Martín Fierro, el Quijote argentino.

Todo país que se precie como tal tiene su obra literaria cumbre. Así como España tiene El Quijote de la Mancha (quizá no sólo la obra cumbre de España, sino de toda el habla castellana a lo largo de la historia), Holanda tiene al Elogio a la locura, de Erasmo de Rótterdam, Portugal tiene a Os Lusiadas, de Luís Camões, Colombia a María, de Jorge Isaacs (la primera novela latinoamericana), y así todas las naciones. Argentina goza también de su héroe nacional: Martín Fierro, pero a diferencia del Quijote, éste no había leído libros de caballerías; ni siquiera sabía leer.

Mientras el personaje de Cervantes era culto y un poco loco, Fierro era bruto pero con una lucidez que solo la simpleza de vivir sobreviviendo da. José Hernández, el padre de Martín Fierro, es decir su autor, quiso mostrar que en la Argentina de mediados del siglo XIX también había una clase social, la del campesino, llamado gaucho, que se dedicaba a las chapuzas de campos, sea arriero de ganado, levantar fincas para los patrones o bien, los que sobrevivían cazando peludos (armadillos), vizcachas o ñandúes. Cuando no (eso sí) alguna vaca vieja ajena que carneaban para comer, pero respetando la ley de dejar el cuero sobre el campo alambrado.

Fierro era ignorante, ya se dijo, y además gozaba de otras habilidades humanas como ser borracho y pendenciero, pero Hernández respeta la psicología humana al afirmar en su personaje que todo es por algo. Casado con dos hijos, vivía en la tapera (rancho muy pobre hecho con barro y paja), comía lo que conseguía y calzaba y vestía lo que cazaba. Su instrumento y arma más útil: las boleadoras, invento de los indios que había llegado a la “civilización” blanca. Consistía en tres piedras o bolas envueltas en cuero de vaca y unidas por una firme cuerda que al revolearlas en el aire y arrojadas con fuerza eran capaces de hacer enredar y caer a un ñandú gigante, un caballo o bien un hombre en las prisas para huir. Como quien dice, eran el arma del pobre.

Pero si bien Fierro gozaba de una “supuesta” ignorancia, su autor no. Elige, como Calderón, el verso para contar la epopeya de su héroe, pues otra virtud del paisano campero era el canto, y la guitarra descansaba siempre en el anca del caballo. Un buen gaucho que se preciara de serlo era payador. Las payasdas eran duelos que tenían estos rudos hombres con su guitarra y su imaginación frondosa. Se proponía un tema y en versos octosílabos, acompañados por la vigüela (guitarra), definían un tema y a su vez preguntaban a su contricante. Podían durar muchas horas las payadas, cuando no días. Vencía cuando uno de los dos no tenía respuestas, siempre improvisadas o bien admitía la superioridad del otro payador. Así Fierro comienza su historia con un:

Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela.
que el hombre que lo desvela
una pena estraordinaria(1),
como el ave solitaria
con el cantar se consuela.

Y al final del primer capítulo:

Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.

