:53 pm
Buenas tardes.
Me meto en camisa de once varas interviniendo aquí en contra de mi rancia tradición de estar en un solo sitio y no en varios. Pero el artículo de Zen, y cierta publicidad hecha por algunas personas tiran.
En fin. En primer lugar un atento saludo a los participantes y mis disculpas anticipadas por la intromisión.
El sistema educativo comentado por el libro, por Zen, es realmente muy interesante, y se me ocurren varios comentarios.
La posibilidad de permitir a los niños y adolescentes que participen en su propia educación me parece muy deseable. Creo que en la medida de lo posible los educandos tienen el derecho y el deber de participar en su educación. Derecho porque a fin de cuentas van a ser ellos quienes cosechen los beneficios o los perjuicios de ella. Deber porque como personas responsables tienen que asumir el control de su proceso formativo. Sin embargo hay dos aspectos a tener en cuenta: “en la medida de los posible” y “responsables”. Es decir, en virtud de la madurez (no voy a hablar siquiera de edad) y de las capacidades que tengan, los educandos tienen o no tienen el criterio suficiente para tomar determinadas decisiones. ¿Quién decide si son lo suficientemente maduros? ¿Si es posible? ¿Si son capaces de responsabilizarse de sus decisiones? ¿Si tienen el criterio suficiente? Es ahí donde debe intervenir el papel del formador. Habéis comentado algunos ejemplos: alimentación, higiene, normas de convivencia. Obviamente los formadores pueden conocer que una mala alimentación los dañará, o que comportarse de forma errónea en sociedad los aislará. Cosas que el educando no puede saber a priori, y que cuando las averigüe serán irreversibles. Conociendo las posibles consecuencias de las decisiones los formadores deben poder anularlas, sobre todo si estas consecuencias son graves.
Con respecto a la figura del formador. Obviamente deberíamos partir de la base de que él tiene el criterio, la responsabilidad y los conocimientos de los que el educando carece a la hora de tomar decisiones, pudiendo orientarlo (es lo mas deseable) u obligarlo a actuar de determinada manera en determinadas circunstancias. Es cierto que no siempre es así. ¿Se puede corregir? Obviamente si el formador es un profesor, o un colegio, o una asociación, y no tienen criterio suficiente, intervendrán los padres para llevar a su hijo a otro sitio donde los formadores tengan ese criterio. Y en cuanto a los padres, debieron evaluar sus posibilidades antes de tomar la decisión de tener hijos. En todo caso ellos son la última instancia. Ciertamente sucede en ocasiones que los padres no tienen tampoco el suficiente criterio para ser esos educadores, para suplir la falta de criterio de sus hijos. No es una cuestión fácil. En casos extremos interviene el Estado. En los demás, los padres siguen siendo los responsables últimos. Salvando los casos realmente graves, también hay que tener en cuenta que nadie es perfecto. Nadie nace sabiendo educar.
Pienso también que la actuación de un formador no se acaba en el momento de obligar, corregir, orientar o permitir que el educando tome sus propias decisiones. También debe preocuparse de que el educando asuma las consecuencias de las decisiones que toma. Punto en el que fallan muchos sistemas educativos. Porque la responsabilidad suficiente para participar en la toma de decisiones debe implicar la responsabilidad suficiente para asumir las consecuencias de las decisiones tomadas. Y creedme, obligar a un hijo a apechugar con las consecuencias de sus decisiones es lo mas duro que hay. De hecho, es mucho mas duro que obligarlo a tomar las decisiones correctas.
Obviamente hablo de orientar y corregir, incluso obligar, en determinadas circunstancias. Son palabras tal vez gruesas, pero parto de la base de que se hace por cariño. No por necesidad de mandar. Y por supuesto se hace para la felicidad presente y futura del educando, no para que cumpla las expectativas y ambiciones de otros. Concluyo que me enrollo. Con respecto al método Summerhill. La idea es interesante. No es la primera vez que me topo con técnicas que se basan en la toma de decisiones, la responsabilidad y la autoformación, ya que son bastante frecuentes en el campo de la educación no formal. Lo único que queda por saber, no se si el libro habla de ello, es cual ha sido el resultado final. ¿Fueron mas felices quienes se educaron en el colegio Summerhill que quienes no lo hicieron? La respuesta afirmativa demostraría la genialidad del sistema.
Opino.
Saludos.
19 November 2008 a las 7:37 pm
Vaya, Stikud. Cuando contesté más abajo no había leído tu comentario.
19 November 2008 a las 8:45 pm
Sigo coincidiendo con Sito y con Koenig, que me ha chafado casi mi intervención, por lo que espero a meter baza un poco más adelante. Lo que es cierto es que los padres no estudiamos para serlo, y muchos padres incluso se encuentran con el hijo sin comerlo ni beberlo y entonces se limitan a reproducir la educación que recibieron ellos o, como en desgraciadamente muchísimos casos, se limitan a dejarlos estar, o sea,lo más cómodo: que crezcan a su aire y que hagan lo que les dé la gana. Lo que se llama la “generación de la llave”, generación educada por el televisor.
También, como ha dicho alguien más arriba, el enfoque es un tanto diferente según se trate de los padres o de los profesores. Por supuesto, si nos circunscribimos al libro, hablamos de una experiencia en un coto cerrado. Experiencia que fue muy interesante y que se hizo muy famosa en los años sesenta, años en los que los movimientos sociales eran altamente favorables a este tipo de experiencias. Al ser un coto cerrado es mucho más “facil” (dentro de su dificultad natural”)de manejar, que si hablamos de la educación hoy, en nuestro contexto, en nuestras escuelas, con nuestros sufridos y decepcionados profesores, con nuestros padres agobiados por los trabajos y las hipotecas, sin tiempo para dedicárselo a los hijos tratando de delegar siempre en otros sus funciones naturales (abuelos, profesores, etc).Pero eso es otra historia. Mañana le dedicaré otro rato, y procuraré de ajustarme a las tesis del libro. De todas formas, vaya por delante, querido Zen, que me parece que has hecho una reseña bastante equilibrada. Lo cual es encomiable.
19 November 2008 a las 10:18 pm
Bueno, bueno Koenig, es un placer y un honor leerte en LR. Sinceramente espero que vuelvas a saltarte tus reglas, jejjej
Se denota de tus palabras que sabes de esto. Mi pareja es profesora y le ha encantado tu intervención al igual que a mí. Este tema ya lo hemos tratado en este foro, y ya lo he dicho, creo que el problema de hoy es (y lo ha dicho Ariodante) que delegamos la educación en otros, en los profesores, en los abuelos……Si Ariodante, nadie nace sabiendo educar y es una de las tareas más difíciles a las que yo me enfrentado en mi vida y por eso mismo no hay que tomarlo a la ligera. Lo que si que es cierto que un padre siempre busca lo mejor para sus hijos (excepto casos aislados) e intenta que un hijo no cometa los errores que un padre ha cometido en la vida. Esa amplitud por la experiencia de la vida es la que te permite moralmente tener mayor poder de decisión que un niño, aunque es muy importante que tomen sus decisiones, pero actuando tu de guía.
Estoy deseoso de leer algo más de esas citas Javi.
19 November 2008 a las 11:18 pm
Claro, ahí voy, que lo prometido es deuda:
“Los niños que llegan a Summerhill en edad de kindergarten (aquí había una horrible coma en el texto original) asisten a las lecciones desde el comienzo de su permanencia; pero los niños que proceden de otras escuelas juran no volver a asistir nunca jamás a las lecciones detestables. Juegan, montan en bicicleta y se portan como personas, pero huyen de las lecciones. Esto se prolonga a veces durante meses. El tiempo de recuperación es proporcional al odio que les produjo su última escuela. Nuestro caso récord fue una niña procedente de un convento. Holgazaneo durante tres años. El periodo medio de recuperación, en la aversión a las lecciones, es de tres meses.
