PENTESILEA, Von Kleist.
7 May 2008, por Asia :: Literatura: Comentarios de libros, ¬> Teatro 8 Comentarios | 4,853 visitas
Habría que imaginarse a una persona como Goethe, o cualquier otro de similar índole, ante la lectura de esta obra. El autor de Fausto era un tipo eminentemente sentencioso, cuyas búsquedas intelectuales servían para reafirmar sus planteamientos. Yo me busco mis principios y a partir de ahí vivo y pienso, y estos serán el baremo con lo que juzgue lo que me rodea. Alguien, creo que Zweig, le bautizó como fuerza centrípeta. En oposición, Hölderlin, Nietzsche o el caso que nos ocupa, Kleist, personas centrífugas, gente que vive en el limes, si no, más allá, que con sus avances se aleja indefectiblemente del medio. Pues bien, Goethe se tuvo que remover incómodo en su sillón al leer este escrito. Demasiadas inquietudes provocaba esta Pentesilea.
Hoy en día no puede provocar tantas, pues determinadas incomodidades en ojos de aquel entonces ya no son tales ahora. El sexo femenino equiparado al masculino, desde los avances del siglo pasado, y la acción dramática de las pasiones siempre interiorizada, desde Freud, ya no sorprenden a casi nadie. Pero la fuerza dramática del amor desmedido que se muestra sigue conmoviendo y el texto poético de primerísimo orden deslumbra.
Pero vamos a ver lo que nos ofrece Von Kleist en esta deliciosa pieza: el hilo conductor de la trama son tres enfrentamientos armados entre los aqueos y las amazonas. Éstas surgen en medio del marco troyano buscando hombres a los que vencer para llevarlos con ellas y desposarlos bajo sus costumbres. En la primera refriega, surge el amor entre Aquiles y Pentesilea. En la segunda batalla cae herida la amazona ante el empuje de Aquiles, quien decide hacer creer que ha sido él el vencido, para no herir el orgullo de ésta y consumar su amor. No obstante, se ve obligado a reconocer los hechos, no previendo la respuesta encolerizada de la amazona. Ante su error, comete otro, pues imagina conocer la mente femenina; promueve otro encuentro, en este caso individual, en este caso se dejará ganar… Así que acude desnudo de armas al combate, esperando ser vencido por la mano de Pentesilea de la misma manera que ha sido vencido por el amor. Pero la amazona ha caído presa de una locura sin igual, extrema. Su amor la ha consumido. No es ya cuestión de hybris, de soberbia y orgullo, sino de pasiones irrefrenables. Fuera de sí, como una bacante poseída por la manía, acude al combate armada y acompañada de sus perros de presa. Allí encuentra a su adversario, a su compañero en el amor. Y le hiere, le persigue y le mata; le muerde, le despedaza. De Aquiles, el bravo guerrero, un Apolo hecho carne, solo queda una masa sanguinolenta y flácida que se ve arrastrada por el campo de batalla por la loca triunfadora. Tres enfrentamientos, un encuentro, un desencuentro y, al final, el definitivo encuentro de la muerte. Pentesilea, cuando vuelve en sí, es consciente de lo que en sueños, como sonámbula, ha realizado. Y lo ha hecho con plena libertad, sin ataduras morales, aunque le haya conducido a la perdición ese albedrío. Como el mismo autor haría, como Kleist deseó siempre. Un matrimonio con la muerte. Pentesilea, entonces, se quita la vida. Sus guerreras la unen al pélida en un lecho de pétalos de rosas, en un principio destinadas al matrimonio.
¿Es esta obra drama o tragedia? Cuando el discurso interno del texto empieza, se desarrolla y finaliza con pasiones humanas, siendo actor de ese pathos el individuo, es que estamos ante una tensión dramática. Pero si estas pasiones escapan del individuo, haciéndose protagonista del conflicto el destino, la ley o algún dios, es que estamos ante una tragedia. Los conflictos en Pentesilea son internos; no la enloquece ningún dios, como a Ágave en las Bacantes, no se encuentra en un callejón sin salida ante las leyes, como Antígona ante Creonte, no es presa del destino, como Edipo y su fatalidad; si acaso de su propio amor, de manera similar a Medea, convirtiéndose en una fuerza de la naturaleza, libre y sin medida, terrible. Y sin embargo, si se presta atención al texto, algo de Ágave tiene, pues descuartiza al ser amado; también conserva la lucha ante la ley de las amazonas, a la manera de Antígona; y hacia Aquiles le lleva una profecía, un sueño de su madre, un fatum, parecido al que conduce a Edipo. Pero ella es libre, como señalé, pues el sueño no la ha atenazado, sino que la ha liberado. En su interior lo deseaba:
“Besos, mordiscos, son palabras que riman (*), y todo el que ama de corazón los puede confundir”.
