RAY BRADBURY. Escribir para no estar muerto, y otras metáforas, 1ª Parte.

Ray BradburyAhora creo que roza la irreverencia el haber pensado por un instante siquiera que apoyarme en la silla plegable de lona que tengo aquí detrás era buena idea: “Ray Bradbury”, acabo de ver que me leen en mayúsculas blancas las letras de director de su respaldo, que parece firme gracias a la fila de libros que ha encontrado acomodo en el asiento, expandiendo sólo un poco, pero con efectividad, las funciones del estante abarrotado -uno de tantos, de tantísimos- que delimita, frente a la pared, el pasillo lateral y recogido en el que acabo de detenerme. Pero, por suerte, he evitado a tiempo el sacrilegio de asociar ese objeto a que me haya podido la impaciencia para hablar por teléfono sobre mi anfitrión, cuando apenas ha desaparecido de mi lado.

Y me alegro, además, porque acabo de ver a John Houston ahí delante (el Pequod, de estantes; las hojas, las olas) gritándole a Ahab. Que, a su vez, vocifera a la Ballena. (Que, a su vez, se hunde). Y a mi lado vuelve a estar, sentado en la silla y contemplando la materialización de su escrito, de lo adaptado con el permiso (y la bendición, me atrevería) de Herman Melville, allá por 1956, quien acaba de dejarme repasando conversaciones asombrosas en su revuelto pero acogedor armario de E.T. (como él dice…), en su cámara de las maravillas, en su laberinto del tesoro.

Me giro para observar mejor, pero sólo consigo ver que las cosas vuelven a ser lo que supuestamente deben, y descubrir que hay decenas de ediciones distintas de la obra rodeándome (y no menos documentos y manuscritos utilizados para la creación de aquel guión), aunque no tantas como primeras impresiones de Julio Verne. Y de H. G. Wells. Verdaderas joyas. Asombroso.

Se entremezclan no muy lejos con algunas de sus ediciones propias, recopiladas. Sus cuentos, sus novelas… Y me acerco, y toco, y bebo “El vino del estío”, y eso me hace escuchar con claridad la voz de las cejas blancas y de la sonrisa buena y permanente, ver otra vez el brillo, siempre tras las gafas, de unos ojos que se han humedecido sin pudor al contarme hace un momento cómo a veces, en mitad de la noche, cuando no puede dormir, se acerca hasta el salón y coge uno de sus libros (quizá, alguna vez, fue éste mismo), y lee un fragmento, y se dice: “Dios mío, Dios mío. Yo escribí esto. No puedo creer que yo escribiera esto”.

Y que cuando eso ocurre llora, porque es escritor, porque se siente como un dios que puede dar y que da cosas, y porque no ha perdido la capacidad de sorprenderse a sí mismo de esa manera, de que su propia obra le regale esos momentos, una vez, y otra, y otra.

La voz reclamadora desde la silla me hace dejar el libro en su lugar, y recogerla, y regresar.

- Ojalá hubieras podido venir y conocerle – repito, aún sabiendo que lo hago.

- Tendrías que haber visto su expresión cuando me hablaba del pueblo en el que vivió hasta los catorce años, el que luego ha representado tantas veces de una manera u otra en sus obras (creo que te lo dije, nació a principios de la década de los veinte en Waukegan, al norte de Illinois; es estadounidense. Ya, bueno. Sí, que lo sabes). De las tres casas en las que pasó su infancia. De las tres bibliotecas, o de la triple que conformaban. Pues sí. Tres. Imagínate…

Mientras yo también imagino, espero pasos e inspecciono la escalera que baja desde las habitaciones superiores, tan soleadas por la luz de California, hasta este laberinto de libros y objetos que sugieren o revelan historias en cualquier lugar que tropiece los ojos, y que son iluminados por dos enormes fluorescentes blancos (y cálidos, sin embargo) que atraviesan el espacio sobre su mismo centro corazón: el despacho, la mesa… la amada y diariamente utilizada máquina de escribir gris perla.