Los extraños a esta idea de libertad se preguntarán qué clase de manicomio es éste, donde los niños juegan todo el día si así lo desean. Muchos adultos dicen: “Si me hubieran mandado a una escuela así, nunca habría hecho nada”. Otros dicen: “Estos niños se sentirán muy inferiores cuando tengan que competir con los niños a los que se les haya hecho estudiar”.
Me acuerdo de Jack, que nos dejó a los diecisiete años para ir a una fábrica de máquinas. Un día lo llamó el gerente.
-Tú eres de Summerhill -le dijo-. Tengo curiosidad por saber qué educación prefieres ahora que estás en contacto con muchachos de escuelas al viejo estilo. Suponiendo que tuvieras que elegir otra vez, ¿irías a Eton o a Summerhill?
-A Summerhill, naturalmente -replicó Jack.
-Pero ¿qué ofrece Sumerhill que no ofrezcan las otras escuelas?
Jack se rascó la cabeza.
-No lo sé -dijo lentamente-. Creo que le da a uno un sentimiento total de confianza en sí mismo.
-Sí -dijo el director secamente-. Lo noté cuando entraste en la habitación.
-¡Dios! -dijo Jack riéndose-. Lo siento si le dí esa impresión.
-Me agradó -dijo el director-. La mayor parte de los individuos, cuando los llamo a la oficina, se inquietan y parecen incómodos. Tú entraste como un igual mío. ¿A qué departamento dijiste que te gustaría ser transladado?
Esta historia revela que la instrucción en sí misma no es tan importante como la personalidad y el carácter. Jack fracasó en sus exámenes universitarios porque odiaba aprender mediante los libros. Pero su falta de conocimientos sobre los Lam’s Essays o del idioma francés no fue para nada un obstáculo en su vida. Y ahora es un buen mecánico.”
Desde luego, es algo experimental, un caso práctico. Pero, es cierto, no deja de ser eso, un caso. Como la niña que salía del convento. Lo mismo otra en un mes estaría estudiando, y no en tres años: un convento no es sinónimo de “odio”, más bien al contrario por definición, pero que los padres te obliguen a acceder a él a lo mejor sí que lo es. No obstante, es significativa esa medida de proporciones que hace.
20 November 2008 a las 9:06 am
Buenas, pues a mí me gustaría seguir con los textos. Entiendo que a algunas personas les pueda parecer cuando menos extraño que se hable de una escuela inglesa en los años 60-70 (si bien Zen señala en su artículo que la escuela sigue funcionando en la actualidad), pues aquí os mando una parte de un texto escrito por una joven española de 15 años que ha tenido la oportunidad de estudiar en la escuela PAIDEIA (www.paideiaescuelalibre.org) en Mérida y en la actualidad:
“¿Qué aprendemos?
Lo primero a ser personas, cosa que en los tiempos que corren es difícil encontrar alguna, por ello intentamos formarnos, para que de aquí a un futuro, podamos tropezarnos con pocas, varias o, quien sabe, muchas de ellas y hagan al menos, mover y agitar a las grandes masas.
Siguiendo la línea, aprendemos desde muy pequeña edad a tomar nuestras propias decisiones, a elegir lo que queremos o no queremos hacer, y así vamos elaborando nuestra capacidad de elección, y nos sirve para no tener dependencia, y ser personas más seguras de sí mismas.
Trabajamos valores como, el respeto, la solidaridad, la responsabilidad, la comunicación, la justicia, la igualdad, la tolerancia, la no-violencia, la amistad, la libertad y una lista bien larga que aunque en el mundo se tape aquí vivimos con ella y hacemos ver que son parte del Ser Humano.
Empezamos hacer uso de nuestra Libertad, partiendo de la base Responsabilidad. Esto supone compromiso y esfuerzo, seguridad y ganas de luchar
Cuando existe un problema, desde el más pequeño, hasta el más mayor lo soluciona, de manera que se reconozcan los errores cometidos y se afronte el conflicto para poder al menos cambiarlo. Esto se hace, con ayuda de todos los componentes del colectivo, es decir, en una ASAMBLEA, donde está la participación de todo el mundo, las opiniones, propuestas y se manifiesta la manera de ser de cada uno.
La relación que se establece con las personas más adultas es positiva, ya que ellas en primer lugar no hacen comparaciones, ni se sienten superiores por tener más edad, ni por ser nuestras compañeras educadoras”
Me gustaría subrayar su relación con las personas adultas, o compañeros educadores, o formadores, o profes o maestros… de igual a igual.
20 November 2008 a las 10:43 am
Ya tenia ganas de leer otro articulo tuyo Zen, estoy de acuerdo contigo, pienso que se estan olvidando inculcar a nuestro hijos valores como el respeto y la solidaridad entre muchos otros.
Estamos viviendo unos tiempos de violencia gratuita y olvidamos que la educación de los hijos empieza en los padres y despues en los educadores y la sociedad en su conjunto.
El error de muchos padres es que intentamos que nuestros hijos no tengan las carencias que nosotros tuvimos y eso no se hasta que punto es bueno.
Me despido Zen, eres el yerno que toda suegra le gustaria tener.
20 November 2008 a las 12:57 pm
Buenos días.
Javi, me intriga este párrafo: “Jack fracasó en sus exámenes universitarios porque odiaba aprender mediante los libros. Pero su falta de conocimientos sobre los Lam’s Essays o del idioma francés no fue para nada un obstáculo en su vida. Y ahora es un buen mecánico.”
Desconozco el sistema educativo inglés, pero si se presentó a exámenes universitarios, entiendo que fue para acceder a la universidad. Sin embargo, si lo que quería era ser mecánico, entonces no necesitaba acceder a la universidad, con lo cual no necesitaba presentarse a unos exámenes universitarios.
¿Aclara el libro la cuestión?
Saludos.
20 November 2008 a las 2:31 pm
Nadie dijo que desde un principio quería ser mecánico, Koenig, si no que terminó siéndolo. ¿Ha de generar inseguridad e infelicidad el suspender un examen de acceso a una universidad? Aún siendo así, esas pruebas son ajenas al sistema de Summerhill, propias de la sociedad que critica, y si lo generan es que algo falla. Vienes de Hislibris y sabes que hay muchos hislibreños sin título académico que saben más Historia que muchos licenciados. Han aprendido por su cuenta, sin pasar exámenes ni pruebas académicas, sin tediosas lecciones. A lo mejor, muchos de ellos se hubiesen sentido acorralados y propensos a escapar de la Historia si alguien les hubiera obligado a estudiarla, como pasa muchas veces con la Literatura en las aulas. Hay un punto muy importante en el sistema educativo de Summerhill, y no es otro que el interés, y el interés es algo inductivo, propio e incontrolable externamente hablando.
20 November 2008 a las 3:46 pm
Respecto a las letras, tu razonamiento es fácilmente aplicable, Javi. Uno puede leer filosofía sin necesidad de maestros, uno puede aprender historia, arte, etc, por su cuenta. Pero si uno quiere, desea, le hace ilusión ser ingeniero aeronáutico o industrial o simplemente arquitecto, y termina de mecánico (la cual es una profesión tan loable e imprescindible como las anteriores) porque no quiere esforzarse en leer los libros necesarios y hacer las prácticas necesarias…¿no podría generársele una cierta frustración?
Lo que me parece importante es lo siguiente: creo que hasta ahora se ha hablado de libertad, capacidad de elección, no coacción, etc, cosas que me parecen importantísimas . Pero creo que no he leído nada acerca de enseñar esfuerzo, y autodisciplina. Es decir, lo que estamos viendo hoy en día es que los niños y los jóvenes, desdeñan todo aquello que les supone el más mínimo esfuerzo, atención, intervención personal y toma de decisiones que supere la tremenda decisión de si enciendo la tele o la videoconsola. Si un libro tiene más de dos páginas, ya lo tiran al suelo, si ha de pensar dos veces una respuesta, se va corriendo a jugar, en fin, no sé, creo que esto también hay que valorarlo, porque podemos estar educando pequeños tiranos o pequeños vagos, o simplemente, futuros inútiles y a la largam desgraciados. Porque uno, a la larga, valora lo que le ha costado esfuerzo conseguir, no lo que te regalan o te cae del cielo. En fin, como dice Koenig, opino.