(*) En alemán, se entiende.













8 May 2008 a las 6:37 pm
Precioso artículo, en verdad. Copiado y pegado está, en mi antología personal de reseñas.
Cuando leo cosas como ésta -artículos, recensiones, comentarios, etc.-, mucho me abruman mis vacíos en estudios clásicos (aah, si pudiese volver a la edad en que escogía carrera…).
Muy buena, Asia, tu referencia a la contraposición hecha por Zweig entre Goethe y los tres ‘poetas esclavos del demonio’, como el maestro austríaco los denomina: Hölderlin, Nietzsche y Von Kleist. En “La lucha contra el demonio”, bellísimo libro.
Buscaré “Pentesilea”.
Saludos.
8 May 2008 a las 7:09 pm
Te deseo suerte, Rodrigo, porque es complicadilla de conseguir. Yo la adquirí en una de esas librerías de viejo. Y suerte porque es una lectura deliciosa.
Y un apunte: si has leído a Stefan Zweig ya eres afortunado. Qué pasada de tipo. Lo que daría yo por haber compartido cafés con la centésima parte de sus amistades; por poder compartirlo con él, ni te cuento. O por su intuición, por eso también daría mucho. Por cierto, creo que por Hislibris anda una reseña suya de “El mundo de ayer”.
8 May 2008 a las 7:36 pm
Uh, Javi, tremendo tipo ese Zweig. Ya quisiera lo mismo que tú, esas amistades, su intuición, su cultura. Me fascinan sus estudios biográficos. no tanto sus relatos.
Por cierto, conozco la reseña que mencionas, muy buena, de un tocayo tuyo. ¿Las memorias de Zweig?, je, caerán con toda seguridad en junio. Y veré si tengo suerte con “Pentesilea”.
Saludotes.
9 May 2008 a las 12:05 pm
Gracias, Rodrigo. Favor que me haces al considerar así mi artículo. Y entonces… ¿hubieras cambiado tus estudios?, ¿por cuáles? ¿Te hubieses venido a la acera de Javi, Logopita y una servidora? ¿A Clásicas?
Ojo, atended los que estéis en estos momentos pensando en vuestro futuro académico: estudiad lo que estéis llamados a estudiar, intentad intuir lo que más os llene. Jamás os arrepentiréis.
9 May 2008 a las 5:12 pm
Clásicas -o lo que se le parezca en mi país, Chile-, si es que no Historia: algo de esto hubiese estudiado, estimable Asia.
Suscribo con fervor tu recomendación.
Saludos.
16 May 2008 a las 10:38 pm
Mira que es complicado a veces, pero mira que tienes razón.
Y enhorabuena por tu reseña, para mí ha sido de lo más oportuna: yo también la sumo, si me permites, a la montaña de cosas que empiezan a perfilar mi próxima “amenaza” pictórica. Pentesilea y lo que la rodea no era un personaje ajeno en mis esquemas, y ahora menos.
Así que lo dicho, enhorabuena, gracias por tu texto y, en mi caso, también por el descubrimiento de la obra en sí (¿difícil de conseguir entonces, Javi? Pues vaya…), y un saludo, Asia.
16 May 2008 a las 11:12 pm
Bueno, difícil si la quieres en propiedad, Nuru, aunque si la buscas por amazon seguro que la encuentras. Pero si la mecesitas para un par de semanas, yo te la presto.
18 May 2008 a las 6:57 pm
Vaya, bueno, pero es verdad, queda Amazon, ahí seguro que es posible. Eso sí, si entonces te animas a prestarme la tuya por unos días como dices, genial, lo hablamos pues (y mil gracias).