13,942 views
41 Comments »Ariodante
EL ÚLTIMO ENCUENTRO, Sandor Marai.
El autor, húngaro nacido en Kaschau (hoy Kosice, Eslovaquia) en 1900, rebosa similitudes con Stefan Zweig, no sólo en su biografía sino en su obra. Obra que también trae remembranzas de Joseph Roth, o incluso de Thomas Mann. Bien situado económicamente, su padre, abogado, le facilitó la posibilidad de viajar por Europa, donde residió en diversas ciudades, primero como estudiante -mal estudiante- haciendo una vida bohemia y más tarde redondeando sus ingresos con artículos periodísticos y colaboraciones literarias diversas. Cuando la dictadura de Horthy en Hungría, residió en París unos años, tomando una posición crítica, antifascista, y enviando artículos a su país, que le hizo crearse un público favorable a su retorno, estableciéndose en Budapest, donde ya empezó a escribir y publicar novelas, con gran éxito.
Al derivar Europa hacia el fascismo con la subida al poder de Hitler, Marai, casado desde los 23 años con una dama judía, a la que amó profundamente durante sesenta años, decidió que era el momento de partir al exilio. Desde allí escribió, en su diario, la siguiente cita:
“De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores”. (Fuente de la cita)
Con la ocupación soviética de su país, fue declarado escritor decadente y burgués y sus libros fueron prohibidos. Llevó una vida itinerante con su mujer –mientras ésta vivió- hasta que acabó nacionalizándose estadounidense e instalándose, tras una estancia en Nueva York, en San Diego, California.
Allí, viejo, enfermo, solo, fallecida su esposa años antes, se quitó la vida pegándose un tiro, meses antes de la caída del muro de Berlín. Su obra es pausada, los largos monólogos y pensamientos nos provocan profundas reflexiones sobre la vida, su estilo es elegante y su pintura del mundo que le rodeaba en su juventud, un mundo grandioso pero en franca decadencia, nos sumerge en una especie de melancolía o de deja vu que es lo que le asemeja a los grandes escritores centroeuropeos del momento.
El último encuentro es una novela corta, cuyotema formal es el reencuentro de dos amigos después de cuarenta y un años de distanciamiento, físico y espiritual, después de haberse tratado como hermanos desde pequeños, cuando compartían internado en una escuela militar. Está ambientada en el imperio austro-húngaro, ya en decadencia, y las descripciones del antiguo esplendor de la familia, las cacerías, los bailes, el emperador, los menús y la colocación de los servicios de mesa…en un momento hay un cameo de la emperatriz Sissi, que pasa lánguidamente junto a uno de los protagonistas, que la admira por su delgadez y elegancia….en fin, que uno se introduce muy fácilmente en el contexto y se deja mimar por el lenguaje.
Lo curioso es que, de los dos amigos, el errante, digamos, el que se marcha, es un tal Kònrad, de origen polaco, de temperamento artístico, obligado a la carrera militar por la familia, de honorable ascendencia pero venida a menos, cuya descripción y la de su destino errante, Singapur y Malasia, y su nueva nacionalidad, la británica, nos produce un eco muy familiar.
La obra es un alegato a favor de la amistad. La amistad entre dos hombres, pero la amistad en general, también. Y ello nos lleva de nuevo a Joseph Conrad, cuyo tema tantas veces frecuentado es también la amistad, la fidelidad entre dos seres humanos que se identifican mutuamente, como remarcaba Montaigne en sudelicioso ensayo Sobre la amistad que escribió basado en su amigo La Boêtie.
Como muestra, un botón:
“Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. (…) ¿Qué valor tendría la amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca recompensa? (…) Tenemos que soportar que las personas que amamos no siempre nos amen, o que no nos amen como nos gustaría. Tenemos que soportar las traiciones y las infidelidades, y lo más difícil de todo: que una persona en concreto sea superior a nosotros, por sus cualidades morales o intelectuales.”