20 November 2008 a las 4:14 pm
Sí que la hay, Ariodante: hay unas normas y reglas consensuadas y, sobre todo, la consideración a la libertad del otro y a la propiedad privada. Y respeto, mucho respeto, pero respeto recíproco, lo cual es muy importante. En eso es bastante claro el libro. Más tarde apuntaré varios ejemplos de cómo lo hacían. Volvemos a lo de siempre, y creo que en esto todos coincidimos pero al final caemos y visitamos los tópicos recurrentes: libertad no es libertinaje, como liberal no es capitalismo indecente ni socialista es estalinismo radical.
Lo que expones a continuación, no creo que haya nadie que lo niegue. Pero ¿dónde reside el problema?
20 November 2008 a las 4:24 pm
Por cierto, a tu pregunta acerca de la frustración. Imagino, Ariodante, que el grado de desengaño correría en paralelo a la seguridad en sí mismo que haya adquirido el chaval.
20 November 2008 a las 4:43 pm
Por fin encuentro un ratín para contestar. Lo primero que quiero hacer es agradecer vuestros comentarios, tanto a los ya conocidos, como a los que intervenís por primera vez. Ha sido una grata sorpresa leer a Koenig y, por supuesto, a Mª Ángeles (la suegri que a todo yerno le gustaría tener).
Creo que es importante entender que aunque el libro nos habla de un modelo educativo aplicado, y por tanto una experiencia real, es cierto que hoy en día resulta inviable precisamente por lo que se puede apreciar de vuestros comentarios y los modelos sociales fijados. A pesar de esto, lo que me parece muy valioso es lo que podemos sacar del libro para comprender la psicología infantil, la libertad individual (entendiéndose que siempre existirán limitaciones) y, sobretodo, como permitir que los niños sean realmente felices, comprender el posible daño que origina un padre o un educador directo, con las mejores intenciones, sobre un hijo.
Uno de los mensajes que más me hizo pensar es que se puede fomentar la atención y el odio, pero nunca se pueden fomentar el interés ni el amor.
20 November 2008 a las 4:44 pm
Personalizando un poco y reflexionanado que a mi es lo que me gusta. Ariodante, quiero agradecerte que a pesar del trajín que tienes entre manos hayas encontrado un huequito para pasarte a comentar el artículo. Apunto las sugerencias que me citas. Sito, coincido con Javi en que te precipitas, y mucho, en tu primera intervención a pesar del contexto, que al menos a mi me ha parecido peca de cierta necedad. Me explico. La primera frase “invita al debate pero sinceramente no a la reflexión” me parece absurda. Debatir sin reflexionar es lo que hacen nuestros políticos hoy en día, y con esto creo ya se ve la utilidad de lo que propones. No se a quien le interesa debatir sin reflexionar, desde luego a mi no. Dices que los niños necesitan “un tutor por encima de ellos que les guíe y les enseñe los errores y las virtudes“ pero eso ya supone una manipulación de tu hijo en el que desgraciadamente dejará de ser el mismo para convertirse en lo que tu quieres forjar. Sin entrar en que lo que tu consideras virtudes y errores para mi no lo sean. Con esa postura avalas que lo que vemos hoy en día es precisamente el producto de lo que los padres y la sociedad han creado. Entiendo que los padres no son los únicos que influyen en un niño, pero sí son los que más influyen en su primera etapa y ahí es donde pueden marcarse muchos aspectos de su personalidad futura.
Sobre tus preguntas acerca del valor del voto de un niño de 3 años y un profesor no veo ciertamente el problema cuando la situación se da en un ámbito espacial de la que ambos participan. Ten en cuenta que las necesidades del niño no son iguales que las de un adulto y ello hace pensar que deben ser respetadas o al menos tenidas en cuenta, porque igualmente resulta dañino pretender que un niño piense como un adulto como pretendemos muchas veces. El libro deja claro que los niños más pequeños solo quieren jugar y son egoístas, pero también que es necesario dejarles vivir esa etapa pues si comienzas a limitarles, prohibirles,… surgirán represiones inconscientes que afectarán a su salud psicológica creando traumas que pueden abarcar todos los grados.
Mencionar que tu frase “Me parece un método erróneo de educación, sin lugar a dudas. Por lo poco que se de educar…” supone realizar una afirmación rotunda sobre una materia que dices conocer poco, por ello creo que lo propio es, antes de hacer una afirmación tal, informarse sobre el asunto en cuestión. O lo que es lo mismo dejar al menos un margen de duda y no negar por principio sin una base. Estos comentarios también van destinados a Ariodante claro, pues comparte tus impresiones.
Dices también “divagamos mucho sobre tonterías y no sobre realidades” y me gustaría que me dijeses cuáles son para ti esas tonterías y cuales deben ser esas realidades.
Por último creo que confundes libertad en tus hijos con libertinaje y en el libro se avisa continuamente del peligro de confundirlo.
20 November 2008 a las 4:44 pm
Javi, coincido plenamente con tus observaciones. Me alegra mucho que estés leyendo el libro y te esté gustando, abre mucho los ojos sobre algunas cuestiones, que al menos yo considero importantes para que se tengan en cuenta por los padres.
Lavinnia, Malandro, igualmente os digo.
Stikud, gracias por tus comentarios y por tu buen juicio, visible en la expresión “no puedo criticar un texto que no he leído”. Sobre los argumentos expuestos dire que comparto los relativos al origen de los problemas de los chicos hoy día, comodidad, dinero fácil, consumismo exagerado, y los relativos a la intención buscada con la leyes de educación. Pero hay una cuestión que mencionas que es la diferencia con respecto a Summerhill y que ya han citado algunos. Dices “hay una cosa muy clara: para aprender hace falta un esfuerzo por parte del alumno” y el problema es que le decimos y obligamos a aprender cosas que no le interesan ¿Cómo quieres que se esfuerze? Si el niño decidiese que quiere aprender estoy seguro que el mismo se esforzaría. En lo que respecta mi persona he ido a guardería desde los tres meses, con tres años leía perfectamente, durante 13 años estudié en el colegio y la mayoría de las cosas de las que tuve que examinarme ni las recuerdo, ni me han aportado nada. Igualmente me sucede con la carrera. En el colegio detestaba la filosofía y no la entendía y me daba igual, posteriormente me ha ido gustando y ha sido cuando he empezado a comprenderla y disfrutarla. Creo que entiendes lo que quiero decirte.
20 November 2008 a las 4:45 pm
Vamos con Koenig, el cual conozco de Hislibris y del cual he de reconocer que soy admirador de su retórica. Disculpas de la intromisión no aceptadas por no requerirlas. Lo que si espero es que aceptes tú mi agradecimiento por tu participación que espero no se quede aquí. Algunas tradiciones pueden ser abolidas, ¿no?
Dices en uno de tus comentarios “Conociendo las posibles consecuencias de las decisiones los formadores deben poder anularlas, sobre todo si estas consecuencias son graves” y previamente hablas de la mala alimentación. Me gustaría preguntarte ¿qué consecuencias graves puede adoptar un niño de 5 años por ejemplo o a que formas erróneas de comportarse en sociedad te refieres? Lo que yo entendí en el libro es que la comida era bastante sana, pero no había opción a elegir, esa es la comida que hay. No creo que un niño sea capaz de morirse de hambre porque no le gusta ninguna de la comida que se ofrece. ¿Alguno de nosotros recuerda como aprendió que el fuego quema?
