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6 Comments »Ariodante
CEZANNE. Lo que vi y lo que me dijo. Joachim Gasquet

Esta obra, una pequeña joya, editada por Gadir bolsillo y traducida por Carlos Manzano, es un retrato biográfico intimista y poético de la atormentada vida del pintor Paul Cezanne (Aix-en Provence, 1839-1906), al que todo el mundo valora por su pintura y el papel que jugó en el desarrollo de las vanguardias, pero pocos conocen sus sufrimientos y el esfuerzo que le supuso su trabajo; es más conocido el sufrimiento de Van Gogh, que, además de sus problemas mentales añadía la miseria económica al desarrollo de su vida y su trabajo pictórico. Cezanne, afortunadamente, no sufrió apenas penurias económicas, y se pudo permitir dedicarse a la pintura sin pasar hambre, y despreciar otros lujos que podría haberse permitido pero que ignoró, ya que valoraba muy por debajo de su verdadero lujo: pintar.
Joachim Gasquet (Aix-en-Provence, 1873-1921) novelista y poeta, conoció al pintor en 1896, con veintitrés años, y una desmedida admiración por su obra. Cezanne, al contrario, con cincuenta y siete años y muy avejentado, recibió la amistad y admiración de Gasquet como un soplo de aire fresco, como un rejuvenecimiento, que es lo que suele ocurrir con el trato amistoso entre jóvenes y mayores.

Lógicamente, la mayor parte del relato sobre su vida lo escribe el autor a partir de referencias de terceras personas o de lo que el propio Cezanne le comentó personalmente. La escritura de Gasquet es altamente poética, y se concentra en la parte artística de la vida del pintor de Aix. No busquemos, pues, detalles de otra índole en esta biografía, pues apenas se nos ofrecen. Sin embargo, lo que sí encontramos es un contacto personal, una emotividad que no puede darnos nadie que no haya convivido con la persona biografiada. Y aunque Gasquet, por las condiciones especiales de Cezanne, no pudo convivir demasiado tiempo con él, sí lo suficiente como para comprenderle y admirarle, para ser un fiel amigo y un amante de su obra pictórica.
El libro está dividido en dos secciones: la primera, propiamente biográfica, y la segunda, fruto de sus conversaciones y relación epistolar con el pintor, escrita en modo dramatizado o tipo guión. Finalmente hay una brevísima Nota biográfica con los datos imprescindibles.
Gasquet nos habla, sobre todo, del Cezanne-pintor, en la medida en que el Cezanne-hombre está vampirizado por el pintor. Casi no hay una vida aparte de su pintura. De hecho, Cezanne, en varias ocasiones le insiste en que quiere “morir pintando”. Sí que tuvo una vida donde hizo algunas otras cosas aparte de pintar, pero apenas sabemos de ello en esta biografía. Nos da a entender que estaba muy unido a su madre, de la que heredó su carácter apasionado. Sabemos que su padre trató de que estudiara Derecho y siguiera en el negocio familiar, un banco, pero que fue vencido por la tozudez del hijo que no soportaba hacer otra cosa que o fuera pintar. Que finalmente fue a París con una escasísima pensión paterna, que no consiguió aprobar el examen para entrar en Bellas Artes, que humillado, regresó a su casa y trató de trabajar en el banco; pero que no soportó esta situación y desesperado, volvió a Paris. Que trató a otros pintores impresionistas, que se pasó las horas muertas en el Louvre ante los Rubens y los Delacroix; sabemos que se casó con la modelo Marie Hortense Fiquet, con la que tuvo un hijo, Paul, y que vivieron muchas temporadas separados por la movilidad del pintor, que se pasaba la vida alternando París con la Provenza, e incluso, dentro de ella, en localidades distintas, y en compañías diversas. Pero no sabemos nada de sus relaciones con ella y su hijo. Podemos imaginarnos que ella no ocupaba un lugar importante en su vida, que probablemente se sentiría celosa de la Pintura, que era la verdadera amante de Cezanne. También se sentiría celosa cuando su marido se iba a temporadas con otros pintores a trabajar al aire libre, en el campo, durmiendo en granjas o en establos o en improvisadas chozas. Parece que hubo una cierta e inevitable rivalidad entre ella y su suegra, que pensaría en la pareja como un mal casamiento.
Sabemos de su relación con el escritor Zola, que fue compañero suyo de colegio, y con el que le unió una gran amistad durante años, enfriada al publicar Zola su novela La obra, donde Cezanne se vio representado en un pintor fracasado. Nos habla de su admiración por Monet, al que consideraba como el mayor pintor vivo (de los históricos a quien más admiraba era a Rubens), de su amistad con Pisarro, que le hizo aclarar los tonos de su pintura, con Renoir, con quien compartió temporadas pintando…
Pero, sobre todo, sabemos que el pintor de Aix era un solitario, que aceptaba la compañía de otros sólo en breves ocasiones, que no deseaba fama, no deseaba honores, lo único que deseaba era pintar. Incluso una vez acabado un cuadro, se olvidaba de él, lo dejaba en un rincón y ya empezaba a pensar en el siguiente. Era el acto de pintar lo que le apasionaba con una violencia tremenda. Era su búsqueda pictórica, la manera con la que él quería aproximarse a la naturaleza, que era su fuente y su destino, lo que realmente le apasionaba. “Se entregaba entero, se daba con toda su fuerza en cada una de sus pinceladas. Había que haberlo visto pintar, en una tensión dolorosa, una plegaria de todo el rostro, para imaginar el alma que ponía en su labor”, nos cuenta Gasquet.
Y sin embargo, veía, desilusionado, cómo su arte dejaba atónitos y sorprendidos incluso a sus más íntimos. Y que el público se burlaba de sus obras, o se enfurecía. En las primeras exposiciones colectivas en el Salón de los Rechazados (Salon des Refusées) cuando empezaban a tolerar a los impresionistas, a él le consideraban raro, sus obras como inacabadas o confusas. Y esto duele. Le dolía mucho, y le hacía retraerse del contacto de la gente, desear la soledad, donde únicamente era feliz. Sólo cuando se reunía, en breves ocasiones, con pintores más jóvenes, se sentía animado, pues “los ojos jóvenes no mienten” como le comentaba a Gasquet.
Hasta 1895, con cincuenta y seis años, no tuvo lugar su primera exposición individual, organizada por el marchand Vollard. En esa época ya se le empieza a aceptar, sobre todo por las generaciones más jóvenes, y su obra empieza a venderse bien y a reportarle beneficios económicos y fama. Y justamente entonces el pintor se refugia en su Provenza y se va aislando más y más de todos. No quiere que le distraigan, que le aparten de su naturaleza: “sus únicos amigos de verdad eran los árboles”, nos dice Gasquet. Los últimos seis años de su vida, de 1900 a 1906 los pasó en Aix. Su madre había muerto tres años antes, habían vendido la casa familiar, y él se concentró en su trabajo, soportando una diabetes agravada con los años, la soledad -ya que las relaciones con su mujer nunca fueron satisfactorias-, leyendo a Baudelaire, y pintando una y otra vez su montaña de Sainte Victoire.