Y aquí Marai se descubre como un magnífico observador de la naturaleza humana, deshojando una cantidad de reflexiones deliciosas y muy enriquecedoras, según va avanzando la conversación, que en realidad es un monólogo, un largo monólogo ante un interlocutor silencioso y asombrado, donde vamos descubriendo las sinuosidades del alma humana y los misterios de nuestra naturaleza, bajo una apariencia de normalidad y de perfecta corrección. Lógicamente hay una mujer, -casi siempre hay una mujer…-también encerrando un misterio. En realidad hay varias mujeres: la madre francesa, la nodriza que le acompaña desde la infancia hasta la vejez, la esposa… En un mundo fundamentalmente masculino, el mundo militar, del honor, de los valores viriles, el mundo del padre, el del protagonista y su amigo, que les arropa y a la vez les aísla del mundo exterior, del que Kònrad trata de escapar, primero centrándose en la música y en el arte, y luego en las tierras lejanas de los trópicos, huyendo de una culpabilidad que es imposible de borrar. La culpabilidad: otro clásico tema conradiano, que aquí también aflora entre las divagaciones del protagonista.
Pero Marai se concentra, en esta obra, en las reflexiones del protagonista principal, y aunque el relato está contado en tercera persona, la mayoría del tiempo el protagonista está hablando o pensando, y por tanto en primera persona, con lo que hace muy fácil o identificarse con él, o, al menos, implicarse, como si nosotros fuéramos el contertulio a quien van dirigidas todos esos monólogos. El otro, el amigo, sólo aparece como un receptor de la discursividad ajena, con lo que nosotros los lectores, ocupamos su lugar con facilidad. El amigo calla. Escucha, asiente o niega, pero es un mero oidor. Son las reflexiones del protagonista principal las que soportan el peso de la historia. Y el final, al que se dirige toda la explicación, queda en el aire, a la espera que el lector, que también es un oidor, decida cuál ha sido la culpa y el pecado de quién. Que en realidad no importan. Lo que importa es cómo se llega a ello, las reflexiones que se encadenan hasta llegar a una conclusión. El tiempo ralentiza las emociones, y proporciona la ocasiónpara analizar las relaciones humanas, el amor, la amistad, el honor, la traición, la cobardía y el valor.
Es una novela que tiene una edad para leerla y comprenderla de lleno. No es novela de juventud, sino de madurez. Hay obras que puede leerlas cualquier persona a cualquier edad; pero hay otras que son más propias de una edad que de otra. A un joven, lógicamente, no le preocupa la muerte ni la vejez, ni la enfermedad, salvo contadas excepciones enfermizas. Pero a partir de los cuarenta o los cincuenta, las personas comienzan a hacerse reflexiones sobre su vida, sobre su pasado, sobre los errores cometidos y sobre el paso del tiempo. Y aquí Marai entra a fondo y nos sirve en bandeja de plata toda una espléndida meditación que nos llega al alma.



(44 votes, average: 4.14 out of 5)
Entrada
del
Wednesday, April 30th, 2008 at 12:55 pm en


Vaya manera de mandarme a comprar un libro, Ariodante. Bueno, con una reseña como ésta es un gusto.
Padeciendo como padezco de cierta debilidad por la novela europea centro-oriental, admito que mi total desconocimiento de la obra de Márai me incomoda. Espero colmar pronto este vacío, en parte al menos: ya me agencié ‘La herencia de Eszther’, y luego caerá ‘El último encuentro’.
He leído comentarios en que se compara a Márai con otros dos notorios escritores húngaros, D. Kostolanyi e Imre Kertész. Márai sale muy bien parado, por lo general, lo que a mi entender es un buen indicador. Así pues, no sé qué me demora a comenzar de una vez con este autor.
Enhorabuena por la reseña, querida contertulia.
April 30th, 2008 at 2:28 pmEs un placer leer cosas así, ¿eh?, Rodrigo. Da gusto este empujoncito que nos da. La verdad es que es un artículo muy trabajado y, a la vez, bastante claro y elocuente. Gracias, Ariodante.
April 30th, 2008 at 4:51 pm¿No os estais pasando? Me haceis sonrojar…Tampoco es para tanto, jolín. A este paso, voy a creérmelo…
April 30th, 2008 at 4:55 pmTe digo una cos Ariodante, Joderrrrrrrr, buenísima la reseña, de corazón te lo digo. Que cantidad de cosas para reflexionar nos dices o nos transmites, o al menos lo que el autor en su libro refleja. Que bueno es pararse de vez en cuando y reflexionar sobre las cosas de tu vida diaria y analizarlas. Este libro parece que es un alegato a eso, a la reflexión del individuo.