No obstante esta disposición, su luz sirve bien, como decía, para iluminar todo el sótano, y sobre todo para proclamar los colores brillantes de las acuarelas y dibujos que la capturan de soslayo, apilados cerca de la mesa y sobre unas cajas, y junto a un revoltijo de carpetas, ficheros y, sobre todo, de libros, libros y más libros. Por todas partes. Sobre terror (custodiados por el cuadro de una casa misteriosa, tanto, que no cuenta ni con ventana alumbrada), fantasía, ciencia-ficción… Y sobre clásicos, literatura inglesa, literatura, en general… Y tantas primeras ediciones.

Y mi anfitrión que aún no vuelve. Así que sigo hablando, y me apoyo, ahora sí, contra esta pared escondida. La única sin libros.

Ray Bradbury. Argosy- La primera casa, “La Gran Casa” –retomo y continúo, – la de los abuelos Bradbury, con “Alicia en el País de las Maravillas”, “El Mago de Oz” o los “Cuentos de los hermanos Grimm”, aparte de miles de relatos cortos y novelas varias. Otra, la del tío Bion, con todas las historias de Edgar Rice Burroughs: “John Carter de Marte”, “Tarzán de los monos”… Y después, la propia, la de su padre que, aparte de sumarle sus libros, leía todas las noches la revista “Argosy” (digamos que la primera de las que llamaríamos hoy en día “Pulp”, con relatos de terror, aventuras, ciencia ficción… La que te comenté, sí. Más que alimento para un niño como él, así es…).

Callo de pronto por el ruido (para escucharlo mejor, no por otra cosa) que hace alguna de los cientos de máscaras y figuras regaladas por los fans al removerse en su estante, aunque quizá haya sido sólo el secreto del bote de formol acomodándose en el frasco sobre el archivador blanco (cerrado con llave), o un guiño escandaloso de alguno de los enternecedores muñecos alien de ojos almendrados, o el pequeño robot escarlata brillante de película de serie B que ha decidido levantar los brazos e invadir por fin, o el King Kong verde en miniatura y sin Empire State que ha ejercido su protesta, o la hermosísima maqueta del Nautilus que, suspendida en el aire, sigue buscando el mar.

O alguno de los personajes de las portadas de las revistas “Amazing” y “Wonder Stories” que se apilan bajo ellos y alrededor, puede ser. Porque revivo entonces, al verlas, cómo entendí a Bradbury al contarme esta mañana que esas ilustraciones le hicieron soñar por primera vez con ser escritor. Que, con ocho años, lo hubiera dado todo por entrar en esos mundos hermosos, hechizados, y que jamás los hubiera abandonado.

Y que fue lo que finalmente sucedió.

Y que sonrío mientras barajo de nuevo la posibilidad de que todo esto sea un sortilegio de… Bueno, ¿cuál era el nombre de aquel mago? Dónde lo apunté… Bien, lo cierto es que, desde que estoy aquí, empezó la entrevista y continuaron sus… complementos, no puedo pensar si no es en metáforas que ya no me extrañan.

Al fin y al cabo, el mismo Bradbury me decía hace unos minutos que está rodeado por sus alegorías, que no puede vivir sin todas estas cosas que ahora me envuelven a mí, y que para él es algo absolutamente maravilloso. Que siente y que vive todo lo que hay a su alrededor como simbólico: sus primeros libros de cuentos, sus cómics, todas las ilustraciones de sus libros…

Una matrícula de coche, californiana, con fondo azul de prusia y letras amarillas y luminosas (que, por supuesto, corresponden a los signos “F 451”) me toca el hombro cuando estoy a punto de abandonar mi pasillo para averiguar de una vez el origen del sonido que acabo de escuchar de nuevo (casi empiezo a creer que mi anfitrión se está divirtiendo, y mucho…), y otra historia recordada, contarla de inmediato, se superpone absolutamente a todo lo demás, mientras mi nombre arrecia.