Hablas de orientar, corregir u obligar con la base del cariño y persiguiendo “la felicidad presente y futura del educando, no para que cumpla las expectativas y ambiciones de otros.” Pero si te das cuenta ya eres tú el que considera como va a ser feliz, cuestión que solo conoces en base tu experiencia vivida, pero ¿es realmente la suya?
Sobre el resultado de Summerhill a ciencia cierta lo desconozco. El libro habla de algunos ejemplos en los que sí es así en la experiencia de 40 años desde que se fundó. No se hasta que punto el libro puede estar tergiversado y pero desde luego algunos de sus planteamientos resultan bastantes coherentes en lo que a problemas adquiridos por el niño se refiere.
20 November 2008 a las 4:47 pm
Malandro, gracias por traer la información de PAIDEIA
Suegri, muchas gracias por el comentario y completamente de acuerdo sobretodo con la frase “El error de muchos padres es que intentamos que nuestros hijos no tengan las carencias que nosotros tuvimos y eso no se hasta que punto es bueno.”
Sobre las ultimas intervenciones, creo que Javi ha respondido perfectamente.
Siento todas estas contestaciones seguidas pero es que habéis ido a un ritmo frenético y ya sabéis que siempre me gusta contestar a todos, por eso de la educación que dicen.
20 November 2008 a las 5:22 pm
Amigo Zen, lamento tener poco tiempo para contestarte (y a Javi, que no me olvido). Simplemente decir que uno, cuando es pequeño, no siempre es capaz de determinar de una manera clara lo que le interesa o no (y lo digo con ambos sentidos, es decir, lo que le interesa en el sentido de lo que le gusta y en el sentido de lo mejor para su futuro laboral). Por otra parte, es necesario saber un poco de todo para desenvolverse en la vida diaria; muchas de esas cosas que aparentemente no sirven para nada sí tienen utilidad (por ejemplo, cuando les explico a mis alumnos la cantidad de veces que surgen problemas de sistemas de ecuaciones en lo cotidiano, alucinan).
Y por otro lado, ¿dónde quedó aquello de “el saber no ocupa lugar”? Yo soy de ciencias y sin embargo escribo libros, soy titulado superior en inglés y aún sería capaz de declinar y conjugar unos cuando latinajos. ¿No es eso bonito?
20 November 2008 a las 5:34 pm
Toma, claro. Pero no lo olvides, es un interés personal, nacido de ti seguramente, no impuesto por nadie. Lo ideal sería que eso se apoyara en un sistema educativo que lo potenciara como elimento para uno mismo, no en beneficio de otros.
20 November 2008 a las 5:58 pm
Buenas tardes.
Por orden de aparición.
Javi. Personalmente pienso que el fracaso en algo, sin llegar a extremos dramáticos, siempre supone cierta infelicidad y cierta inseguridad. ¿Insuperables? En absoluto, de hecho, pueden dar a cambio la felicidad de lograr superarlos. Pero en fin, nadie trata de conseguir algo que no desea, y nadie prefiere no conseguir lo que desea. Por otro lado, preguntaba por curiosidad, no era mi intención específica buscar fallos en un un proyecto que me parece interesante, y del que no puedo decir si es acertado o no pues no tengo información sobre el mismo.
Zen.¿Retórica? ¿Qué será eso?
Decisiones graves que puede tomar un niño de cinco años. En el caso de que se le permita decidir sobre cualquier cosa: tener un ritmo de alimentación que le provoque obesidad, por ejemplo. Pero ya me aclaras que en el sistema Summerhill hay elecciones, como por ejemplo la comida, que escapan del control infantil.
Con respecto a formas erróneas de comportarse en sociedad. Mi hija, por ella, mas de una mañana hubiera ido al colegio en pijama con tal de no vestirse. En estas condiciones lo mas probable es que toda la clase se hubiera reído de ella y hubiera pasado un día espantoso. Aunque tal vez no. Pero ¿Debo atreverme a correr el riesgo? Peliaguda cuestión.
En cuanto al fuego. No soy empirista. Aprendí que quemaba porque así me lo explicaron y porque observé la preocupación de mis padres cuando me acercaba á él imprudentemente.
Y con respecto a que soy yo el que considera como va a ser feliz, cuestión que conozco en base a la experiencia vivida. ¿Cómo sabes que eso es así? Dedico muchas horas a observar a mi hija, a hablar con ella, a interactuar con ella, y eso me permite saber, en parte, que la hace feliz y que no. Aplico mi experiencia, por supuesto, no puedo aplicar la de otro, pero no aplico mi experiencia sobre mi felicidad, sino sobre la suya. Y te (os, estoy siendo un desconsiderado al hablar a una sola persona, me disculpo) voy a decir una cosa. Lector como soy, igual que mi esposa, jamás le hemos puesto un libro a la niña en las manos hasta que no nos lo pidió. Y a partir de ahí le hemos dado todos los que nos ha pedido. Pero porque la hacen feliz a ella, no a nosotros, aunque no puedo negar cierto orgullo cuando la oigo leer en voz alta, ella solita, desde el salón.
Y con respecto a los resultados, preguntaba simplemente porque habiendo experiencia de ello, siempre es bueno conocerla a la hora de considerar si el método es mejor, peor o simplemente distinto de los demás.
Un saludo.
Saludos.
20 November 2008 a las 8:12 pm
Bueno, Koenig: el fracaso suele derivar del hecho de proponerte un acto al que no estás destinado o en el que no estás preparado. Si tienes seguridad, eres humilde, si eres humilde aceptas los topetazos y de ellos aprendes: luego en vez de un fracaso puede ser un triunfo: aceptar tus límites y aceptarte a ti mismo.
Me parece muy oportuno tu ejemplo del pijama. Permíteme darle la vuelta, reconociendo que estoy siendo en este caso algo maniqueo. Los niños (mayores de seis años) con seguridad se reirían de nuestros hijos si estos apareciesen en clase de esa guisa. Por lo cual, debemos vestirlos con decencia. Posiblemente, ya con ocho años, se reirán de la misma manera si nuestros hijos no tienen un móvil última generación. Por lo cual, tendremos que comprárselo. ¿Tenemos lo que construimos?
No obstante, y vuelvo al pijama, cuando son menores no hay risas de ese tipo. Es más, si mi hija de cuatro años fuese vestida todo de purpurina al cole y con mil floripondios, sería inmediatamente admirada por sus amigas, mientras que si la visto con decencia y bajo mis gustos neutros, normales y aburridos, ninguna compañera le dirá lo guapa que va.
Vuelvo al tema del móvil: es la sociedad que nos rodea la que imposibilita este tipo de educación. Una sociedad que prima el éxito superfluo por encima de la honra, cuando la honra, en sí misma, contiene todo éxito, y que valora más “el tener” y “el usar” que “el ser”.
Los chavales de hoy en día no son peores que los de ayer, ni que los de anteayer. ¿Por qué decimos que son distintos? Le echamos la culpa, como siempre, a elementos externos: a los profesores, al sistema educativo, a los políticos… Como si todas las cosas fueran ajenas a nosotros. La masa, la indestructible masa. Pero si nos sentimos individuos, si lo somos, debemos aceptar nuestra responsabilidad y empezar a cambiar, poco a poco y cada uno con lo que pueda, las cosas que nos parecen inaceptables sin hacer, eso sí, daño a nadie. Conozco a padres que han educado de maravilla a sus hijos, chavales que da gusto verlos. Empecemos, pues, con nostros mismos.