Entrada
del
Tuesday, December 29th, 2009 at 11:38 am en


Ahi va un botón de muestra, una de las citas de los mono-diálogos de Cezanne recogidos por Gasquet que no puse en la reseña pero que es una pequeña perlita:
“La voluntad del artista debe ser de silencio. Debe hacer callar en él todas las voces de los prejuicios, olvidar, olvidar, hacer el silencio, ser su eco perfecto. Entonces se inscribirá todo el paisaje en su capa sensible. Para fijarlo en la tela, para exteriorizarlo, intervendrá a continuación el oficio, pero el oficio respetuoso que está también listo sólo para obedecer, para traducir inconscientemente, de tan bien como se sabe su lengua, el texto que descifra, los dos textos paralelos, la naturaleza vista, la naturaleza sentida, la que está ahí… (Mostraba la llanura verde y azul) y la que está aquí (se daba una palmada en la frente). (…) El paisaje se refleja, se humaniza, se piensa en mí. Yo lo objetivo, lo proyecto, lo fijo en mi tela…”
December 29th, 2009 at 2:29 pmSí que lo son, Ariodante. Son una pasada. Merecen la pena. Como siempre, mil gracias por tu esfuerzo y por tus ganas de compartir.
December 29th, 2009 at 5:17 pmMás perlas, por si a alguien le da por abrir el ordenata:
“En ese momento, mi cuadro y yo ya somos uno. Somos un caos irisado. Vengo ante este motivo y me pierdo en él. Sueño, vagabundeo. El sol me penetra, sordo, como un amigo lejano, que reanima mi pereza, la fecunda. Germinamos.”
“En el fondo, cuando pinto, no pienso en nada. Veo colores. Sufro, gozo transportándolos a mi tela tal como los veo.”
“Estoy charlando mucho hoy y sin embargo, las charlas sobre arte son casi inútiles. Un cuadro se ve al instante o no se ve nunca. Las explicaciones no sirven para nada. Mire una cosa: el literato como usted se expresa con abstracciones, mientras que el pintor concreta, mediante el dibujo y el color, sus sensaciones, sus percepciones.”
¡Qué hombre!¡Lo que daría por haberle conocido!
January 3rd, 2010 at 8:53 pmNo llego a imaginarme cuánto has tenido que disfrutar leyendo esta obra. Literatura y Pintura juntas, de forma apasionada, quién te vería…
January 7th, 2010 at 12:58 pmFelicidades.
¿Disfrutar? jajajaja¡Más que comiendo chocolate, que ya es decir! Gracias, Zen. Me alegra leerte.
January 7th, 2010 at 3:13 pm[...] de Libros CEZANNE. Lo que vi y lo que me dijo. JOACHIM GASQUET Reseña por ARIODANTE Publicada en: http://www.la2revelacion.com/?p=1008 ´ Esta obra, una pequeña joya, editada por Gadir bolsillo y traducida por Carlos Manzano, es [...]
June 27th, 2010 at 10:22 pm