1,627 views
10 Comments »Ariodante
EL MAR DE LAS SIRTES, Julien Gracq.
Julien Gracq, pseudónimo de Louis Poirier (Saint-Florent-le-Vieil, 1910- Angers, 22-12-2007), escritor francés, también profesor de Historia y geografía, es el autor de esta novela atípica, relacionada por muchos autores con el surrealismo, aunque en realidad de surrealista sólo tiene el espíritu, en mi opinión. Está cerca de Kafka, por una parte, de Buzzati, por otra, de Coetzee, según otros, en fin,…yo diría que es inclasificable, que se parece a sí mismo, que es el mejor elogio que podemos hacerle a un artista.
Gracq, que eligió ese seudónimo por considerarlo estéticamente relevante, por susonoridad, conoció a Breton en los años 30 y fue introducido al surrealismo, como también lo fue al Partido Comunista francés, del que abandonó pronto sus filas, en cuanto comprobó las costumbres de Stalin. La fama le llegó con el provocador artículo La litterature à l’estomac, en la que criticaba los premios literarios y la devaluación comercial de la literatura. De hecho, en 1951 rechazó el premio Goncourt que le fue concedido ese año.
En cuanto al Mar de las Sirtes, se ha traducido como Mar aunque literalmente su significado sería Ribera, con la consiguiente connotación de límite, frontera, demarcación…, y a la vez la perspectiva, la expectación, la espera;temas por otra parte muy queridos por su autor. Por otra parte, Sirtes, también es un nombre cuidadosamente elegido: la ligazón entre el nombre de Sirtes con las Sirenas, me parece una idea muy interesante. En mi opinión, es una idea que domina toda la obra, no en balde eligió ese nombre: ya los clásicos* comparan sirena y sirtes, cuando por sirtes se entendía “bancos de arena”, que atraen con corrientes a los barcos a encallar en ellos.
Para muchos lectores, éste es el libro emblemático de Gracq, el libro que resume su trayectoria. El libro desarrolla una historia lenta donde apenas hay acción, en un país imaginario, Orsenna,que podría estar situado en el Adriático, en Dalmacia, o en alguna parte cercana a países musulmanes, que constituirían el país rival, en la novela denominado Farghestán, nombre entre turco y mongol. Las Sirtes es la región más al sur, fronteriza, una tierra baldía, poco habitada, sin apenas actividad económica, con poblaciones fantasma, abandonadas, y sólo la capital, Maremma, aglutina la poca población que resiste en el sur. Arenales, marismas, pantanos, todo esto sugiere el nombre de Sirtes.** El caso es que Las Sirtes es una comarca olvidada de Dios y de la mano del hombre, salvaje, cuyas riberas están bañadas por un mar que al otro lado baña el país tradicionalmente enemigo de Orsenna: el Farghestán, nombre impronunciable en la zona, donde sólo hablan de “allá” entre miradas torvas y murmullos. A este lugar es enviado, a petición propia, el protagonista de la historia, Aldo, un noble aburrido de su cotidianeidad insulsa, y deseoso de avistar otros horizontes. Y es en las Sirtes donde conoce al capitán Marino, sujefe en el Almirantazgo, y a sus compañeros de “destierro”: Fabrizio, Roberto y Giovanni (otro guiño a Buzzati). La vida allí es tediosa, pero a élle resulta atractiva la soledad, las cabalgadas por los páramos, las ciudades olvidadas como Sagra, la desolación circundante y el paisaje más agreste.