Koenig, hablando del fuego y compartiendo tu visión, lo cual habla muy bien de tus padres: el libro narra el caso de unos padres que tenían una casa al lado de un lago enorme y traicionero por lo profundo. Tenían hijos, pero jamás les ahogaron para que fuesen conscientes del peligro, tampoco les amenazaron con castigos ni les inculcaron miedo. Simplemente, los hijos, por cómo eran los padres y por cómo se comportaban ante ellos, confiaban en lo que les decían sus progenitores. Porque un padre es un espejo, y si refleja confianza el crío rápidamente la verá. He comprobado en mis carnes, en mis hijos, cómo valoran y me respetan más por la rectitud de mis principios que por un cachete que les haya podido dar, o un capón. Esto último no genera respeto, sino miedo.
20 November 2008 a las 8:43 pm
Quisiera aclarar que yo no he leído el libro, lo cual implica que hablo sólo a partir de la reseña y de los comentarios que voy leyendo, a trompicones; esto implica que puedo decir obviedades y cosas que están admitidas en la teoría de la que estamos hablando.
Sólo conozco la experiencia Summerhill por referencias de hace muchos años, y he conocido personas que, llevadas por el espíritu que le atribuían, han entendido, quizás erróneamente, que de lo que se trataba es de dejar a los niños en absoluta libertad y que ellos mismos decidieran su propia educación, considerando que su opinión tenía el mismo valor que la de maestros o padres, desde su más tierna infancia. Y que no estaban autorizados moralmente a tratar de moldear (ellos decían “imponer”) una conducta a sus hijos. Este criterio, que por lo que vais diciendo, creo que es erróneo atribuírselo asi tal cual a los creadores de este sistema de enseñanza, ha producido monstruitos, de los cuales los sufridos profesores y maestros han tenido y por desgracia siguen teniendo noticia durante varias generaciones.
Mi generación era la autoritaria: pero mi infancia fue feliz y no tuve traumas importantes, salvo mi horror a los insectos, jajaja.
Lo que quiero decir es que no equiparemos felicidad a absoluta libertad. Otra cosa es vivir como en la época de Dickens…
Y también quería decir que hay que considerar el medio en el que surge esta teoría: los británicos son conocidos por la absoluta rigidez de su educación, que generalmente se hacía (en aquella época)en internados, y la violencia física y moral se ejercia con absoluta libertad sobre los niños, creando verdaderos problemas. Y el poder de los profesores era abusivo y a veces ilimitado, lo cual considero erróneo. En los paises mediterráneos se han cometido muchos errores, pero en general no se ha sido demasiado rígido -salvo casos- con la prole.
En teoria el profesor se ha preparado para su función. Los que no nos hemos preparado para nuestra función somos los padres, que nos encontramos con un hijo, al que tenemos poco a poco que introducir en la vida y en la vida social, que constantemente necesita que tomemos decisiones y muchas veces nos equivocamos, y otras nos pasamos de la raya en nuestro afán de proteger a un ser que al principio depende exclusivamente de nosotros. El equilibrio es muy difícil pero es ahi donde creo que está la clave. Hay que tratar de que el niño aprenda que el fuego quema sin necesidad de tener que llevarlo a ugencias, hay que tratar de que no beba cualquier cosa porque un dia se beberá una botella de lejía. Sin embargo, hay otras cosas que no son peligrosas donde hay que hacer que ellos mismos experimenten lo que cuesta hacerlas.
En fin, me estoy enrollando porque tampoco he podido estudiar todos los comentarios, pero es un tema que me interesa muchísimo.
Y creo que si realmente se hubiera descubierto qué tipo de educación es la mejor, hubieramos dado un paso de gigante. El que aún estemos hablando del tema quiere decir que no se ha resuelto, que Summerhill pudo representar avances importantes pero no definitivos, y que sólo en determinadas circunstancias son exitosos los experimentos educacionales. Bertrand Russell hizo también experimentos en una escuela que creó y tuvo sus poroblemillas, por lo que pude leer en su autobiografía.
Bueno, se me acabó el tiempo. trataré de seguiros en lo posible, ya digo, que es un tema interesantísimo.
21 November 2008 a las 8:59 am
Sí, Javi. Pero si en un principio no te enseñan y te proporcionan un nivel mínimo de las distintas materias, difícilmente te puedes interesar por alguna de ellas.
Y que conste que a mí es al primero al que no convence este sistema educativo.
21 November 2008 a las 12:23 pm
Muy bien expuesto, Ariodante.
21 November 2008 a las 2:16 pm
Zen, en mi opinión has escrito una reseña estupenda sobre un libro que suscita un interesantísimo debate. Aunque aún no lo he leído, una buena amiga ha prometido prestármelo pronto y estoy impaciente por hacerlo.
Tras leer tanto el artículo como los comentarios, se me ocurre que el problema para la aceptación del método pedagógico del señor Neill aparece por dos motivos. Es totalmente diferente de lo que conocemos en general, y como humanos desconfiamos de entrada de lo desconocido, y toca una fibra muy sensible en la mayoría de las personas que es el desarrollo de los niños.
Yo también tengo experiencia en educación, soy educadora infantil de lo que se conocen como centros de acogida, y he podido comprobar cómo los niños, muchas veces procedentes de familias desestructuradas y habiendo sido criados entre la violencia o la indiferencia, aprenden y practican conductas beneficiosas para ellos, como individuos y como seres sociales, sin autoritarismo. Pondré un ejemplo sobre algo que se ha mencionado: la alimentación. No es tarea fácil lograr que un grupo de seis niños de entre tres y siete años coma todo tipo de alimentos, pero se puede conseguir sin recurrir al castigo si se felicita y premia con una golosina a los que lo hacen, aunque esto último no ocurra a diario por no ser saludable, sino algunos días de forma aleatoria.
En cuanto a las asambleas, cuando los niños se sienten responsables del buen funcionamiento del grupo, suelen ser incluso más duros con las sanciones que la mayoría de los adultos presentes, por lo que hay que explicarles que la consecuencia de un acto debe ser proporcional a la gravedad del acto en sí, y tienen más facilidad para asumir lo que es correcto y lo que no que si es el adulto quien lo impone.
Como es natural, cuando se educa a un hijo se tiene la dificultad añadida de la angustia que provoca el dolor o disgusto que pueda sufrir el niño si no se le impide determinada conducta, pero quizá no siempre deberíamos preocuparnos tanto. Me viene a la memoria el caso de un chico que decidió a los dieciseis años dejar de estudiar y buscar un empleo. Sus padres intentaron por todos los medios posibles que no lo hiciera, pero él se empeñó con la tozudez habitual de un adolescente y por fin se salió con la suya. Dos años después, cuando comprobó la desventaja de realizar trabajos mal remunerados, retomó los estudios con muchísima motivación.
Observando el aumento de los niños y jóvenes tiranos por un exceso de permisividad y sobreprotección que se produce desde hace unos años, se me ocurre que quizá no estaría de más cambiar los métodos educativos en los colegios y ayudar a los padres a intentar nuevas formas para educar a sus hijos. Pero temo que esto no es posible porque dudo que a nuestros gobernantes les apetezca trabajar para una ciudadanía realmente responsable y autónoma, formada por individuos críticos.
21 November 2008 a las 3:21 pm
Dices muy bien, Lilith: a nuestros gobernantes no les interesa para nada crear ciudadanos autónomos. Podrían recibir algunas críticas a su gestión. Por eso es tarea de los padres, a pesar de la falta de tiempo, del trabajo, etc, tomarse muy en serio la educación de sus hijos. Tratar de reponer las carencias de la escuela, no tanto en conocimientos sino en actitudes y comportamientos. Es una tarea ingente, y sólo en pequeños grupos se puede tratar de contrarrestar la espantosa influencia que cotidianamente reciben del exterior. Y no sólo del exterior: la televisión, que tanto bien podría hacerles, es transmisora de todo tipo de influencias negativas. En ese caso, hay que ser muy fuerte y resistir. En fin, sólo puedo decir que los que se deciden responsablemente a ser padres hoy en día son muy, pero que muy valientes.
21 November 2008 a las 6:28 pm
Sin lugar a dudas es un buena artículo porque ha generado un buen debate.