Los versos continúan y poco a poco Fierro va contando su penosa historia. Había sido un gaucho de trabajo, pero un día, uno de tantos, estaba en la pulpería (taberna), cuando vienen los milicos (militares) y se lo llevan para cuidar la frontera. Llámese entonces frontera a la línea divisoria entre la civilización y la barbarie, según el escritor y luego presidente Sarmiento. Civilización eran los blancos, descendientes de europeos, y la barbarie eran los indios, los que provocaban el malón (ataque a los poblados) para hacerse de comestibles, caballos y armas. Los milicos se lo llevan, casi adelantando el método del secuestro que 100 años después tomarían como instrumento de trabajo en la época de la dictadura argentina, y lo meten en un fuerte, lleno de gauchos desgraciados como él, para cuidar a la “civilización” de la “barbarie”. Los gauchos también eran despreciados por Sarmiento y por la clase del poder, pero sin embargo cumplirían con el rol de cuidar los límites de un país que nacía y que se preparaba para el exterminio de las culturas aborígenes desde la región pampeana hacia el sur de la Patagonia, en lo que se denominó “la Campaña del Desierto”, llevada por el genocida General Roca, luego dos veces presidente. Hernández puso a Fierro en esa historia. Está allí algunos años sin cobrar un solo centavo, viviendo con harapos y sufriendo las inclemencias del tiempo, aparte del hambre y trato cruel, lo que no le provocó no pocas estaqueadas; hasta que decide escaparse y transformarse en desertor, pero para eso debía buscar un lugar que no fuera hallado por los militares y elige las tolderías de los propios indios que estaba combatiendo. En el camino se encuentra con un grupo de milicos que quieren dar a por él, pero es Cruz, otro militar, pero de los que tienen el honor verdadero quien se pone de su lado y combaten juntos a los uniformados. Fierro y Cruz, tal cual Quijote y Sancho, salen hacia las tolderías y son recibidos con suma desconfianza. Aún están frescos los recuerdos de los “huincas” (blancos) que mutilaron a sus pueblos, violaron a sus mujeres y degollaron a sus niños. Fierro comprende que la realidad de los indios es diferente a la oída en los poblados. Que los asesinos son un pueblo que se defiende. Tal vez fue una posición revolucionaria a mediados del siglo XIX, pero muchos entendieron que la posición del autor fue responder a Sarmiento sobre su posición de los indios y los gauchos, a quienes despreciaba enormemente, como lo demostró su primer censo nacional de 1869 que encontró a la población argentina con poco más de 2 millones de habitantes, aparte de los indios y gauchos que vagan por “nuestras” tierras. Pues los gauchos ni siquiera eran censables para la Argentina grande que se venía. Así Fierro abandona su familia, sus hijos y todo lo conocido para vivir en las tolderías durante muchos años casi como animales. Sucede que los indios capturan a una mujer blanca y la tratan como esclava y es tal el horror vivido por la mujer en presencia de los “huincas” desertores que deciden liberar a la mujer a costa de saber que ellos mismos debían huir de las tolderías. Los años habían pasado y esperaban que se hayan olvidado de sus viejas cuentas. No obstante un grupo de milicos los intercepta e intentan atraparlos. Cruz muere y le confiesaque un hijo lo espera en algún lugar de la pampa brava, que lo busque y lo cuide como si fuera su propio hijo. Fierro entierra al camarada y va a su tapera en busca de su familia, pero se encuentra con la decepción de que ya casi nada queda de ella: una pared vencida, un techo casi desaparecido y la total ausencia de su “china” (mujer) y los “gurises” (chicos). Entonces, inmerso en el canto del dolor va a la vida a buscar infructuosamente a su familia.

Pero Fierro no es el único altercado que tiene con la justicia. Una vez, en la pulpería, ya “mamúa” (borracho) como dice él cuando ingresa una mujer negra con su joven hijo. Fierro, pasado de copas, acelerado por la música y el alcohol tiene una revuelta con el chico negro que defendía a su madre de su crueles palabras: “Va… ca… yendo gente al baile”, por lo que la negra entrada en kilos le responde “más vaca será tu madre”. Su hijo sale a defenderla y a Fierro, como él dice, no le quedó más remedio que entrarle con su facón (puñal) en las entrañas. Este asesinato, casi sin darse cuenta, lo transforma en prófugo de la justicia una vez más y huye de los milicos y del juez, que según él le tenía manía desde la última votación.

El éxito editorial que tiene “El gaucho Martín Fierro” (1872) hace que Hernández se piense la posibilidad de una segunda parte, la que se llamará “El regreso del gaucho Martín Fierro” (1879), precisamente en plena lucha contra los pueblos indígenas. Hoy ambos títulos unidos en un solo tomo. Es un poco más extenso y contiene ya no sólo la descripción de la vida miserable de los gauchos, sino en un tono más filosófico, contado por el Viejo Vizcacha, que no es otro el que estaba criando a uno de los hijos de Fierro, tal Lazarillo de Tormes. El viejo es mañero, vividor, pobre y buscavidas, pero contiene la riqueza de la experiencia que en hermosos versos le enseña al hijo de Fierro a ser un hombre de provecho. En realidad no quiso ser el tutor del chico, pero se dice que no corrió a tiempo cuando el juez lo miró y ahí está el anciano, tan miserable como el chico, dándole una educación. Esta parte es conocida como “Las enseñanzas del Viejo Vizcacha”. Una de las tantas es:

“El primer cuidao(2) del hombre
es defender el pellejo.
Lleváte de mi consejo,
fijáte bien en lo que hablo:
el diablo sabe por diablo,
pero más sabe por viejo.”

La historia termina con el encuentro de los hijos de Fierro y de Cruz, ya hechos hombres, y luego de gozar unos días juntos, donde se cuentan las duras penurias del gaucho, deciden que cada uno debe seguir su destino. Eligen cada uno un punto cardinal y hacia allá salen en busca de la vida.