- Sí, estoy aquí. Pues claro que estoy bien. Escucha: ¿sabes que una de las mejores obras de Ray Bradbury se debe a la casualidad, a un paseo, al encuentro con un policía irracional…? “Fahrenheit 451”. Eso es. Al parecer, en cierta ocasión, paseaba con un amigo por un lugar por lo demás desierto, y la autoridad competente les detuvo como sospechosos sólo por eso. De qué, eso digo yo. Y eso decía él. El caso es que la experiencia le marcó y le asombró tanto que, nada más regresar al hotel, escribió “El peatón”, que no sería más que el anticipo de, como te decía, una de sus mejores novelas. Las casualidades pueden ser poderosas, ¿verdad?

Cuando acabo de decirlo, esta vez sí, parece que Bradbury regresa: oigo pasos mitigados por las alfombras a mi espalda, bajando las escaleras. Y me giro casi con alivio. Pero no hay nadie. Mi particular pero más que aceptada disposición a estas alturas de las circunstancias, y la voz reconfortante del otro lado del teléfono, que no se ha detenido, tienen el poder de conjurar inmediatamente cualquier atisbo de desconcierto, y sólo me dejan el poder y la fuerza que da la curiosidad, y la visualización impaciente de un escrito que ya casi empieza a quemarme en los dedos.

Al menos, una cosa es segura: que tengo compañía.

Y que mi nombre me asalta de nuevo de entre los dedos y que, ante su reclamo, ya no puedo sino contestar contando algo de lo recién escuchado que acaba de relegar definitivamente al resto.

- Escucha. No, no pasa nada. Sólo que es hora de que te cuente la historia del mago.

Continuará.

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25 Comentarios en “RAY BRADBURY. Escribir para no estar muerto, y otras metáforas, 1ª Parte.”

  1. stikud Says:

    Gran escritor, amiga Nuru. A la espera estoy de que hables de Crónicas Marcianas…


  2. Capayespada Says:

    Muy sugerente escrito, Nuru, rodeado de encanto y de cierto misterio que juega sutilmente entre el tiempo y el espacio. Es todo un juego con el estar y el no estar… con una presencia sólo presentida, mientras vas contando cosas sobre el escritor del que nos quieres hablar.

    “… O la hermosísima maqueta del Nautilus que, suspendida en el aire, sigue buscando el mar”. Mira, frases como ésta hacen bonito cualquier escrito, porque el juego de la contradicción aire-mar es tan sorprendente… tan poético, que necesariamente engancha.

    A ver si llega pronto una segunda parte. Enhorabuena.


  3. Javi Says:

    A veces creo que hay gente por aquí que juega en otra división. Cuando LaRevelación surgió de la cabeza de dos descerebrados siempre tuvimos en mente este tipo de artículos para la web. Seguramente quien busque información rápida de Bradbury o algo muy concreto huirá espantado, y con razón. Pero para encontrar esas cosas hay cientos de sitios, miles de páginas llenas de referencias no sutiles y directas. Esto es distinto, esto es expresar unos sentimientos vivos y latentes que producen ciertas lecturas de una manera bella y original. No tengo más palabras para este texto, me quedé sin ellas hace tiempo, con la lectura de comentarios anteriores y geniales. Éste, sin duda, queda entre ellos, entre los especialísimos conjuntos de palabras que tenemos por aquí.

    Enhorabuena, Nuru, te has salido.


  4. Ariodante Says:

    Nuru: ¡qué bonito es eso que has escrito!¡cuánta delicadeza y cuánta poesía!
    No podía imaginar que Bradbury suscitase textos como éste, la verdad. ¡Enhorabuena! El verano no sólo no te ha dejado K.O., sino que te está sentando divinamente.
    Como dice Stikud, a ver cuando nos hablas de las Crónicas Marcianas. Seguro que nos hablarás cosas realmente maravillosas. Me quedo expectante. Me han entrado ganar de volverle a leer y todo.
    Javi…¿ya has vuelto o aún no te has ido, corazón?


