EL FIN DE LA INFANCIA, Arthur C. Clarke.

“¿Está la humanidad gobernada por monstruos?” 

El titular del nuevo ataque escrito de la Liga de la Libertad es perfectamente visible rozando mi pulgar, a pesar de mis ojos viejos, de la noche, y de que en la terraza-jardín no haya demasiada luz ahora mismo. Sí la suficiente, gracias a la luna llena, como para poder llegar a la baranda sin tropezar con las antiguas plantas de Marta (mientras las esquivo, trato de no pensar en que hace tanto tiempo que no las riega) y apoyarme en ella, dejar caer esas frases desalentadoras a mis pies, y mirar por encima de la ciudad:

Allí está. Como una nube negra, inmutable, lisa y brillante. Desde hace cinco años ya.
Y siendo sólo una entre tantas, aunque en esa, precisamente, esté Karellon.

¿Qué estará haciendo ahora mismo? No duerme, si es que duerme; de eso estoy seguro. Como yo, que debería estar haciéndolo, porque dentro de cuatro meses podré dejar de preocuparme, otro secretario general ocupará mi lugar, y después otro, y otro, y las Naciones Unidas seguirán sirviendo al propósito verdadero, cualquiera que sea, de Karellon… que mientras tanto seguirá siendo el mismo.

Sea quien fuere.

Bueno, está claro que empieza a obsesionarme lo que esconde la pantalla que nos separa cada reunión semanal. El Gran Secreto. Su voz, enorme, si es que una voz puede serlo, y la brillantez de su discurso, tan humano y tan desconcertante a veces, hace tiempo que ya no me bastan, tengo que admitirlo. Y no sólo a mí, bien lo sabe; así que confío en que sea cierto que tratará de ofrecer una declaración satisfactoria para todos, una que nos convenza de que el curso de la historia humana no ha sufrido un giro indescriptible y casi absurdo en medio de un día a día que ya nunca será el mismo, de que nuestras cuitas no están en manos de una máquina, ni de un ciempiés gigantesco, ni de…

Dios, si pudiera leer mis pensamientos ahora mismo, Wainwright creería que apoyo sus teorías alarmistas. Aunque casi le comprendo. Karellon insiste en que lo que verdaderamente teme la Liga de la Libertad, o su clérigo dirigente, al menos, es que el conocimiento inmenso que obviamente poseen nuestros… superseñores pueda echar por tierra de una vez y para siempre sus creencias religiosas, su fe, la fe humana…

Que la existencia, la llegada y la ciencia de otros demuestre de pronto, y de manera incontestable, que Dios no existe.

Pero no culpo a Wainwright. Aquellos seis días que siguieron a la aparición súbita de las naves y previos al primer discurso de Karellon fueron para casi todos tan terroríficos como maravillosos, estoy seguro, para algunos. Aunque, de todas formas, reivindicar la recuperación de la supuestamente perdida libertad humana para poder gobernar su destino… de nuevo de la mano de Dios…

Casi paradójico. En fin. Y qué frío hace ahora aquí, y estos huesos…

De todas formas, me doy cuenta (mientras la puerta de mi habitación hace tan poco ruido al cerrarse como siempre), de que llevo toda la noche admitiendo que ya no soy inmune a sus discursos, aunque no sea tanto por sus habilidades oratorias como por la realidad que las estimula; que, dejando aparte sus lógicas y esperables complicaciones religiosas, me preocupa, sí, me preocupa que nos hayan traído la paz, la prosperidad, el progreso, que pretendan la unión en una sola de todas las naciones, que las reticencias ya estén dejando paso a la aceptación y a la pequeña esperanza de que la humanidad no volverá a conocer los tiempos peores…

Pero que eso tenga un precio. Y que la libertad sólo sea un adelanto.

Dudo, claro que dudo. ¿Realmente merece la pena perderla, porque nunca he podido negar esa evidencia, a cambio del bienestar? ¿No? ¿Sí? ¿Saber que nuestro destino ya está escrito, es dirigido, está limitado, y ya no sólo de manera abstracta por un ser superior cuya existencia e influencia podíamos simplemente no admitir si nuestras creencias no seguían ese camino, sino ahora por seres en todo su poder de intervención y de presencia y que, en realidad, no nos dejan alternativa…?

