LA CONJURA DE LOS NECIOS: John Kennedy Toole.
21 Jul 2007, por angelcaído :: Literatura: Comentarios de libros, ¬> Narrativa en otros idiomas 6 Comentarios | 1,672 views
“Ese tipo es Ignatius Reilly…” “Mira, acabo de hacer como lo haría Ignatius…” “No seas Ignatius, anda…”. Este tipo de frases comenzarán a surgir en las conversaciones de todo aquel que lea La Conjura de los Necios, lo cual indica hasta qué punto John Kennedy Toole consiguió crear un personaje tan auténtico que inmediatamente lo sumamos a nuestra vida cotidiana y al modo en que percibimos e interpretamos el entorno en el que nos movemos.
“Cuando en el mundo aparece un verdadero
genio, puede identificársele por este signo:
todos los necios se conjuran contra él.”
Johnathan Swift
La historia que rodea al libro da para escribir otra novela: John Kennedy Toole, nacido en Nueva Orleans en 1937, tramó este argumento mientras cumplía el servicio militar en Puerto Rico, allá por 1961. Desde entonces todos sus esfuerzos se encaminaron a la publicación de La Conjura . Vez tras vez, las puertas se le fueron cerrando, las editoriales contestaban con notas negativas su ofrecimiento, los días —los años— se le hicieron una condena demasiado pesada como para seguir cargando con ella. Por eso, con 32 años, en 1969, Kennedy Toole decide entrar en su coche y no salir: los gases del vehículo habían sido dirigidos por él mismo al habitáculo, y lo matarían, sentado al volante. Tras su muerte, la señora Thelma Ducoing Toole, madre de John, continúa la lucha emprendida por su hijo y, finalmente, consigue que el editor Walker Percy se decida a publicar el libro en 1976: inmediatamente se convirtió en un éxito de ventas, qué ironía y qué contraste con las malvas que aliñaban la tumba del escritor. Hasta tal punto fue un fenómeno literario, que en 1981 se le concedió el Premio Pulitzer. El broche de oro de esta edificante historia se produce en 1989, cuando se publica La biblia de neón, novela anterior de John Kennedy cuyo manuscrito había descubierto la madre entre las notas del escritor.
En cuanto a La conjura de los necios , ya hemos dicho que la novela está dominada por la presencia totalizadora del personaje de Ignatius Reilly. Gordo, ataviado con un estrambótico abrigo y un gorro inconfundible, el tipo es un treintón convencido de varias cosas: primero, de que él es un genio, algo que repite a su madre insistentemente y que perjura que el mundo acabará por reconocer. Segundo, como en casa, en ningún sitio: salir a la calle se le antoja una peligrosa aventura que no es recomendable acometer. Y tercero: la sociedad está equivocada en todo, él es quien tiene razón.
Sin embargo, la vida monacal de Ignatius se verá alterada cuando se vea en la obligación de salir a las calles de Nueva Orleans a trabajar: necesita el dinero para pagar una multa y los destrozos causados por su madre, que condujo con varias copas de más. La madre es partidaria de vender la casa, largarse a otro lugar más modesto y empezar de nuevo. Pero Ignatius se pone verde sólo de pensar en mudanzas, en cambios, de modo que, haciendo de tripas corazón y con la dignidad en la frente, bien alta, se lanza a la venta de perritos calientes. Su idiosincrasia le impedirá que las ventas sean un éxito; es más, él es quien se come casi todas las salchichas, así que, tal y como sospechan, en el fondo el asunto le saldrá poco rentable.
¿Ignatius y el mundo juntos, mezclados? Las situaciones esperpénticas se encadenarán ya sin solución, a la par que nosotros continuamos conociendo las opiniones del buen muchacho y asistimos a la brutal correspondencia que mantiene con su supuesta novia, a la que intenta convencer para que siga con él.
Lo asombroso está en que llega un momento en que, pese a que es evidente que uno no puede identificarse con Ignatius bajo ningún concepto, de pronto se empieza a estar de acuerdo con sus consideraciones acerca de la sociedad. Es decir, el autor consigue sacarnos del mundo en el que vivimos para que lo veamos mejor desde fuera, precisamente usando a un tipo desquiciado que jamás desearíamos como vecino. Fuera del personaje, fuera de la sociedad que se nos dibuja (y que es, ay, tan real), ya no querremos que el libro acabe, tan bien instalados como estamos en ese limbo narrativo que consigue John Kennedy de manera magistral.
La relectura es lo único que nos queda una vez hayamos acabado. Eso, y La biblia de neón , en la que también se mete estopa a las relaciones sociales que establecemos entre todos. Créanme, después de leer La Conjura de los necios , se sorprenderán identificando a cualquier tipo que vean por la acera, en el autobús, en el supermercado, con Ignatius Reilly. “Mira, acabo de hacer como lo haría Ignatius…”, “No seas Ignatius, anda…”, “Como diría Ignatius…”.












22 July 2007 a las 11:07 pm
Buenísimo libro. Lo leímos en el club de lectura que dirijo en Huesca y causó una gran impresión. Y efectivamente, amigo angelcaído, existe cierto cobrador de autobús que le da un aire al señor Reilly…
24 July 2007 a las 4:27 pm
Es una pena que el autor no se diera la oportunidad de seguir practicando. Lo mejor para mi: la estupenda galería de personajes.
26 December 2007 a las 1:40 am
Muy buen libro. Imposible permanecer indeferenta ante los fantásticos personajes.
19 January 2009 a las 10:03 am
Una vez leído, solo puedo decir que me ha encantado. Me lo he pasado muy bien leyéndolo y a conseguido que me ría a carcajadas. Quizás esperaba un final más apoteósico, pero cierra todos los círculos correctamente y me da por pensar que trás el final podría venir perfectamente una segunda parte aunque si el autor tenía o no esa intención ya no lo sabremos, ni lo veremos, aunque da esa sensación.
27 January 2009 a las 12:38 pm
[...] Artículos más comentados MEMORIAS DE UN ANARQUISTA EN PRISIÓN, Alexander Berkman. (99)EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA, Robert Fisher. (71)SUMMERHILL, A.S. Neill. (68)CRITÓN o “del deber”, Sócrates (65)ANTÍGONA, por Sófocles. ¿Alguien puede criticar un poco de relativismo? (56)EL PRÍNCIPE, de Maquiavelo. (43)ARDE TROYA, un epítome contaminado y muy personal. (39)EL MAGO DE OZ II, Lyman Frank Baum (34)Las servilletas de la barra del Savoy. (32)LAS BACANTES DE EURÍPIDES, La tragedia en esencia. (31) [...]
22 February 2010 a las 12:40 pm
Salvo en lo referente al tipo y a mis relaciones con mi madre, ya fallecida, muchos compañeros de trabajo opinan que me parezco sospechosamente a Relly. Incluso me llaman Ignatius. Sin embargo, me considero más como Groucho Marx. El libro en cuestión es prodigioso.