LOS TRES MOSQUETEROS I. En defensa de una obra maestra
23 Jul 2007, por Caesar :: Literatura: Comentarios de libros, ¬> Aventuras, ¬> Novela histórica 8 Comentarios | 4,483 views
Mucho que hablar ha dado aquí la sección de los 50 mejores libros. Y conste que me ha dolido en el alma no ver entre ellos la novela (Con 7 libros en la última edición en mi país, con un grosor que le daría dolores de cabeza a más de un profano literario) que constituyó mi libro de cabecera durante mis años de niñez y adolescencia y que aún hoy no es capaz de empolvarse en mi librero, porque cualquiera de ellos me hace recordar y no resisto la tentación de abrirlos en cualquier página y comenzar a leer desde esa misma, provocando la burla o la admiración de quien me vea hacer tal cosa.
Hablo de quizás la más conocida y más leída obra de Alejandro Dumas (Me atrevo a pensar que más que el Conde de Montecristo), la historia de 4 valientes que andan derrochando coraje e ingenio a lo largo de una trilogía que se hace más extensa a medida que avanza y cuyo final haría palidecer a más de un director de cine actual, de los que siempre se las arreglan para terminar la película en una escena que apesta a sugerencia de secuela.
Hablamos, para no dilatar más la presentación, de Los Tres Mosqueteros.
La primera novela, cuyo nombre es precisamente éste, transcurre en la Francia de inicios del Siglo XVII. Hacia 1625, Luis XIII de Borbón gobernaba Francia. Las guerras religiosas habían pasado hacia ya dos generaciones y Francia estaba en paz. Y entonces… ¡Esperen!… Dije que Luis XIII “gobernaba” Francia. ¡Qué error el mío! El pobre Luis no era capaz de gobernarse a sí mismo.
Quien en realidad gobernaba era Armand-Jean Du Plessis, Cardenal-Duque de Richelieu, aunque en la época a que nos referimos aún no era duque, pero eso no viene al caso.
Volvemos y dejamos las divagaciones. Luis XIII era el rey de Francia y su primer ministro, el cardenal Richelieu, estaba a cargo del gobierno. Su eminencia, cuya figura ha sido tan maltratada por las adaptaciones al cine y a la televisión que todos hemos visto, tildado hasta de cobarde en algunas ocasiones, fue un gran estadista, un militar frustrado que usaba sotana por problemas de salud y que se las arregló para demostrarle al mundo que podía usar espuelas de soldado bajo la sotana de cardenal.
¡Pero bueno! ¡Que me dejo llevar por la historia y olvido la literatura! Muy propio de mí, por otra parte. En fin, en la época que ya he retratado demasiado, un joven bearnés (de un pueblo de Gascuña) cabalga rumbo a París. En un caballo viejo y maltrecho, con la vieja espada de su padre al cinto y sus ilusiones con algún dinero en la bolsa que pronto perderá, está lejos de pensar que llegará a los salones de un gran rey en sólo 3 libros y 30 años, pero ya llegaremos ahí.
D’Artagnan, que así se llama nuestro héroe, llegará a París con algunos contratiempos, pues conocerá en el camino al Conde de Rochefort, alma maldita del cardenal que le perseguirá a lo largo de esta primera novela, hasta el mismísimo final y con quien volverá a encontrarse en la siguiente.
Luego será presentado al señor de Treville, a quien llevaba una carta de su padre, pero esta carta la perdió por el camino. Sólo llega a París con una espada rota y teniendo que vender el caballo para tener algo de dinero.
Mosquetero de corazón, su primer duelo, y el segundo, y el tercero, es con mosqueteros de su majestad: Los señores Athos, Porthos y Aramis, quienes dan nombre a la novela.
Y por qué no “Los 4 mosqueteros”, se preguntarán ustedes? Ah! Es que D’Artagnan no será mosquetero casi hasta el final de la novela.
Pero este duelo triple será su primer enfrentamiento con sus enemigos jurados: Los guardias del cardenal, quienes rivalizan con los mosqueteros en todas partes. Richelieu ha prohibido los duelos, pero los valentones de París no se han querido enterar de esto y las espadas suenan por todas partes complementadas con los ayes de los heridos.