Lo primero que he vuelto ha hacer es leer el artículo de Zen. Quizás a veces peco de impaciente y escribo lo primero que me viene a la cabeza, soy consciente de ello y eso es una conducta que quiero intentar erradicar. Pero eso no es motivo Zen de decir que alguna de mis palabras o frases son absurdas, sinceramente creo que hay otras formas de decir las cosas y con la relectura de tu artículo y de todos los comentarios, me hago o reafirmo en mi primera opinión eso si, teniendo en cuenta que juzgamos el articulo ya que nadie excepto Zen y Javi ha leído el libro.
Sigues pensando que los niños deben de tener libertad total de elección para ser ellos mismos. Mira, mi experiencia en educación es pequeña como ya te he comentado aunque no te guste como lo diga, pero he aprendido una cosa (por cierto, educando también se aprende y se cometen errores), que a un niño, si le permites todo, es cuando se convierte en uno de esos niños consentidos y malcriados de hoy en día ¿y por qué es así?, porque hoy a los niños se les mete en una escuela desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde y los padres, que en muchas ocasiones se sienten culpables por el poco tiempo que pasan con ellos, les consienten todo.
Yo te hago una pregunta: ¿En que papel quedo yo como padre si aplico el método que nos expones?, ¿Para que estoy?.
Así que a los niños no hay que ponerles prohibiciones, bien,
¿Qué nos propones que debemos hacer los padres cuando?:
A) Meten los dedos en un enchufe.
B) No se quieren atar a la silla de seguridad del coche.
C) Cuando se niega a comer todo.
D) Cuando no se quiere vestir.
E) Cuando quiere ver dibujos animados durante horas.
F) Cuando cierra la puerta con un portazo con los deditos de la otra mano bien cerca.
G) Cuando cogen un cuchillo.
H) Cuando se comen una colilla del suelo.
I) ………………….esas me acaban de venir a la cabeza y otros parecidos nos ha comentado Koenig y Javi.
Yo te hago otra pregunta Zen ¿Llevarías a tus hijos a un colegio similar?, ¿Y tu Javi?.
Si Zen, cuando digo que divagamos mucho sobre tonterías pero no realidades me refiero en general, es la tercera vez que digo en LR que nos quedamos más con la frases o la palabra que con el contexto, y mira, he pecado yo también de lo mismo, porque más que un debate, a veces parece que estemos en un partido te tenis.
Hay un libro de Javier Urra que habla sobre educación y comportamiento infantil, “El pequeño dictador” que dice textualmente: “Un niño necesita tener límites para ser feliz”, evidentemente, son postulados diferentes.
Y una reflexión: ¿No es quitar libertad a un niño llevarle a un centro educativo u a otro?, ¿No debería de empezar por ahí la libertad?.
21 November 2008 a las 7:34 pm
Sito, me haces preguntas cuyas respuestas ya están expuestas. No obstante, con el tiempo del que dispongo te contestaré a dos, aunque, repito, ya están dichas más arriba.
No, no llevaría a mis hijos a ese colegio. Las razones ya las di.
¿Que para que están los padres? Para poner límites (ya hemos repetido mil veces la diferencia entre libertad y libertinaje y qué es lo que los niños han de respetar; nadie dijo que pudiesen hacer lo que quisieran y, según voy leyendo, en ese colegio eran más disciplinados con ciertas normas de lo que lo son en la mayoría de familias que creen ser disciplinadas), para servirles de espejo (también lo dije) y para darles amor, mucho amor. Eso sobre todo, Sito. ¿Acaso te parece poco?
Lo que sí me gustaría que me explicaras es lo del partido de tenis. No sé porque tienes esa sensación, de verdad.
Un abrazo.
22 November 2008 a las 12:03 am
Por cierto, Lilith, interesantísima aportación. Que sepas que he cogido apuntes.
22 November 2008 a las 4:24 pm
La verdad Javi es que no encuentro en tus intervenciones esas razones, pero las volveré a leer con más detenimiento. De todas formas ya lo hablaremos.
Habláis Zen y tu mucho de la diferencia entre libertad y libertinaje, pero ¿Hasta que punto está el límite entre las dos conductas? ¿Y quien pone ese límite?, pero evidentemente y como bien dices a los hijos hay que darles mucho amor pero yo pienso que también hay que poner límites, ¿no?
Respecto al partido de tenis, quizás este tema habría que hablarlo en otro hilo, pero insisto, hablamos (todos) de una manera muy tajante y nos dedicamos más a sacar del texto de una intervención frases sueltas y analizarlas que a analizar en sí la intervención como texto. Es una opinión personal claro.
23 November 2008 a las 6:43 pm
Koenig, tu comportamiento con tu niña es sin duda, según cuentas, extraordinario. Solo cabe felicitarte por la dedicación mostrada a observarla y tratar de entenderla. Pero no es el común. Las preguntas y respuestas que formulo buscan sencillamente reflexionar, yo incluido, viendo vuestras respuestas. Sobre lo que comentas de ir vestida con el pijama, resulta curioso pues unos días antes de tu comentario lo estuve hablando con un amigo y sobre la película “Un papá genial” donde se aprecia ese aspecto aunque no para acudir a clase, sino simplemente a la calle.
Lilith, gracias por tu comentario. Estoy seguro que el libro te va a encantar. Por lo demás estoy de acuerdo con lo que comentas.
Javi, de nuevo de acuerdo con tus exposiciones.
23 November 2008 a las 6:47 pm
Sito, estoy de nuevo de acuerdo con Javi, vuelves preguntar cosas ya respondidas con anterioridad. Y de nuevo te precipitas con tu frase “Sigues pensando que los niños deben de tener libertad total de elección para ser ellos mismos”. En ningún momento he dicho eso. Dentro de mi primera respuesta escribo la frase “la libertad individual (entendiéndose que siempre existirán limitaciones)”. No existe libertad total ni para el adulto ni para el niño. Es contrario a la supervivencia en sociedad sin un nivel de comprensión y conciencia elevado. Claro que siempre tiene que haber limitaciones de algún tipo.
Pero no confundas porque aquí no se juzga mi artículo como dices. No se juzga nada. Se debate y reflexiona sobre un modelo educativo plasmado en un libro que se reseña.
Sobre tu pregunta: “¿En que papel quedo yo como padre si aplico el método que nos expones?, ¿Para que estoy?” Pues serías ser el mayor dador de amor y aprobación, te parece poco. Siempre dejando claro que tú estás sujeto a respeto del mismo modo que tu respetas a tu hija.
Vamos ahora con el test:
A)No se como son los enchufes de tu casa, en el de la mía no caben los dedos de un niño. Sobre como prevenir que introduzcan algo que les de corriente pues existen objetos para tal efecto en ferreterías. El niño es un explorador y querra tocar y coger todo lo que vea y encuentre. Si le dejas algo dañino cerca la responsabilidad no será de él, ni tendrá que ver una prohibición. Quedará plasmada tu irresponsabilidad.
B)Es una cuestión compleja. Sin duda es una exigencia para ti y que tú trasladas a él. Debes comprender entonces que él no lo entenderá. Nuestra generación no iba en silla ni teníamos que ir atados, te puedes imaginar la gracia de ir atado en un coche ¿y queremos que no lloren? Representa todo lo contrario a la vida en un niño pero las normas están impuestas por ley, y por ello en este caso juega un papel importante del padre hacerle comprender tal situación.
C)Dejarle ir. ¿Crees que un niño es capaz de pasar tal hambre, que no coma de nada? Sencillamente respetar su ciclo. El libro habla sobre la primera infancia y los períodos de lactancia. Muy interesante. Muchas veces entran en juego la variedad de productos que se le ofrecen y eso es lo que hace que el niño se niegue a comer lo que se le da. No se puede comparar unas judías verdes con una chocolatina. Hacerle ver al niño la diferencia sin obligaciones y prohibiciones puede resultar una respuesta en este caso. Evidentemente no se le da de comer cuando lo pidiese, debe entender que las horas de comidas son unas. Lo contrario sería hacerle consentido.