May 1st, 2008 at 10:17 amPor cierto, cada vez me doy mas cuenta de la influencia actual de lo sucedido en Europa en los años 40, es tremendo como cambió el mundo y sobre todo a las personas.
Gracias chico, de verdad que me ha emocionado tu reseña.
Sito, muy agradecida por tus palabras, me siento muy bien después de leerte; únicamente na pequeña corrección: no soy chico, sino chica, y mas bién ya entradita en años, con lo que, bueno, me encanta que me rebajen la edad, pero no que me cambien el género. Estoy muy satisfecha siendo mujer y no tengo intenciones de cambiar de sexo. Quizás mi nick despiste, por ser el nombre de un hombre, pero lo elegí porque es un papel operístico que suele cantar una mezzosoprano, mujer (o un castrato, en el siglo XVIII), y porque me gusta. Gracias, de todas formas.
May 1st, 2008 at 10:23 amValla, mala pata la mía. Bueno, si la verdad es que el género de cada uno no debe de importar, lo que importa son las personas y lo que dicen, independientemente de su género.
May 1st, 2008 at 3:12 pmTranqui, Sito, ya te digo que no pasa nada. Es cierto que lo que importa en este caso es lo que decimos cada uno, lógicamente, y cómo lo decimos, también. Pero a otros niveles el género sí es importante. Estoy convencida de que no somos iguales y quiero disfrutar de mis diferencias, ¡ja ja ja! No me estoy refiriendo a las leyes, claro. Ahi sí que debemos ser iguales o al menos reclamar la igualdad: nada de beneficios por ser de un sexo o de otro (o de ambos, en fin). Soy absolutamente contraria a las cuotas. Las personas deben acceder a los trabajos, premios, puntuciones, etc, por su valía como personas o como profesionales, nunca por pertenecer a un genero u otro. ¡Menuda ganga, si no!
May 1st, 2008 at 3:25 pmCompletamente de acuerdo con tigo Ariodante.
May 1st, 2008 at 3:53 pmUna bonita reseña Ariodante, tal como lo cuentas parece un libro de pensamientos profundos que puede ayudar. Iré haciendo una lista para saber los que debo leer.
May 1st, 2008 at 6:57 pmHola de nuevo, querida Ariodante, después de tanto tiempo.
Sí que me has despertado el gusanillo con este autor: que si la época, que si las semejanzas con Zweig…
Habrá que incarle el diente.
Un saludo.
July 4th, 2008 at 9:54 pm¡Hombre, Derfel¡reapareciste!Y por causa mía…es un honor. ¿Qué tal todo? Pues si te ha gustado ésta, mira la reseña que me acaban de sacar en Hislibris (¿sigues pasándote por alli?), sobre las memorias de Márai. Creo que también te gustará. Échale un vistazo y me cuentas. Y de nuevo, ¡bienvenido!
July 5th, 2008 at 9:36 amGracias, ARio.
July 5th, 2008 at 2:54 pmSí que tiene buena pinta, sí…
Aunque tengo la mochila llena de libros -acabo de cumplir añitos-, igual le hago un hueco a las memorias.
Ultimamente, es casi de lo que más leo. Las de S.Zweig son mi libro de cabecera. Tengo las de Chesterton sin leer y estoy con las memorias de un fusilero inglés durante la guerra de independencia.
También ha caído “Chaqueta Blanca”, libro autobiográfico de H. Melville que cuenta sus experiencias como marinero en una fragata estadounidense. Y de postre, Las cuatro plumas y Alejandro Magno, de R. L. Fox.
En fin…
Vaya, pues,¡felicidades!Si “El mundo de ayer” es tu libro de cabecera, supongo que “¡Tierra, tierra!” te gustará, aunque el otro es mejor, en mi opinión. Si te van las autobiografías o las memorias, ¿leíste las de Conan Doyle, finalmente? ¿Y las de Kipling? Otras muy interesantes son las de Bertrand Russell, el filósofo.Y si te gusta el cine, no te pierdas las memorias de John Huston.Son divinas. A mi las de Chesterton no me gustaron demasiado, este hombre tenía muchas cosas buenas pero se enrollaba como una persiana, a veces más de lo soportable. No he leído “Chaqueta blanca” de Melville. “Las cuatro plumas” son un disfrute, lectura muy de verano, y Alejandro…bueno, ¡qué quieres que te diga!