Sublime es la escena relatada por Dumas donde los mosqueteros, a punto de batirse con D’Artagnan, deben unir fuerzas con éste para batirse con los guardias del señor de Jussac, quien es herido de gravedad en el lance. Y el valor del señor de Biscarat, cuyo personaje Dumas volverá a utilizar casi al final de la trilogía, como sacado de la manga, en la persona de su hijo (el de Biscarat, no el de Dumas).
D’Artagnan, tras el lance, es presentado al rey, que había ya tenido una discusión con Richelieu al respecto. Luego seguirán una serie de brillantes aventuras donde debe ir a la guerra con sus amigos, y recuperar los herretes de diamante de la reina, en poder de su supuesto amante, el Duque de Buckingham (El cuál es además el primer ministro de Inglaterra).
Athos, nombre tras el cual se esconde un aristócrata, el conde de la Fère, es noble, altivo, generoso siempre, excepto cuando se trata de cumplir una promesa, aunque ésta sea quitar la vida a alguien. Sólo ha tenido un amor en su vida: Anna de Breuil, y ese amor lo marcó de por vida. Pues la pura y hermosa señorita de Breuil, futura condesa de la Fère, es una criminal marcada con la flor de lis, la marca infamante de los verdugos franceses, que irónicamente, también es el símbolo de la realeza. Al encontrar Athos esto en el cuerpo de su amada, la ahorcó y desde entonces ha huido de su origen noble, refugiándose en el uniforme de mosquetero. Athos es el alma noble de los 4 amigos, por quienes siempre está dispuesto a dar la vida. Su lacayo Grimaud, a quien él ha enseñado ante todo a callar, es la viva estampa de su amo.
Porthos, señor Du-Vallon, es el clásico Hércules con cerebro de mosquito. Fuerte, hasta el extremo de ser comparado con Milón de Crotona, es bonachón hasta decir no más, obedece en todo a sus amigos y confía en la sagacidad de D´Artagnan y en la astucia de Aramís, ante todo. Esta confianza ciega lo meterá en problemas. Su sueño, ser noble, barón y después duque. Y llevar a donde quiera a su criado Mosqueton, ejemplo de fidelidad.
Aramís, Anagrama de Simara (un demonio), como le llama alguna vez su lacayo Bazin, es el abate Herblay. Valiente y astuto, frío y calculador, Aramís es la inteligencia como D’Artagnan, pero es la inteligencia refinada y la fría crueldad, unido a una increíble habilidad con la espada.
Finalmente D’Artagnan, de procedencia pequeño-burguesa, une a su valor sin límites la astucia propia de un gascón. Lo que no piense el gascón, es imposible, diría Aramís una vez. Y tenía razón. Su sueño: Ser mariscal de Francia. Su lacayo: un circunspecto Planchet.
La juventud de D’Artagnan le hace meterse en problemas. Enamorado de Constance, dama de compañía de la reina Ana de Austria, flirtea con Milady de Winter, agente a sueldo del Cardenal. Este drama terminará trágicamente.
Estando nuestros amigos en el sitio de la Rochela, donde los hugonotes (protestantes franceses) sitiados por Richelieu, esperan la ayuda del duque de Buckingham, descubren un complot tramado entre Milady y el cardenal para asesinar al duque. De inmediato le escriben a Lord Winter, cuñado de la nombrada Milady y amigo personal de Buckingham, avisándole de los planes del primer ministro (En nuestros tiempos eso sería traición y algo me dice que en aquellos tiempos también)
En el intermezzo, Athos descubre que Milady de Winter no es otra que Anna de Breuil, su antigua novia. Pero ella escapa a Inglaterra, donde es detenida por Lord Winter, que además del aviso de D’Artagnan sospecha que ella es la culpable de la muerte de su hermano, de quien ahora es viuda.
Encerrada en un calabozo, Milady protagoniza otro de los dramas mejor narrados de Dumas: Seduce con sus artes de mujer a un noble e ingenuo carcelero, hombre de confianza de Winter, para que la ayude a escapar y asesine al Duque de Buckingham.