D)Aquí de nuevo te recomiendo el libro. El hecho de que no se quiera vestir responde a una actitud de rebeldía por o contra algo.
E)Si puede hacerlo no veo el problema, ya se cansará. Los dibujos animados son un mundo muy atrayente para los niños. Y no comparto el hecho de que hagan daño si se ven muchos. Quizás alguien aquí pueda mostrarme razones al respecto. Yo las desconozco.
F)Es un hecho aislado. No creo que se dedique a dar portazos poniendo sus dedos cerca.
G)Sin duda el problema lo tiene el padre o la persona que le permita esa acción. Es una cuestión de irresponsabilidad del adulto como en A).
H)De nuevo hay una irresponsabilidad de los adultos. Bien de aquel que echa una colilla al suelo, bien del que no lo limpia adecuadamente, bien del que lleva a su niño a un lugar no apto higiénicamente en una edad no apta.
Sobre si llevaría a mi hijo a un colegio así, la respuesta es sí.
Por cierto que un partido de tenis solo se da cuando se debate sin reflexionar. Por mi parte analizo y reflexiono sobre todas las contestaciones que se dan.
Espero haber respondido a todas tus preguntas.
24 November 2008 a las 12:09 pm
Buenos días.
Tardo un poquito en contestar, pero no consigo evitar meterme en líos.
Para empezar tengo la sensación, formas arriba o abajo, de que todos los planteamientos que estamos haciendo convergen hacia una misma postura. Cada uno desde una dirección distinta tal vez, pero convergen, y no hay demasiada discrepancia entre las diferentes posturas. Aunque igual me equivoco.
En segundo lugar comentaba Javi mas arriba el caso del móvil de última generación. Y se me ocurre añadir aún mas conceptos a este problema: la ropa de marca, los programas de televisión, los videojuegos…
Como educadores proponemos un sistema de valores a nuestros hijos. Uno que básicamente es el nuestro, aunque debemos aceptar que ellos vayan descubriendo y ampliando, o si es necesario incluso, cambiando, esos valores, a lo largo de su desarrollo. Ese sistema de valores es individual, de cada padre y de cada hijo.
Pero tampoco podemos olvidar que vivimos no vivimos solos. Que nuestros hijos se desarrollan en una sociedad que los bombardea con un montón de ofertas y de necesidades que, si a nosotros nos parecen superfluas, a ellos les pueden parecer imprescindibles. Véase el móvil de última generación.
En el ejercicio de su libertad ¿Pueden comprarse este tipo de móvil? Por mi parte si, cuando quieran. Espero para entonces haberles transmitido la suficiente capacidad crítica como para que ellos mismos distingan si realmente lo necesitan y que uso van a hacer de él. Ahora, con diez años el único ejercicio de libertad que tienen (porque normalmente no tienen los medios para comprarlo) es el de pedirlo. Argumentando o exigiendo. Entonces la decisión debe tomarse en común padres-hijo, ya que son la libertad y los criterios de ambos los que están en la balanza. Me voy por las ramas.
El caso es que a la hora de tomar la decisión de comprarle a mi hijo un móvil de última generación, o permitirle ver un programa determinado de televisión, o comprarle un zapatillas marca “tontin”, sólo puedo basarme en mi propia experiencia, en mi sistema de valores y en el de mi hijo y en lo que me transmite de su percepción de lo que necesita. Personalmente se lo que es llegar un día a clase y que todo el mundo esté comentando el capítulo del día anterior de tal o cual serie, y quedarme mirando con cara de pazguatito y sin enterarme de lo que pasa. Supongo que algo similar puede pasar con los móviles o con la ropa de marca.
¿Qué hacer? Insisto en que depende mucho de la situación. Pero tampoco podemos permitir que nuestros criterios nos aíslen por completo de la sociedad en la que vivimos. Ojo, por completo, que aislarse un poco no viene mal de cuando en cuando.
En fin, por suerte el problema del pijama suele solucionarse solo antes de que venga el del móvil.
Saludos.
24 November 2008 a las 12:14 pm
Se me olvidaba lo del lago.
Una cosa muy divertida que nos hacía mi abuelo era, con todos los controles necesarios, por supuesto, hacernos saltar a la piscina con la ropa, y practicar el quitárnosla bajo el agua. Aprendimos que la ropa mojada pesa. Y que sin perder los nervios hay que deshacerse de ella.
Por si el lago cambia de sitio repentinamente…
Con respecto a que mi comportamiento con mi niña sea extraordinario, amigo Zen, me halagas, pero seguramente también cometo muchos errores que no se han mencionado aquí.
Saludos.
24 November 2008 a las 11:44 pm
Otra gran exposición Koenig, la verdad es que es un placer leerte, se denotan de tus palabras mucha sensatez.
Pues nada Zen, ha sido una gran exposición. No te contesto al mismo no me vaya a precipitar.
Abrazos
25 November 2008 a las 2:19 pm
Alguien dijo una vez que la educación, no es que sea difícil, es que es muy larga.
Me ha gustado el artículo, sí señor, Zen. Como en todo, la teoría que defiende el libro, tiene su parte de acierto y su parte errónea, porque si no, sería la panacea y eso no existe en la educación porque individuos hay para elegir y sobran más.
Me parece que es uno de los pocos debates que solo por el hecho de existir, es productivo, pues siempre se aprende algo.
Cuando era niña, juré en numerosas ocasiones no hacer nunca lo que mis padres hacían conmigo a mis hijos. El tiempo me ha enseñado porqué hicieron algunas cosas y que otras se pueden hacer de otra manera. En todo ese proceso me ha ayudado la experiencia de otros y tener el interés suficiente en mejorarlo.
Nunca sabes si lo que haces dará un resultado satisfactorio, sólo que es lo que crees correcto. Eso sí, hay que valorar los resultados y sacar conclusiones de los errores y aciertos.
Así pues, creo que es importante (Sito, te copio el esquema):
a) Dedicar atención a la educación, tener un hijo no es tener una tomatera en la ventana.
b) Predicar con el ejemplo más que con las palabras. Los chicos son unos jueces implacables.
c) Coherencia de criterios.
d) No someter al chantaje emocional. El amor filial no puede ser una carga ni moneda de cambio para conseguir un propósito.
e) El valor de la alabanza, a veces es más fácil corregir que alabar.
f) Disfrutar de nuestros hijos, no verlos como los deberes de los padres. Conocerlos requiere una dedicación y un tiempo que además facilita la tarea.
g) Educarlos sin complejos. Es muy difícil mantener posturas en las que no se cree firmemente y más tal y como está el mundo.
h) Humildad para saber rectificar. Nadie es infalible y un hijo no es una propiedad.
i) Sentido del humor… mucho, mucho, mucho.
Y quererles, por encima de todo.
Los límites… ¡ay, los límites!. Solo puedo deciros cómo funciono yo. No será lo mejor, pero es en lo que creo: No son inamovibles en el tiempo, se van adaptando a las circunstancias y a las edades, sin traumas, tampoco son caprichosos ni innumerables, pero si existe la razón para poner los que hay en ese momento, procuramos que sean firmes, porque si no… no sirven ni tiene sentido usarlos.
25 November 2008 a las 4:46 pm
Gracias por tu comentario, Aretes (sinceramente ya te echaba de menos).
No se si el artículo es bueno o no, el libro sin duda, pero tu aportación me ha dejado sin palabras. Excepcional se me queda corto. Y sobre el “nonálogo” que te marcas decirte que tendría que ser el “padre nuestro” de los padres, pero ¡ay! que difícil, no ya la coherencia, la humildad y la dedicación, sino sobre todo lo del sentido del humor…
25 November 2008 a las 8:56 pm
¿Nada que objetar? Aaaaaaaaaaanda ya…
25 November 2008 a las 9:47 pm
Jajaja ¿Estaré perdiendo facultades?