July 5th, 2008 at 3:11 pm[...] En fin, esta es una novela que los seguidores de Márai deberían leer, con ciertos reparos, pero mi sugerencia es que los que no han leído nada de este autor sería recomendable que empezasen por otra obra, por ejemplo, El último encuentro, o quizás por la propia autobiografía (y aquí también). [...]
May 26th, 2009 at 12:33 pmEn muy pocas palabras has despejado mi ignorancia sobre este autor y ahora ya se también porqué te gusta tanto: esos ecos conradianos….
Parece una novela muy trabajada, intimista (como dices, no es un libro de juventud), de esas que se apuran con placer y cuyo final uno trata de demorar. Ummm qué gusto. Lo dicho, tengo que ponerme al día con Márai
May 31st, 2009 at 12:04 amEstimada reseñadora:
Lamento comunicarte que el libro en cuestión me ha decepcionado bastante. Quizá me había creado unas expectativas desmesuradas, no sé, pero la historia me parece que no se sostiene. Creo que en realidad no termina de contar nada. Sí, es cierto que las reflexiones son bonitas y que, como siempre, están muy bien expresadas. Pero es un precioso envoltorio que dentro lleva muy poco. Me recuerda una crítica que leí una vez sobre Javier Marías (y que no comparto), en la que calificaba sus libros de “literatura de sonajero”: suenan bien, pero sólo eso.
¿Existe una relación de amistad como la descrita entre los dos protagonistas? He terminado el libro y sigo aún sin enterarme por qué son amigos. ¿Son amigos simple y llanamente porque coincidieron en la academia? Pues mira qué bien.
Al parecer se trata de una amistad muy pura, pero no sabemos por qué. Al parecer se quieren mucho, pero me perdí aquella parte del libro donde se relata ese aprecio progresivo. La amistad no puede ser algo tan abstracto, se tiene que sostener sobre algo más material, intereses en común, cariño mutuo, vivencias, etc. De eso, el libro no cuenta nada y, en consecuencia, se me hace muy dificil creérmela. Partiendo de estas premisas, es complicado que me sienta indignado por la presunta traición.
¿La relación del protagonista con su esposa? Peor aún. Ni siquiera la traza, más allá del incidente del diario. ¿Es creíble la reacción del protagonista tras enterarse de la verdad? No lo sé. Me parece todo forzado, carente de fundamento.
Vamos, que no me ha gustado mucho, por si no lo había dicho. Otro día sigo.
Un saludo.
¿Si no sabeos nada de la relación subyacente, cómo podemos emoncoina
September 28th, 2009 at 7:45 pmLa última frase, obviamente, es una errata.
Abur…
September 28th, 2009 at 7:46 pmBueno, me parece fenomenal que expongas una crítica y muy bien razonada, por cierto, Derfel. Hace año y pico que lo leí, asi que me pillas un poco a contrapelo. Márai es un autor introspectivo, asi que le interesa poco darnos detalles de muchas cosas que a lo mejor esperamos leer. Y la amistad que él nos muestra en realidad es una excusa para hablar de sí mismo (del personaje, digo). Dices que si existe esa amistad; no veo por qué no. Pero es una amistad del pasado, una amistad de juventud, sólo que de pronto se planta en el presente. Una amistad que dejó de serlo, lógicamente, por la separación. La relación con la esposa está más diluída, pero ya intuimos que hay un problema, hay una sospecha de traición y no se sabe de quién. Es la duda que recorre la narración. Cuando un escritor es introspectivo, el lector entra o no entra en la historia. Mi marido, por ejemplo, la leyó este verano y se atrancó un poco, le costó entrar y no le gustó demasiado. Es como una conversación con alguien que no te da detalles de algo, sino que lo sobreentiende; puedes seguirle o no, pero si le sigues, no necesitas los detalles. No sé si me explico…
September 28th, 2009 at 8:30 pmSí, te explicas, pero si esa introspección no se basa en experiencias conocidas y asumibles por el lector, me parece a mí que estamos hablando por hablar (cosa que, en un momento dado, también tiene su gracia).
Un tipo listo tu marido, sin duda…
September 29th, 2009 at 12:28 pmJaja, sí, mi marido es un tipo listo, pero lee poca literatura, y más filosofía. En cambio, leyó “¡Tierra, tierra!”, de Márai tambien, y ésa sí que le gustó mucho.
