EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: William Shakespeare.

El sueño de una noche de Verano, William Shakespeare¿William Shakespeare? Teorías para todos los gustos: que sí murió el mismo día que Cervantes, el 23 de abril de 1616 —aunque según parece diez días separaran las dos defunciones—, que si Shakespeare era un pseudónimo de Francis Bacon, verdadero autor de sus obras, que si tras ese nombre se escondía realmente una compañía entera de teatro, que escribía de forma colectiva los trabajos… De cualquier modo, sus obras de teatro se siguen representando, han llegado a ser parte del imaginario colectivo: Hamlet, Macbeth, El Mercader de Venecia, Otelo… y la que hoy nos ocupa: El sueño de una noche de verano. Shakespeare —fuera quien fuera— sabía cómo perfilar los caracteres de sus personajes, que de personajes pasan a ser, directamente, personas. Están teñidos de un deje de realidad que los hace tan actuales que en ellos reconocemos siempre a alguien conocido. Vamos, que esas historias de pasiones exacerbadas bien podrían haber ocurrido ayer mismo, en la calle de al lado. Que se alce el telón pues, que callen las gradas, que suene la orquesta, que se silencien los móviles, que comienza la función.

—¿Sabes lo último, no te has enterado? Cómo está el patio, chico.

—No, cuenta, cuenta, que llevo unos días desconectado del vecindario. Como no hago otra cosa que leer los artículos de larevelacion.com

—Pues mira, ¿tú te acuerdas de Hermia, la hija de Egeo?

—Sí, claro, alguna vez la he visto por el barrio de la mano de ese chico… cómo se llama… ah, sí: Lisandro.

—Eso es. Hermia y Lisandro se aman, pero el padre de ella quería que su hija se casase con Demetrio.

—¿Demetrio? ¡Pero si Helena, precisamente muy amiga de Hermia, está loquita por él!

—Pues resulta que Hermia y Lisandro decidieron escaparse antes de que Egeo la obligara a ella a casarse con Demetrio. Y dicen, según acabo de escuchar en el mercado, que la otra noche huyeron los dos, Hermia y Lisandro, e hicieron noche en el parque.

—¿En el parque? Si cuentan cosas horribles de ese sitio… Dicen que por las noches, cuando los guardas cierran las verjas, ocurren cosas.

—No has oído nada todavía; ya lo creo que pasan cosas. ¡Resulta que los amantes se quedaron encerrados en el parque, sí, después de que los guardas lo cerraran! Menos mal que estamos en verano y que la noche es suave: en invierno se habrían quedado como carámbanos. Imagínate, los dos solos en el parque, huidos del padre de ella… Pues bien, ¿quiénes crees se quedaron encerrados también esa misma noche en el parque? ¡Helena y Demetrio!

—¡Jesús!

—Helena suplicaba a Demetrio, la chica está loquita por él, eso se sabe en todo el barrio. Y Demetrio, según dicen, erre que erre: que si él a quien amaba era a Hermia, que si Hermia se iba a casar con él y no con Lisandro… y de tanto porfiar se les fue el santo al cielo, olvidaron la hora y la noche, y se quedaron encerrados también. Y ahora viene lo más raro.

—¿Más aún?

—Escucha, escucha. Sabes que se rumorea desde hace bastante que las rarezas que se cuentan del parque provienen de ese grupo de actores que los domingos por la mañana representan comedias para los niños y las parejas.

—Sí, a mí me consta —vamos, que lo sé de buena tinta—, que esos dichosos actores algunas noches se cuelan en el parque, y que allí hacen fiestas muy suyas, vestidos con ropajes raros y embriagados por licores y sustancias que ninguna persona decente tomaría.

—Ni más ni menos. Pues parece que los actores engatusaron a los muchachos dándole algún bebedizo. Lisandro perdió el juicio de tal modo que rechazó a Hermia y se enamoró de Helena, así, al instante, como si de magia se tratara. Y no sólo eso, sino que también Demetrio, digo yo que por haber bebido alguna inmundicia que le dieran los actores, quiso casarse con Helena.

—Ay, pobre Hermia, entonces. ¿De tener dos pretendientes pasó a quedarse sola, viendo como los dos mozos, el que ella quería realmente pero también el que rechazaba, se volvían hacia su amiga Helena?

—Tal cual. Imagínate la situación. Y pobre Helena, no te creas, porque según he oído decir ella pensaba que tanto Lisandro como Demetrio como Hermia se burlaban de ella.

—Ay, señor, ese parque deberían cerrarlo definitivamente, y a esa gente del teatro deberían echarla, mandarla muy lejos.

—Al menos parece que los efectos de los brebajes se esfuman al amanecer, como si todo hubiese sido un sueño. El guarda que abre el parque, y que es el marido de la prima de la señora que lo ha contado todo en la pescadería, se los encontró a los cuatro dormidos, entre los setos. Date cuenta, qué bochorno. Por lo visto se despertaron sin saber dónde estaban. Pero chico, cosa de hadas: ya espabilados no recordaban nada, sólo que Hermia y Demetrio se querían mucho y que Demetrio ahora sólo amaba a Helena.

—Señor, señor, parece cosa de duendes.

—Y dicho y hecho: allá que se han ido los cuatro, tan felices, dispuestos a casarse. El padre de Hermia ha aceptado la situación, visto que Demetrio ya no pretende a su hija, sino a Helena, y les ha dado su bendición a las dos parejas.

—¿Pues sabes qué te digo? Que me parece muy bien, que si los chicos se quieren, pues hala, que sean muy felices.

—Ay, sí, son felices al menos. Pero es todo tan raro, las cosas que pueden llegar a pasar en una sola noche.

—Ahora, hay una cosa que no me cuadra: ¿cómo se ha sabido lo que ocurrió de madrugada dentro del parque?

—Lo ha contado Puk, el hijo de la carnicera, que por lo visto pasa demasiado tiempo con los actores y tiene aspiraciones teatrales… Estuvo allí y vio lo que pasó, fíjate lo que te digo.

—Las noches de verano son cortas; pero a veces sí que pasan en ellas cosas propias de un sueño.

 

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1 Comentario en “EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: William Shakespeare.”

  1. SuperAguirreSociopatiaQueMalMeCaeElMundo Says:

    Buff Angelcaido, y encima serás del Atleti. Que partido, tu y el del Sevilla, (bueno, ese partidazo mejor), que buen mozo…para que digan luego por ahí las solteras que no hay buenos partidos, tu otra vez y el del Sevilla de nuevo.
    Muy chulo el articulo.


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