Las descripciones del paisaje son impresionantes. La poesía que derrocha, el virtuosismo lingüísticollega a emocionar con metáforas encantadoras. Sus descripciones de esos paisajes imaginarios, que recuerdan las Ciudades Nocturnas de Delvaux o algunos cuadros delChirico surrealista, o de Magritte. Hasta la mitad de la historia oscilamos entre las inquietudes, pensamientos y recuerdos de Aldo, sus conversaciones con Marino, personaje triste y anclado en el pasado, pero con el que se crea una atracción mutua. Después surge la chispa, lo inusual, lo inesperado (o más bien lo largamente esperado). Porque en aquel lugar todos esperan algo, no se sabe bien qué, una señal, un aviso, algo distinto, nuevo. Algo que les haga movilizarse y romper la rutina ancestral. Este es otro de los temas favoritos de Gracq, y que nos hace recordar la espera de Giovanni Drogo, protagonista de El desierto de los tártaros de Buzzati, traducida y publicada en Francia dos años antes que Las Sirtes. Aunque si la comparamos con la obra de Buzzati, aquélla es más kafkiana, en mi opinión, mientras que ésta es más esteticista, destila una especie de melancolía, de decadentismo, en fin, algo fuera por completo de las modas existencialistas de la época en que la escribió. Gracq nunca quiso seguir modas, lo que, a mi juicio, le honra. Él mismo dice de su obra:
“Lo que intenté hacer, entre otras cosas, en El mar de las Sirtes, más que contar una historia intemporal fue liberar por destilación un elemento volátil, el “espíritu de la historia”, en el sentido con el que hablamos del “espíritu del vino”, y a refinarlo suficientemente para que pueda incendiarse al contacto con la imaginación. En la Historia hay un sortilegio emboscado, un elemento que, aunque mezclado con una masa considerable de excipiente inerte, tiene la virtud de embriagar”.
La chispa que surge, a partir de la mitad de la narración, está ligada a la figura de Vanessa Aldobrandi, personaje también misterioso, descrito en algunos momentos como una ninfa marina, una sirena: “A veces la observaba durmiéndose a mi lado, apartándose insensiblemente de mi como de una orilla, alejándose mar adentro con una respiración mas amplia (…). El hombro, por el que se escurría su cabellera de ahogada, levantaba la sábana y parecía alejar de ella la inminencia de una ola enorme.(…) Apreté los labios en la cabellera enmarañada de Vanessa, recobrada por la noche e hinchada por ella en la cama, como una mata de algas por la marea (…) y yo me hundía con ella en el agua plomiza de un estanque triste con una piedra atada al cuello.”(pp173-74).Vanessa es a la vez un acicate y un recelo, una figura evanescente. Las relaciones que surgen con ella, en el palacio Aldobrandi, en la ciudad de Maremma, en Vezzano, la isla desolada, crean un clima brumoso e inquietante, la idea de la traición surge, como un tema más de los que rondan por la historia, una sospecha finalmente materializada en hechos posteriores.
Y su momento culminante, curiosamente, como destaca Vidal-Folch en su prólogo, es su encuentro frente al volcán, el Tangrï, tras una loca escapada nocturna, una huída hacia delante. Su éxtasis al contemplar la gran montaña humeante transmite una fuerte emoción, como una atracción irresistible, al modo de las sirenas; el volcán, surgiendo de la bruma del alba,impone su presencia ante un Aldo y su tripulación petrificados de pasmo y les atrae a la perdición.
Según Vidal-Folch, “las intenciones que le animaban al escribir esta novela sobre el deslizamiento voluntario hacia su final de un país antiguo, vetusto, decadente y cansado de sí mismo, a manos de la decisión de una sola persona, una especie de sonámbulo fatal. Seguramente pensaba Gracq en la alegría suicida con la que Francia y Alemania, pudiendo haberse ahorrado la I Guerra mundial, se lanzaron a ella alegremente, con un entusiasmo juvenil que está sordamente documentado”.(pp 173-74) Esta opinión la habría sustentado Stefan Zweig, cuando nos cuenta en su autobiografía, El mundo de ayer, con qué alegría veía la sociedad venir el conflicto bélico. Del mismo modo nos recuerda a la expectación que existía entre los jóvenes caballeros del Sur norteamericano, ante la posibilidad de la refriega civil que posteriormente arrasó el país.