September 29th, 2009 at 2:50 pmMe reafirmo en lo dicho, pues.
September 29th, 2009 at 4:59 pmMe gustó mucho el libro, su lenguaje, la profundidad de sus palabras. estoy haciendo muchas anotaciones porque me han tocado el alma, seguramente porque he sufrido mucho por la pérdida de una amistad, no por parte mía, sino de mi supuesta amiga, esa que como digo ¨nacimos en el mismo moisés¨. No sé si se entiende. Pero yo no soy tan abnegada y no puedo continuar con una farsa, no lo voy a permitir. Perdoné muchas veces pero esta vez se rompió, de mi parte y le voy a hacer frente. Ya fue, como dicen los chicos, con el corazón desgarrado. Pero es verdad, en mí seguirá algo, como siempre después de tantas puñaladas recibidas y no esquivadas.
December 27th, 2009 at 3:13 amHermosa la reseña, la felicito. Soy Profesora de Letras e Historia y no tengo nada más para agregar más que en mi corazón quede mucha tristeza.
Bienvenida, Verónica; me alegro que te haya gustado el libro, siempre es bueno descubrir un nuevo autor y sobre odo, llegar a esa compenetración con sus textos. Lo que siento es que haya sido por esa razón…Todos hemos ido perdiendo amigos con el tiempo …y ganando otros, hay que verlo desde eese punto de vista, creo yo. O remodelando viejas amistades que empezaron de un modo y acabaron de otro, pero se mantienen. Son cosas de la vida. En fin, te agradezco que alabes mi reseña; estoy segura de que tu probablemente podrías hacer lo mismo o mejor. Saludos!
December 27th, 2009 at 9:56 amBienvenida, Verónica. Como dice Ariodante, donde hay una pérdida suele haber un hallazgo.
Un saludo
December 27th, 2009 at 11:10 pmMucho ánimo, Verónica, y, si me permites, la frase “en mí seguirá algo, como siempre después de tantas puñaladas recibidas y no esquivadas” me la apunto.
December 28th, 2009 at 9:40 amEs la segunda vez que leo “El último encuentro” es, sin duda, el mejor libro que he leído nunca. Pertenezco a una tertulia literaria y es curioso, a las chicas nos ha gustado en general, pero los chicos no pudieron con él. Hablamos de “chicos” prejubilados.
January 2nd, 2010 at 9:25 pmBueno, yo no diría lo mismo. El libro me gustó mucho, me hizo descubrir a Sandor Márai, del que he leído otras cosas muy interesantes, también, pero aún así no podría decir que es el mejor libro que haya leído nunca. No sé cuál es el mejor libro que he leído, la verdad. Hay muchos. Supongo que lo último que lees es lo que te deja más impresionada, y la prueba de fuego está en la relectura. He releído pocos libros, pero todos ellos me han vuelto a gustar y supongo que eso puede colocarlos en la lista de los mejores. Por ejemplo, Lord Jim, y Nostromo, de Conrad.
January 2nd, 2010 at 11:15 pmMuy buen artículo felicidades,
January 6th, 2010 at 10:59 pmMagnìfica reseña! me encanta este autor, termino de ver en teatro y la interpretaciòn màs que buena.
February 22nd, 2010 at 2:27 amGracias, Guadalupe, gracias Buby. Oye, Buby ¿qué has visto de teatro de Márai? Porque no le conozco ninguna obra teatral…
February 22nd, 2010 at 3:10 pmUna reseña que retraza realmente bien las grandes líneas (y líneas menores) de un libro que merece su puesto entre los clásicos literarios.
April 4th, 2010 at 12:53 pmSaludos a todos -
P.D: por cierto un ejercicio díficil que Ariodante logra a pesar de consideraciones, ambientes y tramas intimas muy matizadas y complejas.
Gracias, Max. Un detalle, por tu parte.
April 4th, 2010 at 1:41 pmTengo 17 años y leí el libro con paciencia y en momentos de templanza y lo logré llevar muy bien. Es un libro para toda edad. Ciertamente no es una gran historia ni un enredado suspenso, es un libro de reflexión y producto de una indudable introspección rigurosa que es llevada por una persona con un conocimiento profundo de la naturaleza humana.