Cuatro meses.

Es cierto, debo admitirlo de una maldita vez: lo que me preocupa, lo que esta noche no me deja dormir, es que estoy ayudando a ello, que soy el intermediario, el nexo entre ambas especies… El que posibilita el contacto entre una que es fuerte, increíblemente desarrollada y poderosa, y otra tremendamente vulnerable, aún en su niñez…

Cuántos paralelismos históricos, cuántos desastres me advierten ahora.

¿O estaré equivocado, es lo mejor renunciar, y dejar que nos lleven de la mano hacia…?

Cómo dormir.

Cuatro meses. Tengo cuatro meses. Para averiguar como sea qué se esconde tras la pantalla; para saber qué precio vamos a pagar. Y para qué destino.

 

Sir Arthur Charles Clarke, más conocido como Arthur C. Clarke y fallecido recientemente en Sri Lanka a los 91 años, fue un escritor y científico británico autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción. Entre las últimas se encuentra “El Centinela”, “Cita con Rama” o “2001, una odisea espacial”.

Con “El fin de la infancia” se une a autores como Olaf Stapledon, Stanislaw Lem o Theodore Sturgeon (“Más que humano”), que han usado la ciencia-ficción como vehículo de ideas filosóficas.

 

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7 Comentarios en “EL FIN DE LA INFANCIA, Arthur C. Clarke.”

  1. Javi Says:

    Olé, olé… ¡Por fin tenemos artículo de Nuruialwen en L2R! Y encima con un relato/artículo. Fenómeno, Nuru.


  2. SuperAguirreEspaña!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Says:

    Pues si y que gran libro además. Congratulaciones.

    Pd. A tu primera pregunta yo respondería que no, que mas bien la humanidad es un monstruo gobernado por niños.


  3. Zen Says:

    Madre mía como son los estrenos en esta web. Felicidades Nuru!!
    No he leído el libro pero pinta bien, muy bien.


  4. Rodrigo Says:

    Nuruialwen, de verdad que es bueno tu estreno como reseñadora. Muy original. Y acertada la elección del libro: según lo presentas, plantea dilemas de esos que no pierden vigencia. Parece un bocado suculento; habrá que degustarlo.

    Enhorabuena.


  5. stikud Says:

    Olé, Nuru.
    Por cierto, el libro me suena muchísimo, pero ahora no recuerdo si lo he leído o no. Tendré que hacer memoria y, si ésta me falla, leerlo aunque sea por segunda vez.


  6. Nuruialwen Says:

    Con un poco de retraso, para variar en mí, pero mil gracias a todos.

    Parece que al final me estrené en estas lides, sí… Con una mezcla extraña de relato y de reseña, Javi, es verdad, (no es que sea un refrán muy glamouroso el que voy a soltar, pero, como se dice por estos lares, “la cabra –será que soy aries- tira para el monte”. Vamos, que el relato me puede) y me alegro de haber acertado.

    Aguirre, así que tú ya lo has leído. Cosa que no me sorprende, todo hay que decirlo. Y buena respuesta a la pregunta inicial, aunque me temo que las dos son válidas… Pero bueno, que, al final, y a pesar de lo leído, visto y vivido, habrá que seguir confiando, o qué…

    Zen, Rodrigo, pues si os animáis, ya contaréis por aquí. Lo planteado en la reseña sólo es el principio, además. Creo que los dos lo disfrutaríais. Y habría mucho que comentar, aún a riesgo de desvelar los misterios de libro.

    Stikud, pues haz memoria, sí, que aunque descubras que ya lo leíste, no creo que te importe hacerlo otra vez, no.

    Y gracias de nuevo, y saludos a todos.


  7. El fin de la infancia « Rescepto indablog Says:

    [...] De Nuruialwen en La2revelación [...]


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