BARAJA DEL REY DON PEDRO. El teatro de Agustín García Calvo.

BARAJA DEL REY DON PEDRO. El teatro de Agustín García Calvo.O mejor dicho, de ¿Agustín García Calvo?, tal y como suele aparecer en sus libros con la intención de poner entre interrogaciones la labor, supuestamente creadora y preponderante, del autor.

Quizá, para empezar por el uso común con el que se empiezan esta clase de reseñas, habríamos de empezar diciendo que la obra que nos ocupa, la Baraja del Rey Don Pedro, ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática de 1999. Cosa que se suma a sus otros premios Nacionales –el de ensayo (por Hablando de lo que habla) y de traducción (por su Ilíada)-, y en fin, que aunque den ganas de que, cada vez que se habla del personaje –de la máscara- se le quiera presentar entero, sobre todo y ante todo debido a que con menos gracia que malevolencia, la crítica ha ninguneado con severidad su obra, principalmente por los virulentos ataques de García Calvo a la propia crítica literaria, demos por zanjado el tema del autor. Quien quiera investigar sobre el rico mundo de AGC (entre lógicas, poesías, física, lingüística, política y traducciones) bien puede investigar.

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DIOS, una comedia de Woody Allen

DIOS, una comedia de Woody AllenToda la producción cinematográfica y literaria de Allen está profundamente marcada por sus particulares obsesiones. Dios, la religión, la muerte y el sexo son algunos de los lugares comunes que, una vez más, se revisan en esta obra.

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EDIPO REY. Sófocles.

¿Qué hace a la Tragedia ser eso: tragedia y no sólo drama? En estas páginas se ha hablado bastante de ello gracias a las ’Bacantes’ o a ‘Antígona’. Creo que la figura de Edipo ilustra bastante bien esta diferencia y completa los tres vehículos por los que se conduce la acción: para la primera, la acción de los dioses; para la segunda, el efecto de las leyes; para esta última, el camino inexorable del destino, lleno de ironía trágica.

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PENTESILEA, Von Kleist.

Habría que imaginarse a una persona como Goethe, o cualquier otro de similar índole, ante la lectura de esta obra. El autor de Fausto era un tipo eminentemente sentencioso, cuyas búsquedas intelectuales servían para reafirmar sus planteamientos. Yo me busco mis principios y a partir de ahí vivo y pienso, y estos serán el baremo con lo que juzgue lo que me rodea. Alguien, creo que Zweig, le bautizó como fuerza centrípeta. En oposición, Hölderlin, Nietzsche o el caso que nos ocupa, Kleist, personas centrífugas, gente que vive en el limes, si no, más allá, que con sus avances se aleja indefectiblemente del medio. Pues bien, Goethe se tuvo que remover incómodo en su sillón al leer este escrito. Demasiadas inquietudes provocaba esta Pentesilea.

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EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: William Shakespeare.

El sueño de una noche de Verano, William Shakespeare¿William Shakespeare? Teorías para todos los gustos: que sí murió el mismo día que Cervantes, el 23 de abril de 1616 —aunque según parece diez días separaran las dos defunciones—, que si Shakespeare era un pseudónimo de Francis Bacon, verdadero autor de sus obras, que si tras ese nombre se escondía realmente una compañía entera de teatro, que escribía de forma colectiva los trabajos… De cualquier modo, sus obras de teatro se siguen representando, han llegado a ser parte del imaginario colectivo: Hamlet, Macbeth, El Mercader de Venecia, Otelo… y la que hoy nos ocupa: El sueño de una noche de verano. Shakespeare —fuera quien fuera— sabía cómo perfilar los caracteres de sus personajes, que de personajes pasan a ser, directamente, personas. Están teñidos de un deje de realidad que los hace tan actuales que en ellos reconocemos siempre a alguien conocido. Vamos, que esas historias de pasiones exacerbadas bien podrían haber ocurrido ayer mismo, en la calle de al lado. Que se alce el telón pues, que callen las gradas, que suene la orquesta, que se silencien los móviles, que comienza la función.

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BAJARSE AL MORO, José Luis Alonso de Santos.

No soy un asiduo lector de obras de Teatro porque lo cierto es que las obras de Teatro me gusta verlas en butaca frente a escenario, pero “Bajarse al moro” ha sido una excepción, una gran sorpresa y una lectura que recomiendo desde ya.
La obra de 1985 fue llevada al cine en 1989 de la mano de Fernando Colomo y, quizá, quienes no leyesen la obra hayan visto la película. Yo ni lo uno ni lo otro, hasta hace unos días…, y qué buen momento he pasado. Ahora sólo espero una cosa, poder verla en los escenarios como manda una obra de Teatro, aunque he de decir que la visualización de las escenas es perfecta para dar cumplimiento a su fin.

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HAMLET, de Shakespeare; todo un poeta.

Hamlet, el príncipe danés, un Edipito con tendencias suicidas que le dan valentía y arrojo en vida, pero que ante la muerte se descubre un cobarde; un personaje que en lo único que destaca es en la ironía gruesa y en sus pusilánimes dudas. Los críticos siempre han querido buscar tres pies al gato, y allí donde ven a Calderón feminista, ven a Hamlet profundo y parecido a Segismundo. A mi juicio, este es un craso error, hijo de los excesos del subjetivismo, que cree ver cosas donde no las hay. La riqueza de Shakespeare es otra. Es la creación poética de comportamientos y caracteres independientes al propio autor: un lirismo inventado y ajeno, el cual no puedo sino aplaudir y alabar.

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La Vida es Sueño; unos versos para Segismundo.

Permitidme la licencia
de hacer este comentario,
algo o poco literario,
en versos y sin decencia.
Imploro también clemencia,
por si sucede que al leer
yerros, que he de cometer,
aparecen, siendo exceso
y reina la décima en eso
del arte menor que he de hacer.

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