25 November 2008 a las 11:08 pm
Hola Aretes!!, es un placer verte por aquí.
Estoy completamente de acuerdo con tu exposición y me ha gustado mucho como describes en que consisten los limites, coincido plenamente contigo.
26 November 2008 a las 12:35 am
Lo del “nonálogo” me ha gustado. Sólo se me ocurrieron nueve, seguro que alguien puede añadir alguna más.
26 November 2008 a las 11:44 am
Bueno Aretes el “nonálogo” lo cierras con un décimo postulado que es quizás el principal y que engloba al resto y por ello tal vez no le dotaste de letra: “Y quererles, por encima de todo.”. Así pues tenemos un decálogo, como los mandamientos, y si en 2000 años nadie ha añadido ninguno, no seré yo quien ponga una coma a tus diez puntos. Así que, dejando al margen la numerología y tu cuadratura divina, no me queda más remedio que convertirme al Aretismo en el ámbito educacional. Sí, definitivamente me declaro Aretista.
27 November 2008 a las 12:14 am
Vamos, vamos… estrúja un poco ese cerebro, Zen. Además un aretista que se precie siempre encuentra una segunda vuelta. Una pista: ¿aceptas límite como animal de compañía?
27 November 2008 a las 12:29 am
(Eso sí, el último comentario me lo voy a enmarcar, que una también tiene su corazoncito.)
27 November 2008 a las 12:49 pm
Jajaja ¿pero es que también tú quieres enfadarte conmigo?
Sobre los límites creo que tú postura al respecto, en el ámbito en el nos movemos socialmente es bastante correcto pues como ya he comentado varias veces no existe ninguna libertad absoluta salvo una: la libertad de pensamiento. Para la acción del individuo siempre se requieren ciertos límites que permitan la convivencia social. Se nos llena la boca al hablar de libertades y nos hace sentir más importantes pero todas tienen ciertos límites lo cual resulta algo contradictorio ¿no?
Tu exposición me parece de lo más coherente, no pueden mantenerse estáticos pues dependen de diversos factores que desde luego no son inmutables, así que el hecho de ser consciente de ello por parte del sujeto que los establece, en este caso los padres, me parece de lo más positivo. Eso sí los límites fijados a niños requieren ser conscientes también de la psicología infantil para el bien de esos mismos niños.
Así que lo siento, te habré defraudado lo sé, pero, yo al menos, no encuentro peros a tu argumentación.
27 November 2008 a las 1:41 pm
¿Enfadarme? ¡Por nada del mundo!
Nada, nada… me quedo con la conversión al aretismo.
27 November 2008 a las 4:07 pm
Pues para muestra un botón:
Aretes nuestra que estás en el suelo
Santificados sean tus medios
Venga a nosotros tu criterio
Hágase tu voluntad
Aquí en la casa como en el colegio.
Danos hoy la lección de cada día
Perdona nuestras trastadas
Como también nosotros perdonamos a los que nos limitan
No nos dejes caer en la sinrazón
Más líbranos de odiar
En el nombre de Aretes, y de LR y del niño querido
Amén.
¿Qué, que no?
27 November 2008 a las 9:48 pm
Jajaja, muy bueno. Se lo mandaré a mi psicólogo.
Y… en el suelo, no sé, pero después de 12 horas de trabajo con sanwich incluido, “por los suelos” sería más preciso.
24 January 2009 a las 7:30 pm
Tengo mucho tiempo de conocer y de haberme enamorado de la simpleza, franqueza con que Neill expones sus puntos de vista respecto a la educación infantil y el niño. Ojalá muchos padres tuvieramos la valentia de reflexionar seriamente delante de sus tópicos. Quien dice que los padres por mas que queramos, somos buenos padres per se, tragarse ese mito del amor de los padres para justificar la incapacidad que tenemos de respetar a nuestros hijos, en estos tiempos ya no se justifica.Primero leamos a Neill sin recelos ( cosa muy dificil) y luego, cada quien con su conciencia.Disculpen la intromisión.
24 January 2009 a las 7:57 pm
Nada que disculpar, sabado. Coincido contigo en todo pero sobretodo en ese “Ojalá”. Nos iría mucho mejor, y a la juventud más aún.
2 May 2009 a las 3:57 am
MI QUERIDO ARIODANTE, ESPERO QUE EN TUS PROXIMOS COMENARIOS DEJES DE LADO ESA PEDANTERIA INTELECTUAL QUE SE DETECTA EN TU COMENTARIO. AGRADECEREMOS MUCHO TU OPINION PERO SIN SNOBISMOS NI PEDANTERIA INTELECTUAL.
2 May 2009 a las 4:01 am
ESTIMADO SITO, ESO QUE EXPONES EN TU CRITICA ES LO MISMO QUE PROPONE A.S. NEILL, AL ENSEÑAR EL RESPETO A SI MISMO Y A LOS DEMAS HACIENDO RESPONSABLE A CADA QUIEN DE SUS DESICIONES. TE RECOMIENDO QUE LEAS EL LIBRO Y NO SOLO EL ARTICULO.
4 May 2009 a las 11:50 am
Lo siento Summer, pero no veo yo esa pedantería intelectual que escribes tan reiterativamente y que dices tiene el comentario de Ariodante. Yo agradecí su comentario tal cual y los que vinieron detrás que seguramente no has leído. Poner un comentario para decir lo que dices, sin leer todos los que hay, sin una argumentación sobre tu punto de vista, etc no deja de ser, desde mi punto de vista, una provocación cargada de malicia. No sé que pretendes pero no se aprecia que pueda ser algo bueno. Claro que luego está la inteligencia emocional de cada uno para tenerte o no en cuenta.
1 August 2010 a las 5:41 am
Hola, yo lei Summerhill, soy de Argentina, no lei todos los comentarios, pero puedo decirles que es un libro muy bueno, revolucionario y que realmente abriría muchas puertas a la educación de niños a los cuáles hoy se los considera como problemáticos en las escuelas públicas. ¿Equivocado Neill con su método? no lo creo, al contrario, sería bueno, que cada maestro que ingresa a un aula a dar clases, tratara de esta forma a los alumnos. Hoy creo, que la Psicología es una materia importante en la carrera docente, ya que permite más alla de la pedagogía, corregir defectos en los niños y facilitarles su camino hacia en aprendizaje. Neill, soñaba en esa época con una religión y una sociedad realmente tolerante y comprensivas, cosa que el mundo de hoy no lo permite. Deberíamos todo poner nuestro granito de arena y tratar de solventar los daños, por las generaciones futuras.
1 August 2010 a las 11:33 pm
ompletamente de acuerdo, Nancy. Creo que es un libro que todo profesor debería leer para observar un enfoque distinto, que mira tanto o más por la educación emocional del niño que por la puramente técnica.
20 February 2012 a las 11:21 am
Lei el libro hace muchos años al casarme, por si podia ayudarme a ser mejor padre….me interes´p lo que dice, y procuré adoptar sus soluciones a los problemas reales de mi familia en lo que pude. Pienso que mis dos hijas son por ello mucho más autosuficientes y autodecisorias
que la media de sus amigos. positivo bien el tema.
Pero hay una ligera sombra en este tema de Summerhill: comenta el autor que de crio cuando iba al cole en el carro con sus hermanos, nevando y con un frio intenso, sus padres les daban para superar el frio pan mojado con whisky! Y lo apostilla con que “no por eso se convirtio en alcohólico…”
Hoy, dudo que ningun padre considerara siquiera dar a su hijo pan con alcohol, por mas frio que hiciera, además quie seria a todas luces un delito..contra los derechos del niño que se supone se defienden en este particular método.
Saludos.