April 23rd, 2010 at 1:03 am¡Diez y siete años! Vaya. Sorprendente.
April 23rd, 2010 at 11:58 amhe descubierto a Sandor Marai recientemente y ha sido como un oasis. He empezado precisamente con esta novela, “el ultimo encuentro” Como vivo en los EEUU, me compre la traduccion al ingles que se titula “Embers” o “Ascuas”. Como titulo me parece mas sugerente, ya que precisamente el climax de la novela se produce cuando el anfitrion tira el diario de la esposa a las brasas y ahi se quema, dejandonos sin descubrir un secreto. NO hace falta saber lo que paso, lo mas hermoso es la reflexion sobre la amistad y dejar participar al espectador sacando sus propias conclusiones. ES una maravilla. Ahora he empezado por una novela de juventud, “The Rebels” o Los rebeldes. Por cierto, los diarios son sublimes.
May 1st, 2010 at 5:33 amHola, Teresa! Me parece oportunísimo tu comentario. Porque tienes razón, es una reflexión sobre la amistad y quemar el diario sin leerlo es lo mejor. También “Ascuas” puede hacer referencia a esos rescoldos de la amistad que quedan, como en una chimenea apagada la noche anterior y que a la mañana siguiente aún notas restos aún encendidos, que al tratar de removerlos desaparecen y se apagan.
May 1st, 2010 at 9:20 amLos Rebeldes te gustará. Es una obra muy interesante una novela de iniciación. Le tengo hecha una reseña aqui: http://libros2.ciberanika.com/DesktopDefault.aspx?tabid=28&pagina=letras/m/p04714.ascx
Por si te interesa…
despues de leer su comentario del ultimo encuentro, note que dice al final que es un libro con edad para los mayores de 40 anos aproximadamente. Estoy totalmente en desacuerdo con ello ya que tengo menos de 20 anios y me lo lei. Y honestamente se presenta muchos temas de los que he reflexionado y tambien me ha parecido una obra muy admirable, y que me ha hecho pensar mas sobre estos temas.
May 2nd, 2010 at 3:13 pmPues no sabes cómo me alegro de estar equivocada, Max. Pensé que, por los jóvenes que conozco, entre ellos mi propio hijo, es un libro al que se le saca más jugo cuando tienes una edad en la que puedes identificarte con alguno de los personajes. Pero me parece magnífico comprobar mi error.
May 2nd, 2010 at 4:24 pmQué elegante es siempre nuestra reseñadora…
May 3rd, 2010 at 6:53 pmGraciassss
May 3rd, 2010 at 7:05 pmHola a todos.
Me he leído El Ultimo Encuentro por segunda vez. La primera fue 7 u 8 años atrás y me encantó. En esta ocasión, me ha vuelto a tocar el alma como pocos libros han conseguido. Yo consideraría el Perdón como uno de los elementos centrales de la novela. Es curioso como el general, educado desde su infancia en los valores más tradicionales, perteneciente a un mundo en el que las emociones y la sensibilidad están en un segundo plano, llega al final de su existencia a la conclusión de que es la Pasión la que mueve los hilos de la vida. Y en ello fundamenta el perdón al amigo, a la esposa y a sí mismo. Ya poco importan el cómo y el porqué . El general se reconcilia con la vida y con el pasado volviendo a poner el retrato de su esposa en el pasillo. Me gustaría saber si compartís esta visión conmigo…
Derfel, creo que en esta ocasión, en mi humildísima opinión, el desarrollo profundo de la amistad entre los dos niños/jóvenes/adultos no es necesario, al igual que no lo es el desarrollo de la relación entre el general y su esposa, y entre esta y Konrad. Creo que lo fundamental es el punto al que se ha llegado y no cómo se ha llegado. Aunque también es cierto que si Marai se hubiera propuesto triplicar el número de páginas haciéndolo, habríamos disfrutado más tiempo de este tesoro de la literatura!
Con respecto a las similitudes con S. Zweig; sí, algunas se encuentran, pero no sé porqué, Marai tiene un punto “atormentado” en sus obras que yo no encuentro tan acusado en el otro. Reconozco muchos paralelismos por ejemplo con La Impaciencia del Corazón, que también me gustó mucho.
Saludos a todos.
June 30th, 2010 at 7:33 pm