Martín Fierro, inmerso en las luchas sociales que comenzaban en el nuevo país, es testigo no sólo de las injusticias cometidas contra sus pares los gauchos, sino contra civilizaciones americanas a punto de desaparecer en ese mismo momento. José Hernández, en pleno apogeo del romanticismo latinoamericano, dejó a la posteridad este magnífico libro, el más representativo de los argentinos.

La importancia de este texto en Argentina es tal que se han escrito innumerables libros sobre Martín Fierro y se ha cantado miles de canciones. Destaco “Los hijos de Fierro”, del escritor desaparecido por la dictadura Rodolfo Walsh, o Atahaulpa Yupanqui, que fue quizás el que cantó en nuestros tiempos de mejor manera la vida del gaucho. Tal la importancia del personaje, que los premios de cine y televisión nacional se llaman los premios Marín Fierro, nuestra vesión subdesarrolada de los oscars norteamericanos y no tan marquetineros.

Y dijo Fierro en su final: 

Mas naides(3) se crea ofendido
pues a ninguno incomodo,
y si canto de este modo,
por encontrarlo oportuno,
no es para mal de ninguno
sino para bien de todos.

(1).- Con “s” en el original, pues el que canta es un gaucho pobre y bruto. Los textos son con el léxico del campo y del hombre de trabajo sin preparación académica
(2).- Ídem ut supra punto 1.
(3).- Ídem ut supra punto 1 y 2.

 

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6 Comentarios en “Martín Fierro, el Quijote argentino.”

  1. logopita Says:

    Buenísimo el artículo, Universoss. No te dejas nada, lo das todo escribiéndolo y describiéndolo. Enhorabuena. Dan ganas de leerse el libro.
    Por cierto, ese tipo de competiciones rimadas es recurrente en muchos sitios. La de fórmulas memotécnicas que hay ahí puestas en juego, y la tradición, y…


  2. Zen Says:

    Universoss eso es volver con fuerza. Gran artículo y muy completo.


  3. Christian Says:

    Walsh, “desaparecido de la dictadura”, fue un guerrillero que murió en su ley, en la violencia.


  4. universoss Says:

    Estimado Christian…
    Decir que Rodolfo Walsh fue un guerrillero que murió en su ley, lo tolero de la misma manera que lo haría con el fusilamiento de Lorca en tiempos de Franco.
    Walsh, no sólo fue el creador de obras memorables como “Operaqción Masacre”, “Un kilo de oro”, “Quién mató a Rosendo?”, etc. Admitido en la galería de los grandes autores latinoamericanos. Walsh murió como tantos otros argentinos, 30.000 para serte exacto, en campos de concentración. Lo mjismo que lo hizo otro gran escritor Hértor Oesterheld, que días antes de acabar sus días en una mesa de tortura, le hicieron ver las fotografías de sus hijas fusiladas en otro centro de torturas.
    Permitime recomendarte el libro “Nunca Más”, que cuenta la historia de esos 30.000 guerrilleros, algunos guerrilleros de menos de 14 años, otros guerrilleros de meses de vida, inclusive guerrilleros que murieron en los vientres de su madre. Ese informe, el de la CONADEP (Comisión Nacional de Desaparición de Personas) fue presidida por otro guerrillero: Ernesto Sábato, e incluye la historia de Roldolfo Walsh.

    La ignorancia es la madre de todos los crímenes. Un crimen es, ante todo, una falta de raciocinio”, Honoré de Balzac, otro guerrillero de la palabra.

    Por último, espero que hayas notado que lo de “estimado” al comienzo era irónico.


  5. gurini carlos Says:

    Lamento haber visto este artículo tan tarde.
    Si alguien lo usó (y me consta que así ha sido, soy docente y he escuchado algunas de las barbaridades que dice el artículo en boca de los alumnos o en los TP que hacen) se ha formado una idea eauivocada de este gran libro.
    Muchachos!!!!! Revisen lo que escriben!!!! Hay errores graves en el argumento de la obra. Hay alteraciones temporales en los hechos. Se afirman situaciones que no existen…
    Son un peligro!!!!


  6. Javi_LR Says:

    Carlos, lo que procedería es que señalaras esos, a tu juicio, fallos para que pueda ser el tuyo un comentario útil, ¿no crees?

    Un saludo


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