LORCA, CALOR
17 Jul 2007, por angelcaído :: Literatura, autores, :: Poesía 3 Comentarios | 2,134 visitas
Lorca , el poeta; no el Lorca prosista, no el conferenciante, no el Lorca dramaturgo, carretas y representaciones en el camino. Lorca , el poeta al que cantaron los poetas. Pablo Neruda: “Federico, ¿te acuerdas?”. Pero Federico ya no recordaba nada, ya no estaba: dejó, eso sí, a su paso, un laberinto de colores ante el lector.
Señorito andaluz de Fuente Vaqueros, Granada. Lorca, nacido casi con el siglo, con el desastre, en 1898. Bien criado, bien comido, a Madrid a estudiar, y no a un piso de estudiantes, no a las praderas del Parque del Oeste a hacer botellón, sino a la Residencia de Estudiantes: además de Lorca, todo el 27, Juan Ramón Jiménez de prócer, Dalí pintando las primeras décadas del siglo y Buñuel afilando la navaja con la que abriría ojos como sandías delante de la cámara.
Lorca, el poeta, que en 1921 ya andaba escribiendo malagueñas:
La muerte
entra y sale
de la taberna.
Pasan caballos negros
y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.
Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.
Muerte, tabernas, guitarras y olor a hembras, las que no le gustaban, porque él prefería el torso de bronce y sombra del macho. Pero cómo entendió a todos, a él y a ella, cómo corría el viento enardecido y erecto tras la chica en el Primer Romancero Gitano —primero, no sabemos si porque nadie había hecho uno antes o porque pretendía hacer un segundo—. Cómo enlazó con los mitos antiguos donde la luna, lejos de ser el efluvio romántico y lánguido de Bécquer, es una diosa asesina e insensible que viene por la noche a matar niños:
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
…
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Asonancia, octosílabo, romances… qué bien se movió el señorito andaluz en ese registro. Qué cosas tan nuevas hizo con herramientas tan sencillas. Qué genialidad. Hay poetas que se quedan en eso toda la vida, y encima sin imágenes, sin brillo… sin calor. El calor del Lorca poeta, que imagino que era el mismo que lo abrasaba por dentro, candela alimentada precisamente por los torsos soñados, por la carne aceituna. Pero Lorca, el poeta, no se quedó anclado en la asonancia y el octosílabo —hay poetas que se estancan ahí—. Federico subió al tren de los veinte, subió a las vanguardias, y ese tren lo llevó a Nueva York, qué milagro poético, el de cruzar el Atlántico en tren, y se trajo de allí Poeta en Nueva York, con unas imágenes surrealistas que resquebrajaban las cabezas de los lectores y les permitían ver más allá. Cómo sonó el son, El son de negros en Cuba:
Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
…
Y con el rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
Mar de papel y plata de monedas
Iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Y todavía tendría que alargarse el poeta, ya en 1936, cuando la Guardia Civil caminera casi lo llevaba codo con codo, como él dijera de Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborio, que con una vara de mimbre iba a Sevilla a ver los toros. Aún tendría que alargarse Lorca, digo, aún tendría que resplandecer una última vez el calor interno, dejándonos el Diván del Tamarit, acaso para que décadas después Carlos Cano apurara igualmente su propia vida cantando esas mismas letras. Qué casualidad poética, qué seguro azar el de las palabras y las imágenes:
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Lorca, calor. Calor de Lorca. Calor de poeta caliente y preclaro. Niño mimado, hombre encerrado, granadino de Nueva York. Hoy sólo quería hablar sobre el Lorca poeta. Al que fusilaron.














17 July 2007 a las 10:39 pm
Me encanta este artículo, angelcaído. No me canso de leerlo. ¿El otro que teníais de Lorca? Espero que lo subáis pronto.
¡Se echan de menos tantos!
19 July 2007 a las 11:01 pm
Lucía215 lleva razón en sus palabras. Este artículo de Lorca prende hondo en los adentros, porque se agarra con fuerza al corazón y hasta quema en el sentir. ¡Pobre Lorca, grande Lorca; casi, casi infinito Lorca; Federico García, poeta de Granada y a la sazón universal, con mayúsculas!
Enhorabuena al autor por este cúmulo bien ordenado de palabras y sentimiento.
26 June 2012 a las 3:22 pm
[...] Lorca, calor. Calor de Lorca. Calor de poeta caliente y preclaro. Niño mimado, hombre encerrado, granadino de Nueva York. Hoy sólo querÃa hablar sobre el Lorca poeta. Al que fusilaron. Original en LaRevelacion.com [...]