En fin, esta es una obra madura, una reflexión nostálgica y a la vez anticipatoria, estéticamente deliciosa, de un autor muy personal y al mismo tiempo, desencantado, desengañado del progreso histórico, pero con una mirada hacia la naturalezay hacia a atracción mórbida de lo terrorífico, cual sirena/sirtes que con su canto atrae al navegante.
Madrid, 01/06/2008
EL MAR DE LAS SIRTES
(La Rivage des Syrtes, 1951)
Julien Gracq
Prólogo de I.Vidal-Folch
Trad. José Escué
_________________________________________________
_________________________________________________
*NOTAS.
Juan de Mena (1411-1456), en Laberinto de Fortuna, habla de que:
“Vimos allende lo más de Etiopía
E las provincias de Africa todas
Las Sirtes de Amón, do son los tripodas”
**Y él mismo cita a Salustio para afirmar que“Sirtes ser llamado así porque traiga a sí las naves, llegandoles al vadoso mar encallen e perescan,(sic) las cuales sirtes se fallan mucho en el marEgipciano”; según Isidoro de Sevilla, son “arenosos lugares en la mar”, bancos de arena, bajíos, etc., cercanos al tempo de Hammon, probablemente en la desembocadura del Nilo, cerca de Alejandría.
También Agustín de Rojas (1572-1635), en El viaje entretenido, hablando del Leteo, el mítico río del Olvido, dice de él que “…es en realidad una laguna africana que riega la ciudad de Berenice, situada en lo postrero de las Sirtes, y allí se hunde (el río) y desaparece bajo tierra…”
Tirso de Molina, Celos con celos se curan, p.223-224:
“Sirena en fin, que en las sirtes 1585
De amor a los que navegan
Para anegar voluntades
Fue en nombre y obras sirena,”
Y Tirso, en “¿Tan largo me lo fiáis…?”:
“y en su margen más sirenas
Que engendra el mar en sus sirtes
Con quien no hay sordas orejas
Ni hay ingeniosos Ulises”
Sirena…sirtes, ninfas del mar, atraían con sus cantos a los navegantes que pasaban por sus parajes; los barcos encallaban y las sirenas devoraban a sus tripulantes. Recuérdese la historia de Ulises. Al peligro de las sirenas se une el de las sirtes o syrtes: “peñascos en los golfos con bancos de arena muy peligrosos”
Calderón, en La redención de los cautivos, p. 1.323:
“de ser la mar la vida, llena
De bajíos y de escollos
De sirtes y de sirenas”



(7 votes, average: 4.86 out of 5)
Entrada
del
Monday, June 2nd, 2008 at 12:56 pm en


Estupenda reseña, Ariodante, como siempre.
De Gracq apenas si tengo noticia, y me lo has vuelto interesante con tu artículo. Misma cosa con Buzzati. Tendré que ocuparme de llenar un par de vacíos.
Entiendo que suscribes la interpretación de la obra por el prologuista, Ario; aquella referencia al clima moral existente al momento de estallar la IªG.M. ¿Es una interpretación arriesgada, muy librada a la imaginación y a los conocimientos históricos del lector, o es que en la novela hay pistas que conducen claramente a ella?
Saludos.
June 2nd, 2008 at 2:27 pmSuscribo, ciertamente, la interpretación de Vidal-Folch, porque me parece acertada, pero la verdad es que es un libro que se presta a mas de una interpretación. Seguramente cuando lo vuelva a leer, dentro de unos años, encontraré otras. Pero es cierto lo del clima pre-bélico. Aunque el autor parece querer huir de referencias demasiado concretas, a momentos históricos concretos, parece querer mas bien hablar de estados anímicos, que es por donde va mi interpretación sobre las Sirtes/Sirenas, y en esto creo que soy algo original, al menos no he leído ninguna interpretación en esa línea; se trata de la atracción hacia la muerte, que es a lo que conducen las sirenas, finalmente.