  5. Javi Says:

    Volví… Apenas una semana, estimada Ariodante. Hoy ha sido mi primer día de madriles… desubicadísimo, en fin. Supongo que tú andarás aún por el levante, leyendo y otganizando esa estupenda guarida. Disfruta.

    En cuanto a lo que dices, es cierto, todos tenemos ganas de leer algo de su mano acerca de “crónicas marcianas”, aunque yo deseo que me hable de cierto relatito que narra una enfermedad de una muchachilla muy rara, una dolencia que sólo se cura con…


  6. Ariodante Says:

    Pobrecito, pero bueno, al menos has recargado pilas un poco ¿no? Y en agosto estarás bastante descansado en Madrid, porque todo se ralentiza. Yo sigo levantina, cierto. Leyendo por un tubo y maquinando maldales, ja ja ja…para acabar con las hormigas.
    No sé de quñe relato hablas, supongo que tiene que ver con Nuru, ella sabrá. ¡Ánimo, Nuru! ¡El mundo es tuyo!


  7. Zen Says:

    Yo no he leído nada de Bradbury. Sobre el artículo ya me pronunciaré cuando esté completo pero vaya artesanía.


  8. Ariodante Says:

    Zen, hijo, ¿Cómo que no has leído las Crónicas Marcianas?¿Ni tampoco Fahrenheit 401? Pues ya tardas, corazón, eso es de cultura general…Y luego hablaremos de ética. Aunque yo de ti no le daría tanta importancia a mis opiniones sobre ética, ja ja ja…


  9. Zen Says:

    Es que carezco totalmente de cultura general, no lo puedo negar. Mi mente no absorve nada más que ética y más ética jajaja


  10. Ariodante Says:

    Pues, mal: para entender la ética, cuanta más cultura general, mejor. No te lo tomes a broma. Me parece que una cosa es reconocer la propia ignorancia y otra muy distinta alardear de ello o estar orgulloso de ello.
    Además, ya que estamos, me gustaría saber qué entiendes por “ética”; tengo mucha curiosidad. Aunque me lo puedes decir en el hilo de tu reseña, para no fastidiarle a Nuru la suya.


  11. Zen Says:

    No comparto tu planteamiento. Quizás es que tenemos conceptos diferentes sobre qué es la ignorancia. El concepto de ignorancia que me preocupa es el oriental y no el occidental. Y no bromeo. Mis conocimientos de cultura general son básicos y no quiero más. La cultura puede ser complementaria pero no imprescindible para seguir la virtud y la sabiduría (en el concepto oriental también). Conozco gente con un nivel inferior a la media en cuanto a conocimientos de cultura general con un grado de bondad mucho mayor que muchos con un nivel de cultura bastante superior. La cultura es importante pero no creo que se deba sobrevalorar o superponer a la ética.
    Dejo aquí el comentario y continuo en el otro artículo para como bien dices no fastidiarle el suyo a Nuru.


  12. Nuruialwen Says:

    De fastidiarlo nada, cualquier sitio es bueno para una discusión interesante como ésta, no os preocupéis por ello. Y más tarde os contestaré debidamente a todas las cosas horribles que habéis osado decirme.


  13. Ariodante Says:

    ¿Horribleeees? ¡Venga ya!


  14. Nuruialwen Says:

    Claro que no son horribles, mujer… Son todo lo contrario, y era una pequeña broma por eso mismo; pero perdona si te he “asustado” con la frase.


  15. Javi Says:

    Y lo de llamarnos osados… Eso ¿qué, eh?


