23 Jul

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EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, por J.R.R. Tolkien.

esdlaUn anillo para atarlos a todos… un anillo para que desesperen, se crezcan, se sientan atrapados por sus propios delirios de grandeza, por el poder… un anillo para que un jovial jardinero se sienta tentado de someter a un país entero y hacer que todos los seres trabajen como esclavos en el cuidado del jardín… Un anillo para que los grandes quieran ser más grandes aún, para que los medianos interrumpan los concilios y se planten en medio de la épica reivindicando su pedazo de historia en la Historia. Un anillo… para que nosotros podamos escribir sobre El Señor de los Anillos.

Imagina que eres pequeño, tal como has sido siempre, pero mas pequeño, sólo algún cambio superficial, como que tus orejas ahora son puntiagudas o que se te ha rizado el pelo (un poco más); ahora imagina que estás en un bosque, de noche, y que hay bastante claridad porque la luna ilumina un cielo sin nubes, y que no sientes ningún temor, sólo ansiedad, aunque aún no sabes por qué. 

Hay alguien a tu lado, tu mejor amigo; observas que él también ha cambiado: aunque es el mismo, igual, semeja ser una versión pequeña y lozana de sí mismo; os sonreís entre las sombras… sabéis que sois Hobbits. 

Permanecéis ocultos, entre altos arbustos. Estáis esperando algo y de pronto lo sentís, ya se acerca, oís sus tristes canciones, aún más tristes oídas en sus voces, que como un sueño se van abriendo paso en vuestras mentes y os llenan de imágenes; ves un país en sombras iluminado por estrellas, gente muy bella por todas partes, elfos, felices y temerosos de una sombra, al norte. Los ves emprender un viaje, siguiendo a un jinete, y cruzan el mar, empujados sólo por el viento; pero todo se oscurece y ves una cruel y triste batalla, todo se vuelve muy rápido, ves hermosos elfos rodeados por el frío y la nieve y, desfalleciendo ante ella, ves grandes batallas contra un ser oscuro, sin forma pero que emana terror, al que no nombran. 

Todo vuelve a iluminarse en tu mente y ves hombres, grandes y altos guerreros, vuelven a batallar, y todo se para en tu mente ante un anillo, un anillo de oro sin ningún adorno, y comprendes, rápidamente; te echas mano al bolsillo, está vacío, no puedes evitar respirar aliviado… pero un gemido a tu lado te saca de tu sueño, miras a tu compañero y sigues su mirada: en su mano, redondo y dorado, está el anillo de tu visión, y lo deseas, más que a nada, pero una nueva canción se abre en tu mente, aún más alto, aún más fuerte, y te ves a ti mismo corriendo, huyendo de terribles sombras, y te ves entre elfos, y enanos y una figura que emana paz y a la que quieres; y de repente te ves corriendo, aterrado, ves cómo te disparan flechas de las sombras y una enorme figura de fuego se interpone en tu camino, pero ya no está… y te hallas en un bosque, en paz, rodeado de elfos, y aunque no sabes por qué, notas triste tu corazón. 

Y vuelves a viajar en tu sueño, en una barca descendiendo por un río; ahora vas solo, alguien viaja contigo pero te sientes solo. Escalas una montaña, sigues a alguien y alguien te sigue, cada vez estás más cansado y enfadado, y trepas y trepas, para ver cómo vuelves a correr y peleas, furioso, sólo ves patas peludas, y todo vuela ante tus ojos, y te ves en medio de una inmensa llanura, y a lo lejos un monte, y a tu lado un amigo: no lo ves, pero lo sabes, y ves cómo avanzas al final de tu viaje. Y vuelas, vuelas alto, y ves águilas, enormes águilas, y oyes de nuevo la canción, y te das cuentas de que la estás oyendo de verdad y que ya no sueñas y que estás en un bosque, oculto entre arbustos, y ves a los elfos avanzar entre los árboles, cantando una canción muy bella, y ves cómo se pierden entre las sombras, se alejan, y te sientes triste, porque sabes que se van para no volver. Te giras hacia tu amigo y te viene un texto a tu mente, aunque no recuerdas quién lo dijo, pero sí el momento, era algo como…  

“…Pero Sam tenía el corazón acongojado y le parecía que si la separación iba a ser amarga, más triste aún sería el solitario camino de regreso. Pero mientras aún seguían allí de pie, y los elfos ya subían a bordo, y la nave estaba casi pronta para zarpar, Pippin y Merry llegaron, a galope tendido. Y Pippin reía en medio de las lágrimas.  

—Ya una vez intentaste tendernos un lazo y te falló, Frodo. Esta vez estuviste a punto de conseguirlo, pero te ha fallado de nuevo. Sin embargo, no ha sido Sam quien te traicionó esta vez, ¡sino el propio Gandalf!  

—Sí —dijo Gandalf— porque es mejor que sean tres los que regresen y no uno solo. Bien, aquí, queridos amigos, a la orilla del Mar, termina por fin nuestra comunidad en la Tierra Media. ¡Id en paz! No os diré: no lloréis; porque no todas las lágrimas son amargas.

Frodo besó entonces a Merry y a Pippin, y por último a Sam, y subió a bordo; y fueron izadas las velas, y el viento sopló, y la nave se deslizó lentamente a lo largo del estuario gris; y la luz del frasco de Galadriel que Frodo llevaba en alto centelleó y se apagó. Y la nave se internó en la Alta Mar rumbo al Oeste, hasta que por fin en una noche de lluvia Frodo sintió en el aire una fragancia y oyó cantos que llegaban sobre las aguas.

Cierra el libro, deja ya de imaginar. Pero no lo olvides. Recuerda cada murmullo del río, cada susurro en el bosque, cada sordo goteo del agua en las cavernas. Las páginas que Tolkien escribió te seguirán siempre, en la vida y en los sueños.

 

 

 

 

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7 Responses para “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, por J.R.R. Tolkien.”

  1. Javi Says:

    Aguirre el Hobbit, je, je, je…, el hobbit librero.

    ¿Y se vive bien?

    Sí, claro, qué pregunta.

  2. Nuruialwen Says:

    Uf, Aguirre. Emocionante. Enhorabuena.

  3. Superaguirrecalcetinesajuegoydesparejados Says:

    ¡¡Muchas gracias !!!
    ¡Y viva las Vacas! Animalico mas bonito no lo hay.

  4. Nuruialwen Says:

    No hay de qué, ha sido un gustazo leerlo.

    Y cierto, Aguirre, cierto.

  5. SuperaguirreVaqueirayPeret Says:

    Pues hemos discutido mucho Zen y yo sobre el tema, el se empeña que es mas bello el Caballo pero yo le insisto en que tiene prejuicios contra las Vacas por que muchos ganaderos no las llevan limpias; si las viera como yo se daría cuenta de lo preciosas que son.

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