07 Mar

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Comments No Comments »Ivan Ilitch

«BLANKETS» de Craig Thompson.

«No soy un fulano con la lágrima fácil», que reza una canción de Sabina. Y es cierto, no lo soy. No es por alardear aquí de tío duro o machito pero rara vez un libro o una película me toca esa fibra que consiga encogerme el corazón. Así, mientras la gran masa lacrimea fácilmente con Titanics, libros de Paulo Coelho y demás, a su lado yo soporto impertérrito la sensiblería en mi butaca o sillón de turno, las más de las veces con una estoica indiferencia.

Es por ello motivo de alegría cuando, de vez en cuando, con cuentagotas, topo con una obra que me toca el corazón y me agita el lagrimal. Sucede en pocas ocasiones, un par de veces al año, tres a lo más (y consumo suficiente lectura y cine como para tener mayor suerte, pienso), pero qué delicia esos momentos contados. Como ir al cine y quedarte pegado con «Mi vida sin mí» de Isabel Coixet, «Los lunes al sol» de León de Aranoa o «Babel» de González Iñarritu. Como leer por primera vez «La tregua» de Mario Benedetti, «Pregúntale al polvo» de John Fante, «A este lado de la luz» de Colum McCann, «Paul va a trabajar este verano» de Michel Rabagliati o «Persépolis» de Marjane Satrapi.

Como descubrir la obra que en esta crítica voy a destacar: «Blankets» de Craig Thompson…

Y es que, al igual que todas las historias que en este escrito he destacado de forma somera (y son unas reseñas más que interesantes, haríais bien en tomar nota), es este «Blankets» de Craig Thompson una de esas historias mínimas pero inmensas, cercanas y sinceras, que sientes como tuya. Sin grandes ostentaciones estilísticas ni trabajadas retóricas del autor para que veamos cuán listo es y cuántas palabras conoce. No, únicamente vocabulario llano y textos naturales para contarnos sus propias vivencias de infancia y adolescencia, sin escatimar vergüenzas ni ahorrar miserias. Escritura autobiográfica para exorcizar los demonios de cualquier tiempo pasado que NO fue mejor. Literatura personal de la buena.

De esta manera, lo que Craig Thompson hace con esta obra no es sino acercarnos sus cuitas más profundas, desde esa relación amor-envidia con su hermano pequeño, pasando por su estricta educación cristiana y los jamacucos mentales que la misma le produjo, su inadaptación en el colegio o la historia de su primer amor adolescente, una bellísima e intensa historia de amor plasmada con un realismo y sensibilidad como pocas o ningunas veces habréis leído.

Por ello, leer «Blankets» no es que enamore, no, es que supone enamorarse de nuevo. Cándida y platónicamente, como un adolescente. Leer «Blankets» te colma el corazón y te devuelve a tus propios recuerdos, a tu propio primer amor, viendo plasmadas en sus páginas esa misma timidez que un día tú sentiste, esas mismas mariposas en el estómago, esa misma dicha plena. Gran culpa de ello lo tiene lo idealizado que está el elemento enamorante de la novela, una deliciosa chiquilla llamada Raina, pero qué gozada recordar y volver a sentir esa inocencia del primer amor a través de sus ojos. Qué gozada incluso evocar de nuevo esa gran tristeza por el primer desengaño. Mejor eso que no haberlo sentido nunca, ¿no?

Como en un gran collage en blanco y negro, con su DIBUJO de trazo limpio, acompañando las palabras melancólicas que Craig Thompson ha elegido para cada ocasión, todas estas evocaciones, todo este batiburrillo de sentimientos, toda esta melancolía acumulada, vuelvo a repetir que se materializa en esta obra a la perfección. Y sí, he dicho dibujo y lo he destacado con mayúsculas, ya que tal vez había soslayado hasta ahora el hecho de que «Blankets» es una “novela gráfica”. Si lo preferís, un comic, un tebeo, una expresión artística del noveno arte, elegid vosotros el término que os guste más, aunque en este caso considero que “novela gráfica” es una definición más que correcta. Yo, que personalmente aún no sé distinguir entre literatura, narrativa o comic, la única diferenciación que de momento hago en mis recomendaciones es cualitativa, esto es, si la lectura me produce un placer inmenso haciéndome ir más allá de sus páginas, logro que «Blankets» alcanza holgadamente.

Así entendida, la lectura de «Blankets» se convierte en un acercamiento íntimo hacia una persona que no conoces, el autor, que a su vez te hace revisar tus propias experiencias, tus propios jamacucos, tu Raina personal. Y es que como en la omnipresente -y mágica- nieve de «Blankets», la pulcra superficie blanca esconde bajo de sí secretos que nos reservamos para nosotros mismos y nadie más. Porque compartir unas vivencias que no son las tuyas, encontrando similitudes para lo bueno y para lo malo, consigue espolear esos rescoldos olvidados de nuestra propia infancia y adolescencia, etapas de las que sólo acostumbramos a recordar las partes más positivas, obviando los capítulos más desagradables y vergonzantes. Buen ejercicio introspectivo, pues, el que propone indirectamente «Blankets».

Por todo lo dicho, por unos ratos de buena lectura, por retroceder durante unos instantes hacia días olvidados y enjugarnos los ojos de nostalgia, por rememorar tan vívidamente lo que es un primer amor, por la empatía que alcanzas para con el autor o también, por qué no, por acercarnos sin miedo a ese mundo que son los comics a descubrir la inmensa calidad y madurez que atesoran muchas de sus obras, valga esta vehemente recomendación que hago de esta obra.

En definitiva, y en palabras del autor, por resucitar esa «satisfacción que produce dejar una marca en una superficie en blanco, dibujar un mapa de mis movimientos, sin importar que sea para siempre…»

«Blankets», de Craig Thompson. Poesía gráfica. Una joya a descubrir…

TÍTULO: «BLANKETS»
AUTOR: CRAIG THOMPSON
EDITORIAL: ASTIBERRI

 

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