June 2nd, 2008 at 3:21 pmInteresantísimo, Ariodante. Aquí no puedo más que especular, claro, pero me parece que tu lectura de la novela resulta mucho más sugerente y sutil, más en la línea del estilo de la obra -de acuerdo a tus propias referencias-.
Como sea, me has abierto el apetito, y ya me anoto el libro en la lista.
June 2nd, 2008 at 3:44 pmUfff Ariodante, no tengo capacidad de analizar tu reseña pero es debido a la complejidad del escritor.
June 2nd, 2008 at 9:30 pmQué grandísimo artículo, Ariodante. De verdad, no es que me hayas animado a leer el libro, es que le voy a dar máxima prioridad; este no me lo pierdo de ninguna de las maneras.
En cuanto a las sirenas y sus interpretaciones, hace algo más de un año un escritor israelí de procedencia argentina llamado Jose Najenson (que por cierto, es un poeta reconocido y muy bueno) nos envió un relato para el concurso que trataba de sirenas: en una playa cualquiera, que bien podría ubicarse en Israel, Libano o en cualquier otro lugar, con noche cerrada y tras las sirenas que adelantan cualquier bombardeo, se encuentran un hombre y una mujer, una señora misteriosa, como salida de las aguas. La verdad, recuerdo aquel relato con gran placer, aun no siendo premiado (quedó en la posición undécima). Mira, por cierto, ahora está invitado aquí en Madrid por la ‘Casa Sefarad Israel’, Ariodante, y hemos quedado para comer con él. Si quieres venir, tiene pinta de ser una persona interesantísima; de que es agradable, ya puedo dar yo fe.
Sirtes, sirenas, desolación y premoniciones de muerte. Algo sumamente interesante.
Y me ha encantado lo que el mismo Gracq dice de su obra, cuando menciona aquel ‘espíritu de la historia’. Habrá que leerlo, sí.
June 2nd, 2008 at 9:48 pmEnhorabuena por tu reseña, Ariodante. Simplemente, magnífica. Y las notas, impagables.
June 2nd, 2008 at 10:59 pmmmmm, muchas gracias, me hacéis sonrojar…bueno, me alegro que os haya gustado tanto. De todas formas, he de deciros que no es una lectura fácil. Hay que dejarse llevar y no intentar analizar hasta que se acaba. No es lectura para entretenerse, aunque a mi me ha producido verdadero placer seguir sus disgresiones y su deliciosa prosa. Si supiera francés, creo que intentaría leerle en francés, aunque he leído que el traductor ha hecho un buen trabajo, y lo creo.
June 3rd, 2008 at 12:45 amEn cuanto a tu amigo argentino israelí,te agradezco que hayas pensado en mi, Javi, y bueno, no he leído nada de él y no sé qué podría decir, pero avísame cuando es la comida, por si estoy libre y puedo asistir.
Qué buen artículo, Ariodante. Enhorabuena, me ha gustado mucho. Desconocía a este autor por completo, y me parece muy interesante, así que gracias por “revelármelo”.
June 8th, 2008 at 10:16 amGracias, Asia; la verdad es que yo tampoco lo conocía hasta que leí el artículo sobre su fallecimiento, en diciembre pasado, y me interesó sobremanera; suelen interesarme los autores que no siguen modas y que manifiestan su independencia. No siempre me gustan, pero a veces acierto. Y en este caso, ya estoy detrás de la otra obra publicada en España (El castillo de Argol), que imagino que tamnbién me va a encantar, porque es de ambiente medieval y en Bretaña, tipo artúrico. Por supuesto, la reseñaré para daros pistas, ja ja ja…
June 8th, 2008 at 10:21 amAriodante, el despliegue que haces es espectacular; las notas, tu visión sobre el libro, las reflexiones que extraes de él, el texto que has seleccionado.
Ahora entiendo lo que querías decir recomendándome esta obra y cómo un mismo texto admite (si es lo suficientemente bueno) variadas interpretaciones para lectores inteligentes.
Un abrazo.
June 29th, 2009 at 8:15 pm