Felton, que ese es su nombre, cumple con la palabra empeñada a la que el creía ingenua y mancillada Lady Winter. Asesinado Buckingham, Milady escapa a Francia, donde se las arregla para cometer otro horrendo crimen: Envenenar a Constance Bonacieux, el amor declarado de D’Artagnan.
Reunido Winter con nuestros 4 amigos, se le une uno más: el verdugo de Bethune, quien le hecha en cara a Milady haber perdido a su hermano, que se suicidó en prisión. Jueces, acusadores y verdugos se mezclan en una noche a la orilla de un río y Milady de Winter paga sus crímenes con su hermosa cabeza rubia.
La novela se nos va entre las manos. Nuestros 4 amigos regresan a París. Los mosqueteros se retiran poco a poco. Athos a su hacienda de La Fère, Porthos a casarse con una baronesa y Aramís a su vida clerical. D’Artagnan, quien por propuesta de Richelieu ya era mosquetero, pasa a ser de manos del cardenal Teniente de Mosqueteros de su Majestad (¿No que era tan malo el señor Primer Ministro?) En cuanto al conde de Rochefort, después de tres duelos en toda regla, se declara amigo de nuestro gascón.
¡Esto es un desastre! Quería relatar los tres libros en un artículo y ya me he metido en camisa de once varas. Espero que tres artículos alcancen, porque ya con Roma me basta.
Continua en: LOS TRES MOSQUETEROS II. Veinte años después.

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23 July 2007 a las 1:39 pm
Bienvenido, Caesar. Aquí te tenemos de nuevo, con uno de tus “pequeños” artículos.
30 July 2007 a las 12:07 pm
[...] “El Conde de Montecristo”, “El Tulipán Negro”, “Los tres Mosqueteros”… son muchas las obras que le dieron fama; pero en la redacción de gran cantidad de estos libros cooperaron varios colaboradores: el más importante sería Maquet que, para que sirva de apunte, como escritor en solitario no paso nunca de popular aunque mediocre, salvándose quizás los libretos de ópera y obras históricas como “Las prisiones de Europa”; eso sí, Maquet sí murió rico, y en 1922 sus descendientes consiguieron que se le reconociese la coautoria del Conde de Montecristo. [...]
31 July 2007 a las 1:19 pm
[...] LOS TRES MOSQUETEROS I. En defensa de una obra maestra1 [...]
31 March 2008 a las 11:25 am
[...] Hasta aquí el argumento. Más no les quiero contar por aquello de no desgraciarles –aunque no es que sea una historia especialmente complicada tiene su gracia ir descubriéndola- la novela. Ahora vamos a destripar un poco el libro en sí. Les comentaba antes que, pese a cumplir una serie de requisitos, no me había parecido una novela histórica, si no una novela clásica de aventuras. Si bien es cierto que se desarrolla en un marco histórico conocido, no es menos cierto que el autor se salta cuando le conviene ciertos hechos históricos a la torera, así que, si me permiten la osadía, considerarla novela histórica sería como considerar también como tal Los Tres Mosqueteros. Por otro lado, hay en el texto, y de forma continuada, llamadas de atención al lector en plan “si ustedes recuerdan tal o cual sitio sabrán de qué les estamos hablando”. Y si bien eso permite quizás que sea más fácil visualizar tal o cual escenario, no entra dentro de lo que hoy se considera normal en el género. Así que, en lo que a un servidor respecta, no entra en el dicho género. [...]
28 April 2008 a las 2:28 am
la verdada es q es mucho neccesito un relato pequeño no me sirve sigo buscando a ver en donde hay otro mas corto y cn palabras entendibles
28 April 2008 a las 2:36 am
Defina “palabras entendibles”, joven…
28 April 2008 a las 10:53 am
Casi que no, Le_baron, mejor que no las defina.
29 April 2008 a las 12:39 am
Jospa. Pues ahora me quedo con la duda. ¿Conseguiría quizás que definiera “signos de puntuación”?