  16. Nuruialwen Says:

    ¿Prefieres rosado? ¿Posado? ¿Pesado? Ups…


  17. Nuruialwen Says:

    Me alegro de que te haya parecido acertada la elección, Stikud. Y respecto a “Crónicas Marcianas”, pues la verdad es que he querido centrar este par de textos más que nada en el propio Bradbury, en su manera de escribir, en las fuentes de las que bebió y bebe… En su relación con la literatura, en fin, y en lo que a mí me inspira, así que es muy probable que la mención que hago te resulte un poco escasa; pero no te preocupes, intuyo que las Crónicas tendrán reseña propia, veremos.

    Por cierto… Enhorabuena…


  18. Ariodante Says:

    Mi comentario también era jocoso, Nuru; lo habia entendido perfectamente. Es una pena que no nos oigamos o no nos veamos al escribir, en seguida sabríamos si el tono era en serio o de cachondeo…


  19. Nuruialwen Says:

    Ya me extrañaba… Y ya te digo…


  20. Ariodante Says:

    Bueno, pues querida Nuru, ¡a por la segundita! ¡Ya tardas!


  21. Nuruialwen Says:

    Mil gracias… Y qué bien lo has visto, así es: ahí está ese juego del estar y del no estar, en eso se apoya el texto, en esa pequeña vuelta de tuerca respecto a la entrevista convencional. En un principio no iba a construirlo de esta manera pero, al final, buscando ciertas cosas, pues ya ves…

    Y respecto a ese fragmento que comentas, tengo que admitir, y aunque aún no me he librado del todo del pudor a la hora de mostrar mis escritos y hablar sobre ellos (creía que sí, pero no del todo, no; será posible), te confieso que ese párrafo, el que acaba así, es uno de los que más me satisfacen de este pequeño experimento, al menos ahora mismo.

    En fin, que gracias de nuevo, por leerme y por tu comentario. Saludos, Capa.


  22. Nuruialwen Says:

    No creerías que no íbamos a ajustar cuentas. Que estoy siguiendo la estela de dos descerebrados. Que la gente huirá espantada ante mi artículo. Que en otra división, dices. Pero es que me quieres bajar a segunda, o qué…

    Pues sí, la típica tontería que se suelta cuando no se sabe qué decir ante lo expuesto, aparte de gracias… Si es verdad que me he acercado de esa manera a la intención primera de este proyecto, si mi texto te ha parecido todo eso, pues qué puedo decirte que no sepas ya.

    De todas formas, mira quién ha ido a hablar de escribir “ese tipo de artículos”…

    En L2R somos unos privilegiados en escritos, esa es la verdad.

    En fin. Que mil gracias, Javi.


  23. Nuruialwen Says:

    Me animaste en su momento al descubrir mis ilustraciones, y lo haces ahora también con mis textos, en este mensaje y en los siguientes, así que que no falte este: muchas gracias, Ariodante. Que releas a gusto a Bradbury, si finalmente lo haces. Y como me preguntas unos comentarios más abajo, pues la segunda parte está al caer, veremos… Es realmente eso, la segunda parte de esta primera, y supongo que eso se notará de alguna manera, en fin, pero espero que la disfrutéis igualmente.

    Gracias de nuevo, y a ver cuándo vemos tu próximo texto también…


  24. Nuruialwen Says:

    Vale, pues ya me dirás entonces cuando tengas delante el texto completo. Y gracias por decir eso… Sobre todo, a ver si te sirve para que descubras a Bradbury, porque si te gusta, te gustará mucho. Anímate con “Fahrenheit 451″, por ejemplo… O con los “Cuentos espaciales”, contiene algunos de mis relatos preferidos, aunque todos sus recopilatorios de historias cortas merecen la pena; todos esconden alguna joyita. Ya nos contarás si eso.


  25. EL VIAJE DEFINITIVO. | La Revelación, ocio, cultura y opinión Says:

    [...] cuando La Revelación tenga millones de visitantes, quizá los viajes sean a la Luna, o a Marte, ya Ray Bradbury nos explicó todo eso en sus Crónicas marcianas. Quizá veamos entonces a funcionarios tristes por [...]


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